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Análisis – Hey! PIKMIN. El mejor juego de DS que verás en 3DS

En septiembre de 2015, a Miyamoto le dio por decir que Pikmin 4 ya estaba casi terminado… y todos nos pusimos en alerta máxima. Lo que entonces parecía un lanzamiento inminente para Wii U sigue siendo un misterio, y las últimas declaraciones del gurú nos dejaron más o menos igual que hace dos años. Pero mientras tanto, algo inesperado pasó: Nintendo culminó el proceso de mutación de la Nintendo 3DS con el último y suponemos definitivo modelo: la New Nintendo 2DS XL ¿Y qué mejor juego para estrenar lo que viene a ser una Nintendo DS dopada… que un juego de DS dopado?

 

El estudio detrás de Hey! PIKMIN es Arzest, quienes ya hicieron Yoshi’s New Island de 3DS (que tampoco era muy allá). Nos encontramos ante el primer Pikmin en una consola portátil, pero más importante, ante un Pikmin completamente diferente, un spin-off que poco tiene que ver con la trilogía original en jugabilidad, más allá de la acción de lanzar los Pikmin, pequeñas criaturas que nos seguirán en grupo y realizarán tareas como activar mecanismos o luchar contra enemigos. Esta vez, en vez de enfrentarnos a grandes mundos a explorar en 3D, con su dosis de estrategia al tener que distribuir nuestros Pikmin de la forma más eficaz posible, el juego se desarrolla en niveles independientes en 2D. Una simplificación que se extiende a todos los aspectos del juego, y que conviene recalcar pronto: este es un juego muy sencillo, pensando antes en introducir a nuevos jugadores en la serie que para en retar a los que esperan Pikmin 4.

 

Pikmin en dos pantallas y dos dimensiones

Pero eso que hemos dicho de que Hey! PIKMIN parece un juego de DS dopado no es peyorativo (al menos, no del todo), sino descriptivo. Y es que este título nos recuerda a muchos de los juegos de la antigua portátil, sobre todo los de la primera hornada, allá por 2005, como Yoshi Touch & Go. Aquellos juegos usaban las por entonces novedosas características del sistema (táctil y doble pantalla) para ampliar las posibilidades de la jugabilidad: los juegos ya no se limitaban a una sola pantalla, sino que ahora la acción ocupaba dos en tiempo real… exigiendo un doble nivel de atención (aunque solía quedarse en una simple atracción visual, mal que también repite este Pikmin). Además, la pantalla táctil invitaba a construir mecánicas basadas en «toca aquí, traza una raya acá, dibuja un círculo allá» que, por ridículo que parezca ahora, entonces eran un mundo. Hey! PIKMIN bebe de ambas influencias: los niveles ocupan ambas pantallas, aunque la acción se desarrolla en la inferior. Controlamos a Olimar con botón deslizante o botones frontales, y lanzamos Pikmins tocando hacia donde queramos que vayan. Las otras dos únicas acciones (usar el silbato para reunir a todos los Pikmin y saltar con mochila propulsora) se realizan con discretos iconos en la pantalla táctil.

 

 

Los controles son sencillos y es fácil acostumbrarse, incluso si eres zurdo. Lo que no es tan brillante es… el qué hacer con ellos. A pesar de su desarrollo en 2D lateral, no es un juego de plataformas: aunque Olimar puede saltar, no es un pilar fundamental de acción, salvando algunos niveles de los últimos mundos (que se acaban volviendo tediosos por la lentitud de personaje). Tampoco es un «metroidvania», ya que los niveles son bastante lineales, y las bifurcaciones suelen confluir en camino principal o llevar simplemente a una sala secreta. Suponemos que es una mezcla entre ambos, pero de nula dificultad para llegar a la meta. La cosa se complica un poco si queremos encontrar los tres tesoros escondidos en cada nivel, y recoger todas las unidades de «lustronio», el combustible de la nave, ya que tocará desviarse un poco hasta zonas no tan accesibles. Además, los enemigos son bastante molestos, y habrá que estar atento de eliminarlos antes de que nos alcancen.

 

El objetivo del juego es conseguir unas 30.000 unidades de lustronio, suficiente como para reparar nuestra nave y regresar a nuestro hogar. Puede parecer una tarea titánica, pero realmente el contador sube como la espuma. Por un lado, los niveles están llenos, y tendremos que lanzar a los Pikmin para que la recojan por nosotros (su principal función en el juego, aparte de pelear con bichos grandes y construir algún que otro puente). Además, cada nivel esconde tres tesoros (objetos cotidianos como unas gafas, grapadora o incluso cartuchos de NES), que cuentan como centenares de unidades cada uno. Por otro lado, una zona llamada Parque Pikmin, donde mandamos a descansar a los Pikmin que recogemos en cada nivel, está llena de lustronio escondido, y tendremos que distribuir nuestros trabajadores a las zonas donde puedan buscar gracias a sus habilidades únicas (los azules pueden nadar, los rojos son inmunes al fuego, etc.). Es un sencillísimo minijuego de estrategia, pero que añade algo de variedad al conjunto. También encontramos niveles especiales que funcionan como puzles aislados (muchos de los cuales se desbloquean con una serie de figuras amiibo). Por cierto, las figuras NFC de Olimar (de la serie Super Smash Bros.) y Pikmin (el nuevo que acompaña al juego) sirven para invocar Pikmin extra durante los niveles.

 

 

Con tantas opciones para conseguir lustronio, es muy probable que consigas alcanzar la cifra tope antes de llegar al último nivel. No temáis, al final vais a tener que llegar al final sí o sí, y eso os puede llevar unas 8-10 horas si no vais con mucha prisa. Es un juego corto y extremadamente sencillo, pero como siempre, completar el 100% puede llevar el doble de tiempo. A los cerca de 50 niveles extra (minijuegos), tenemos que sumar un nivel oculto en cada mundo al que se accede tras una ruta secreta. Por supuesto, es probable que os saltéis alguno de los tesoros de cada nivel, así que tocará rejugar más de uno. Pero la verdadera dificultad viene al intentar completar cada nivel con todos los Pikmin sanos y salvos al final, algo que el juego sí que tiene en cuenta. Para eso hay que armarse de paciencia, cautela… y un poco se suerte, porque la IA de los Pikmin a veces es algo errática, incluyendo tendencias suicidas.

 

Pikmin pequeños pero mimados

Hey! PIKMIN es un juego que no cautiva por su jugabilidad: simple, muy lenta y sin un objetivo claro más allá de tirar para delante. No obstante… se acaba haciendo entretenido. No es ni mucho menos tan emocionante como los Pikmin grandes, pero también es otra propuesta. Son niveles cortos y se adecuan a partidas breves. Matan el rato, aunque está claro que se trata de un juego pensado para los jugadores más jóvenes, que estrenan con (New) 2DS (XL) su primera consola, perfil mayoritario de esta versión de la máquina, de sobra conocido por la propia Nintendo. Su bajísima dificultad y su ritmo de juego lento, sumando a ellos las interrupciones entre nivel y nivel, pueden no ser del agrado del «fan hardcore» de Pikmin (saga más compleja de lo que aparenta), aunque si van con la mente abierta pueden pasar un rato entretenido… y adorable.

 

 

Curiosamente, lo que termina de redondear el juego y convertirlo en un producto sólido es lo que más dudas nos abrió al principio: su presentación y sus gráficos. Es cierto que no entra por los ojos, y que su mezcla de modelos 3D con fondos estáticos recuerda a… un juego de Nintendo DS. Desde luego, los gráficos no destacan (además de que, inevitablemente, no tiene efecto 3D alguno), pero tiene un cierto tacto que los hace bonitos. En nuestro avance los comparamos con un escenografía teatral: un fondo pintado detrás de los actores y un puñado de elementos de atrezzo (montones de hojarrasca que es donde se esconden los Pikmin). Sin embargo, son fondos pintados con gusto. Sin animaciones que distraigan de los ya de por sí pequeños protagonistas, pero de trazos y colores suaves, discretos y agradables a la vista. Una pena que se repitan demasiado, algo que también ocurre con las melodías, alegres pero escasas.

 

 

 

Y si su desarrollo no te engancha, puede que su humor lo haga. No será el más divertido, pero Hey! PIKMIN es un juego sorprendente gracioso. Los Pikmin son adorables, y aunque los limitados modelados de la consola no les hagan mucha justicia, cada dos por tres pausan la acción para protagonizar un divertido sketch, al estilo de los cortos que están en la eShop. Mejor aún son las desafortunadas interpretaciones que Olimar hace de los objetos humanos que encuentra y que podemos leer en el diario del juego, algunas verdaderamente ingeniosas (una lata de sardinas es un acuario acorazado, por poner un solo ejemplo), y como siempre, brillantemente traducidas. Dos detalles completamente al margen de la jugabilidad, que ni siquiera tendrían por qué estar allí… pero están. Prueba de que Nintendo mima hasta sus productos más menores, y que incluso con sus defectos (o más bien, carencias), Hey! PIKMIN es un juego cuidado que bien merece una oportunidad si eres fan de la saga o si buscas algo diferente (aunque dificílmente al precio con el que sale a la venta).

 

Hey! PIKMIN – Olimar aprueba la escuela de verano

Hey! PIKMIN es un juego muy irregular (o más bien, regular) si se mide pensando en los juegos precedentes, pero ese no es el enfoque correcto. Con Pikmin 4 cociéndose a fuego lento, Nintendo usa este spin-off para invocar nuevos seguidores para la serie, especialmente los más jóvenes, que ni habrán tocado una Wii U o GameCube por razones obvias. Se trata pues de un juego excesivamente sencillo, tanto en mecánicas como en dificultad. Pero sin ser una producción de alto nivel (y sus gráficos lo atestiguan) sigue siendo un juego entretenido, con mucho encanto y que, por su jugabilidad táctil y su uso de la doble pantalla, recuerda a los juegos de Nintendo DS. Lo cual tiene su aquel, también.

 

Por su limitada jugabilidad y simplificado desarrollo, no es comparable al resto de la saga, por lo que se destina más hacia un público infantil con vistas a interesar a nuevos jugadores. No obstante, es bastante completo y rezuma encanto. Simplón pero entretenido.
JUGABILIDAD60
GRÁFICOS70
SONIDO65
DURACIÓN70
Nota de lectores2 Votos71
LO MEJOR
No es un juego largo, pero incluye bastante contenido y motivos para rejugarlo.
Los gráficos son simplones pero bonitos, y los Pikmin son muy cuquis.
El diario de Olimar, con información de los objetos del juego, es divertidísimo (y bien traducido, claro)
LO PEOR
La dificultad para completar el juego es prácticamente nula. Y si quieres el 100% tendrás que enfrentarte a una IA algo frustrante.
Los niveles son muy lineales y reducidos. Se pierde casi todo el componente estratégico.
El diseño de los fondos se repite demasiado, así como las melodías.
65
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