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Splatoon 2

Primeras impresiones – Splatoon 2. Los inklings vuelven con ganas de guerra

Dos años han pasado desde el estreno de Splatoon en Wii U. Casi veinticuatro meses en los que hemos visto a los gamberretes inklings dándolo todo a base de cañonazos de pintura en la consola del GamePad plantando el germen de una IP que, desde su estreno, dejó claro que llegaba para quedarse. La franquicia vuelve a Nintendo Switch con Splatoon 2, una secuela directa que asume la madurez de estos dos años transcurridos y la plasma directamente en su mundo y personajes. Y es que el tiempo pasa para todos, ya seas un jugador, un fontanero o un calamar humanoide al que le gusta ir a la moda.

 

 

¡Más pintura!

Como no podía ser de otra forma, Splatoon 2 fue otro de los títulos que pudimos probar a los mandos de Nintendo Switch en Londres, con una demo bastante temprana del juego. Fue una sesión bastante más corta de lo que nos hubiera gustado, jugando dos rondas en un único mapa; pero lo suficientemente intensa para dejarnos ese regustillo en la boca suficiente para no querer bajarte del asiento y seguir poniéndolo todo perdido de pintura. Además, sirvió como doble primera toma de contacto: por un lado estábamos dando nuestros pasos de bebé en este nuevo videojuego, y por otros estábamos catando el Mando Pro de la nueva consola de la Gran N, ¡y no os imagináis lo que pasó!

 

Bromas de clickbait aparte, lo primero que nos adelantaron al coger el controlador fue para respirar bien tranquilos. Cuentan con giroscopio, algo más que de agradecer si quieres una respuesta rápida en un shooter, y este funciona con una precisión realmente notable. Vamos, que en cuestión de segundos dominábamos por completo los movimientos de nuestro inkling y apuntábamos a dónde queríamos sin problema alguno. Por culpa de esto, ya estábamos empezando a olvidarnos del GamePad de Wii U que tan buenos momentos nos trajo en las escaramuzas de pintura del primer Splatoon.

 

 

Aún con eso, todo lo que pudimos ver y probar en esta secuela era similar, quizás demasiado, al primer videojuego. Para empezar, el modo en que jugamos era el Combate Territorial. Es lo más acertado para conocer la experiencia de esta franquicia, ya que ofrece algo similar a un shooter, recompensando al equipo que más terreno pinte en lugar de aquél que más bajas cause (aunque eso de reventar a tus enemigos con pintura siga siendo una delicia); pero para los que ya han experimentado antes con los inklings se queda a medias a la espera de ver alguna otra modalidad. El reparto de armas sigue dividido en sets con principal, secundaria y especial; pero en él pudimos ver nuevos fichajes. En nuestra primera ronda cogimos unas pistolas dobles que, además de contar con una retícula doble de apuntado, hacen posible que el personaje ruede hacia cualquier dirección con tan sólo pulsar el botón de salto (ahora A, en lugar de X) mientras se dispara.

 

Esto de rodar, aunque suene a algo tonto, sirve para mucho más de lo que parece. Hasta ahora, la mejor forma de huir de un ataque era convertirse en calamar (botón R) y sumergirse en pintura del mismo color para aprovechar su mayor velocidad. Esto, en situaciones en las que no tienes esa vía segura, te convertía en una víctima casi inevitable, y por eso mismo el poder hacer un pequeño desplazamiento hacia cualquier dirección se convierte en una herramienta tan útil. Puedes atacar y, para complicar las cosas a tus rivales, rodar rápidamente hacia un lateral y seguir con tu ofensiva o ponerte a cubierto, o incluso aprovechar para huir.

 

Esa, junto a las nuevas armas especiales como un jetpack de pintura con el que puedes acribillar a tus rivales desde las alturas (salvo que un francotirador te derribe) o un lanzamisiles teledirigido, supone el conglomerado de nuevas mecánicas que pudimos tantear en esta primerísima y primitiva toma de contacto con Splatoon 2. Mención aparte el nivel donde jugamos, una especie de evolución del Parque Viaducto con muchos más desniveles y una entrada a la acción más rápida. A diferencia del visto en el primer videojuego, este contiene mas recovecos, rampas, cambios de altura y hasta obstáculos a aprovechar; pero también posee una clara zona de escaramuza en la que se concentrará el grueso de la acción. Como decíamos antes, se ve como una evolución del mapeado antiguo; aunque esa sensación de evolución es la que se percibe en todo el conjunto del juego, en mayor o menor medida.

 

Los inklings también evolucionan

En los demás aspectos, lo catado en esta versión preliminar recuerda muchísimo al Splatoon original. Es una secuela, y se intuye que incluirá un Modo Historia más profundo y, en conjunto, ofrecerá mucho más contenido que el primero; pero esa es otra de las facetas que Nintendo se ha guardado para calentar la recta previa a su lanzamiento en verano. Lo de Londres ha sido una toma de contacto para conocer a estos inklings más crecidos, más duros y más competitivos; pero, aunque no lo parezca, también ha servido para echar de menos al GamePad de Wii U y su segunda pantalla. Hacer un Súper Salto hacia un compañero ahora exige colocar un mapa en mitad de la acción (botón X) y seleccionar con la cruceta o apuntando con el giroscopio, y eso antes era tan sencillo como tocar un punto en una pantalla.

 

 

Algo digno de remarcar en este Splatoon 2 es su clara orientación competitiva. Nintendo lo dejó caer de forma muy poco sútil en el tráiler de presentación de Nintendo Switch con ese estadio a reventar, pero también nos lo volvió a insinuar con una novena pantalla en la que se mostraba el transcurso general de la partida que estábamos jugando. Éramos ocho jugadores, cada uno en una consola, y había una novena pantalla enseñando todo lo que estaba sucediendo en esta guerra territorial con la que nos estábamos manchando. Está claro, un Modo Espectador es justo lo que necesita un juego de este tipo para fomentar la emisión de sus competiciones; ahora sólo queda que la Gran N eche el resto y comience a mover todo lo necesario para que los inklings se zambullan por completo en los eSports.

 

Por otra parte, y lanzándonos al plano técnico, podríamos caer en el chiste fácil y decir que Splatoon 2 huele un poco a mar. Por ahora es difícil discernir si estamos ante una auténtica secuela o una versión 1.5; pero, de nuevo, es algo imposible de aclarar con un lanzamiento a meses vista y una versión lejos de ser la definitiva. Eso sí, en la pantalla de Nintendo Switch luce espectacular como él solo. La combinación de colores, el continuo brote de pintura y la viveza de personajes y entornos sobresale en una pantalla de tamaño reducido. Sencillamente, sorprendente.

 

Breves, pero intensas sensaciones las que nos han dejado los inklings en esta primera toma de contacto. La solidez de las mecánicas de la franquicia ha vuelto a quedar patente en Splatoon 2 durante nuestras primeras partidas y ha demostrado que puede ofrecer más con estas nuevas armas, mapas y posibilidades. El verano se presenta bastante fresco con Nintendo Switch y el retorno de los gamberretes niños calamar.

 

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