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La dificultad en los videojuegos es algo de lo que se podría crear un gran debate a día de hoy. En el pasado no teníamos en muchos casos puntos de guardado, cuando se terminaban las vidas podía ser que no pudieras acabar el juego, e incluso existían juegos famosos por ser imposibles.

 

En la actualidad, Nintendo ha optado por agregar cada vez más ayudas en sus videojuegos para hacerlos más accesibles a la población en general, muchas veces, inevitablemente,  rebajando el nivel de dificultad general del videojuego hasta dejarlo por los suelos, o añadiendo elementos para verdaderos principiantes. Ejemplos de esto podrían ser el Mapache Blanco de New Super Mario Bros. 2 de 3DS, o el tamaño gigantesco, por ejemplo, de las rupias de The Legend of Zelda: Skyward Sword, con el fin de que no nos las dejemos por el camino…

 

Alex Hutchinson, director creativo de Assassin’s Creed III, cree que los llamados “Modo Fácil” arruinan el sentido final de un videojuego, ya que lo convierten en la peor versión del título, dando un ejemplo en el que estos sistemas se convierten en contradictorios:

 

“Muchos juegos han sido arruinados por los ‘modo fácil’. Si tienes un shooter en el que has de cubrirte, le activas el modo fácil y ya no tienes necesidad de cubrirte, te has cargado tu juego… Has hecho un juego que es esencialmente la peor versión posible de tu juego.

Es como si yo cojo un libro y este me dice: ‘¿Quieres la versión fácil o la versión complicada?’ [Los diseñadores de juegos] pueden simplificar el lenguaje, ya sabes;  podemos hacerlo en dos sílabas.”

 

Lo primero que debemos recordad es que los videojuegos existen para ser un reto para el jugador. Nosotros creemos que estos modos siempre han existido y deben existir; es mejor que te den a elegir la dificultad a una más acorde con el nivel del jugador (que luego podrá subir o bajar si no la ve satisfactoria) a que te lleven de la mano sorteando todos los peligros de un videojuego sin sufrir daño alguno, o a situaciones imposibles en las que te puedes ver obligado a renunciar. Ni tanto, ni tampoco.

 

¡Ale! ¡Puedes volar y encima vas dopado con una estrella todo el rato! ¿Quién sería el genio al que se le ocurriría?

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