Crónica y vídeo – Madrid Gaming Experience 2016. Un escaparate de la cultura del videojuego

El pasado fin de semana y puente de Todos los Santos, se celebró en Madrid la primera edición de Madrid Gaming Experience, un nuevo formato de feria que intenta paliar los efectos de la mudanza que AEVI (Asociación Española del Videojuego) ha realizado al trasladar a Barcelona su principal evento anual. Madrid Games Week se ha convertido en Barcelona Games World, y en su rebufo ha nacido Madrid Gaming Experience, que recibió entre el viernes 28 de octubre y el martes 1 de noviembre a más de 124.000 personas en los pabellones 10 y 12 de IFEMA.

 

 

La falta de novedades obliga a cambiar de estrategia

 

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Es un gran detalle que la propia IFEMA no haya quiera dejar de lado al público madrileño, que lleva desde 2010 llenando sus pabellones de Madrid, cuando era conocido como Gamefest. La propia AEVI promociona el evento, aunque destina todos sus recursos a Barcelona, obligando a la Madrid Gaming Experience a definirse como un evento «centrado al consumidor» (siendo la de Barcelona «la feria de la propia industria»). También aprovechan que en estas fechas (últimos de octubre) las estanterías de GAME se empiezan a llenar de los grandes AAA de la campaña navideña, presentando la feria como un escaparate para que el consumidor pueda probar los juegos más punteros de este año.

 

Al final ambos eufemismos se quedan cortos, pues solo hubo una empresa que pareció tomarse en serio la feria: Microsoft. Juegos como Gears of War 4, Battlefield 1 o Titanfall 2, lanzados en las semanas entre las citas de Barcelona y Madrid, estaban presentes, así como próximos lanzamientos como Dead Rising 4 o Cuphead (que se va a 2017). Ni Sony, ni Nintendo, ni ninguna Third Party asistió o llevó algo destacado, y le tocó a la propia GAME y otros terceros preparar puestos con consolas, donde probar juegos como Overwatch, Mario Kart 8, Super Smash Bros. for Wii U o Play Station VR. Si la intención de IFEMA y GAME era la de presentar un verdadero escaparate para el jugador, quizás debería haber esperado a finales de noviembre, cuando títulos de la talla de Final Fantasy XV, Watch Dogs 2, Call of Duty: Infinite Warfare, Dishonored 2, NES Mini o incluso The Last Guardian estuvieran disponibles, y no tuvieran que depender de tantos colaboradores para llenar sus pabellones.

 

Es el caso, por ejemplo, de PlayStation VR. El stand para probar las recién lanzadas gafas de Realidad Virtual era bastante espectacular, e imitaba la estética del stand de Sony del año pasado, pero esta vez le tocó a GAME poner las gafas (que llevan unas semanas a la venta). Lo mismo ocurrió con los torneos de Mario Kart y Super Smash Bros. for Wii U, organizados no por Nintendo sino por nuestros compañeros de Smash Bros. Spain. Resulta muy curioso que sí estuviera Microsoft, la misma que decidió prescindir de la Madrid Games Week el año pasado, en favor de un evento propio (Xbox Fan Fest), en sus oficinas dejadas de la mano de Dios en la periferia madrileña. No se puede decir que salvara ella sola el evento: había mucho más que hacer y ver, pero la casa de Xbox aportó el glamour que recordó lo que la Madrid Games Week una vez fue.

 

 

Mucho más que Triples A

 

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Y es que, como viene siendo habitual, estos eventos son un desfile de otras formas de ocio sin necesaria relación con los videojuegos, pero muy ligadas temáticamente. Firmas de autores de cómic, proyecciones de anime, juegos de rol, conciertos, cosplay, Laser Combat, Ludo Sport (combates con sables de luz, constituido oficialmente como deporte), Pressing Catch… La oferta era verdaderamente amplia, y estos sí que enfatizaron, indirectamente, la naturaleza de escaparate de cultura de la feria.

 

 

Por supuesto, los videojuegos seguían siendo el tema central del evento. Dos enormes pantallones emitían diversas competiciones en directo de eSports, y la sección retro brilló con más fuerza que nunca, en parte por la ausencia de otros puestos de juego, y en parte porque esta vez ocupaba un lugar mucho más céntrico. Un largo pasillo lleno de mesas con consolas de todo tipo, como Game Cube con Metroid Fusion, PlayStation con Resident Evil 2, o Master System con Sonic, atraían a los visitantes y permitían a muchos de ellos probar estas consolas por primera vez… o rememorar viejos tiempos. Aunque no tan viejos como algunas de las máquinas pinball que custodiaban un lado de esta pasillo. El otro, vitrinas llenas de historia de los videojuegos, desde las consolas más recientes a auténticas rarezas, como una colección envidiable de Game & Watch. Y por supuesto, un buen montón de máquinas arcade, desde Pac-Man a Out Run, pasando por Spy Hunter o Asteroids.

 

La sección retro no es nada nuevo, pero por primera vez, pasó de ser algo marginal, situado en una esquina del recinto, y usado muchas veces como escapatoria del bullicio de los grandes stands, a ocupar el centro de uno de los pabellones. De hecho, quizás por falta de espacio, las propias recreativas se mezclaron entre los muy numerosos puestos de retro y merchandising, de una forma quizás algo caótica, pero muy natural: al final, quien busca un cartucho de SNES, es probable que quiera probar esa recreativa creada por fans que emula Super Mario World. Ambos partidos se beneficiaron de esa retroalimentación, y la experiencia de pasear por los stands de compras y retro fue mucho más amena.

 

 

Un pequeño hueco para la industria

 

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Por último, a pesar de que Barcelona era «la feria de la industria», muchos estudios independientes encontraron su espacio en Madrid Gaming Experience para presentar sus proyectos. Entre ellos, Blasting Agent, que ya analizamos aquí y jugable en su versión de 3DS. O Flat Heroes, un simple y adictivo juego de supervivencia multijugador, realizado por Parallel Circles, un estudio fundado por dos extrabajadores de Traveller’s Tales, y que nos contaron les encantaría adaptar a Nintendo Switch (ya está disponible en Steam). Solo dos muestras del talento español, que no se asusta incluso de trabajar en la Realidad Virtual, tal y como nos contaron los chicos de Virtual Bandits, presentando una demo de su juego Montrotech Operations jugable en las HTC Vive.

 

Que por cierto, si por algo se recordará esta edición frente a futuras, es por el asentamiento, parece ser definitivo, de la Realidad Virtual. Aunque las colas eran, de lejos, las más largas, la oferta para probar alguno de los dos grandes visores, el recién llegado Play Station VR, de gama media, y las HTC Vive, de gama alta, era muy numerosa. Y no solo hablamos de los dos grandes pabellones, sino de pequeños stands independientes allí y allá que presentaban sus propios proyectos, como el de las escuelas VR-EVO de Madrid o el CICE (Escuela de formación en Nuevas Tecnologías de la Información).

 

Por último, merece la pena alabar la organización de la feria. Dos pabellones se hicieron grandes (porque lo que había tampoco daba para más), pero se agradecieron los grandes espacios, que evitaban las agobiantes aglomeraciones de años anteriores. Incluso la limpieza del propio recinto pareció mejorar respecto a las descuidadas Madrid Games Week. Lo único cuestionable quizás sea el precio, 12 euros la entrada, el mismo que el de Barcelona Games World a pesar de tener una oferta menor.

 

 

Conclusión Madrid Gaming Experience

 

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Desde luego, no se puede decir que la Madrid Gaming Experience estuviese vacía. En concreto, fueron 124.598 los visitantes que recibió entre los cinco días, según la nota de prensa (en comparación, la Barcelona Games World tuvo 121.980). Fue un evento menor, con un gran foco puesto en los eSports, pero mucho más diverso que las Gamergy. Al final, la ausencia de grandes nombres permitió brillar con más fuerza las otrora actividades «secundarias». Volvemos a enumerar: charlas, talleres, cosplay, conciertos, demostraciones de espadas láser, de lucha libre, retro, pinballs, estudios independientes, escuelas de desarrollo, Realidad Virtual, Laser Combat, o los siempre presentes, siempre agradecidos Videojuegos x Alimentos. Un escaparate, sí, pero de un mundo de entretenimiento que va mucho más allá de los triples A de estas navidades.

 

 

 

 

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