Primeras impresiones – 1-2-Switch. Duelo de miradas Joy-Con en mano

1-2-Switch es un concepto difícil de definir. Es un juego de los que requieren probarlo para terminar de entenderlo. Salvando las distancias, podríamos definirlo como el hijo bastardo entre Wii Sports (el normal o Resort, eso lo dejamos a vuestro gusto) y el particular Spin the Bottle: Bumpie’s Party de Wii U. Del primero coge la idea de lucir las posibilidades de los mandos, los Joy-Con en este caso, y del segundo hereda eso de perder la vergüenza por completo con conceptos tan absurdos como divertidos.

 

 

Ordeña, dispara, siente o, simplemente, haz un poco el tonto

Estamos ante un compendio de minijuegos nacido para enseñar el potencial de los Joy-Con y divertirnos con amigos con situaciones muy sencillas. En nuestra experiencia sólo pudimos probar una pequeña cantidad, pero fue suficiente para saber por dónde va la experiencia de juego que ofrece. Más allá de la capa de videojuego, es también una experiencia sensorial. Todo funciona a base de señales auditivas, visuales y kinestésicas; todo se rige por el acción-reacción en su más pura esencia.

 

Si me llegan a decir que iría a Londres a ordeñar una vaca estaría riéndome durante horas. Ahora que he ido y he tenido que hacerlo, puedo decir que me reí más en esa situación, mientras tenía a mi contrincante clavándome la mirada y diciéndome que iba a sacar más leche que yo. 1-2-Switch va de eso, de situaciones que pueden llegar a lo ridículo, pero que pueden acabar picándote y enganchándote con un sencillo duelo de miradas. Nintendo asocia este título de Nintendo Switch con las cartas. Y para entender esta conexión es más que necesario recordar que la Gran N nació como una compañía de naipes (Hanafuda, para los más quisquillosos); por eso no es de extrañar que hayan querido volver a sus orígenes para plasmar esa sensación de tensión y complicidad que se puede establecer en una partida de póker o cualquier otro derivado.

 

 

Como decíamos, se trata de una experiencia dividida en pequeñas partes. Todos sus minijuegos son rápidos y no requieren del uso de complicadas combinaciones de botones. Sólo hace falta tener un Joy-Con en la mano y hacer alguna que otra pulsación mientras mueves el mandito, o ni siquiera eso. Por poner un ejemplo, uno de estos minijuegos consistía en un entrenamiento de kendo, con uno de los jugadores dando un espadazo vertical y ficticio tras una señal y otro tratando de detenerlo dando una palmada con las dos manos. Es una idea tan sencilla que engancha. Sin darte cuenta, acabas sintiéndote sobre un tatami, totalmente concentrado en cada pequeño gesto, mirada o movimiento de tu rival para reaccionar y detener su espada de madera; o tratando de engañarlo para asestarle el golpe. Simplísimo, pero efectivo.

 

Los Joy-Con, la gran clave

Los Joy-Con son el motivo de la existencia de 1-2-Switch. Estos mandos constituyen el eje central sobre el que giran todos y cada uno de los minijuegos que forman a este título de Nintendo Switch. Los agitas, los pulsas, los sientes y hasta, en ocasiones, te dan ganas de abrirlos para ver qué llevan dentro y por qué «suenan» así.

 

Como contábamos en nuestras primeras impresiones, la gran baza de Nintendo con su nueva consola no es su entramado de circuitería, sino el control con el que jugaremos. Hablábamos al comienzo de ordeñar vacas, y es porque realmente nos sentimos así. Por culpa de la Vibración HD y los gestos que teníamos que realizar, parecía que realmente estuviéramos apretando la ubre del animal (lo de llevar un gorro de paja también influía, la verdad). Pero, cuando realmente alucinamos con las sensaciones fue con Safe Crack o Ball Count. El primero porque parecía que estábamos notando el conglomerado de engranajes de una caja fuerte mientras tratábamos de abrirla, y el segundo porque, por un momento, estábamos planteándonos tirar el mando al suelo para contar las bolitas que tenía dentro. El Joy-Con se había convertido en una caja de madera con canicas en su interior, y nuestra misión era determinar cuántas había basándonos en sus rebotes y choques en el interior. Funcionaba de maravilla, hasta el punto de pensar que realmente teníamos esa cajita en la mano.

 

Esto de las vibraciones no es lo único porque, si bien eso de sentir que hay algo tangible moviéndose en lo que acabas de coger es una pasada, su precisión a la hora de detectar los movimientos es otra cosa que la Gran N ha conseguido de forma sublime. Copy Dance y Samurai Training nos sirvieron para comprobarlo. El último ya lo hemos descrito, y el primero es algo tan simple de explicar como decir que es un Just Dance llevado a lo absurdo. Es un duelo de baile en el que gana quien mejor imite los gestos del contrincante, y aquí cualquier postura vale, por absurda e hilarante que sea.

 

 

1-2-Switch es, en definitiva, el juego ideal para romper el hielo o quedar con un grupo de amigos. Sólo es necesario tener los dos Joy-Con y dejarse la vergüenza en un cajón para dejarse llevar por la experiencia que ofrece. Quizás por eso nos chirríe que no sea el juego que venga en un pack con la consola. Con los pocos minijuegos que hemos podido probar, ya hemos notado que funciona de forma ideal para dar a conocer las posibilidades del nuevo y revolucionario mando de Nintendo Switch; pero también es perfecto para partidas rápidas y en cualquier lugar. Sólo necesitas poder oírlo y tener un compañero, o varios, para poder disfrutar y divertirte con él mientras echas unas risas.