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Hace aproximadamente un lustro, el creador de Shape of the World, Stu Maxwell, decidió dar un giro a su trayectoria como programador dentro del mundillo de los videojuegos y llevar a cabo un sueño que perseguía desde hace tiempo: crear su propio videojuego. Y, cuando decimos propio, lo decimos con todas sus consecuencias. Según sus palabras, el título que nos ocupa, que financió mediante Kickstarter, “es un lugar colorido y sorprendente que he hecho para que la gente se relaje después de un día ajetreado, inspirado en todas mis caminatas y recorridos en bicicleta para aliviar el estrés a través de los viejos bosques del noroeste del Pacífico donde vivo“.

 

Shape of the World – Trailer (Nintendo Switch)

 

 

“Caminante, no hay camino…

… se hace camino al andar”. No sé si el mencionado Stu conoce estos versos que Antonio Machado incluía en su obra “Campos de Castilla“, pero resumen a la perfección la propuesta de su Shape of the World. El juego nos pone en la piel de un personaje que manejamos con perspectiva en primera persona y con el que exploramos un mundo que se va creando y cambiando a nuestro alrededor a medida que lo recorremos. No tenemos ningún objetivo más que ir avanzando a nuestro propio ritmo sin enemigos, cuentas atrás o barras de nivel de vida que nos pongan en peligro. Lo único que tenemos que hacer es disfrutar de la travesía y relajarnos.

 

¡Hala, ya sabéis cómo jugar a Shape of the World!

 

Nuestra misión es tan simple que en ella únicamente necesitamos 3 botones, además del stick derecho con el que guiamos nuestro movimiento, y su uso se nos explica al poco de comenzar nuestro trayecto. Con el gatillo izquierdo (ZL) lanzamos semillas al suelo que hacen que broten árboles o plantas y con el gatillo derecho (ZR) interactuamos con algunos elementos del escenario. Éste es el botón que más uso tiene, ya que, aunque la cantidad y variedad de acciones que podemos realizar es corta, nos sirve para lograr impulsos de velocidad al tocar y hacer desaparecer los árboles que hayamos creado o los que nacen de manera espontánea, para activar ciertos bloques de piedra que desbloquean caminos o para relacionarnos con las criaturas que nos encontramos, las cuales reaccionan a nuestra presencia de maneras distintas, como propinándonos un empujón o saliendo despedidas cual cohete. A mayores, podemos saltar pulsando B, pero no necesitaremos hacerlo más que en contadas ocasiones.

 

 

Los niveles de Shape of the World están estructurados como partes de una montaña que tenemos que escalar, desde la base a la cima y cada uno de ellos se presenta definido por el entorno que nos rodea. El recorrido nos lleva por llanuras prácticamente yermas, zonas boscosas con cuestas empinadas o por las profundidades de cuevas inundadas. Para cambiar de nivel tenemos que ir cruzando unas puertas con forma triangular cuya localización aproximada está siempre al alcance de nuestra vista gracias a unas marcas, también triangulares, que podemos buscar en el cielo. En cada zona, a la que accedemos sin ningún tipo de pantalla de carga de por medio, hay más de una de estas entradas y, aunque todas nos ayudan a progresar, algunas nos retrasan un poco obligándonos a explorar un poco más el terreno. Si conseguimos atravesar las “correctas” podemos acabar el trayecto en aproximadamente una hora ya que, como he mencionado antes, no hay ningún tipo de amenaza y los puzles que se nos plantean para descubrir caminos ocultos son de muy baja dificultad y prácticamente todos iguales.

 

 

Pero la intención del creador es que nos perdamos en su colorido mundo y para ello ha diseminado grupos de semillas en cada hábitat para así proporcionarnos un aliciente voluntario a la hora de explorar los diferentes ambientes y no recorrerlos de manera rápida y lineal. Estas semillas no suelen estar remotamente escondidas, pero si queremos reunirlas todas debemos rejugar el título (podemos hacerlo sólo en los capítulos que nos interese) y atravesar la mayor cantidad de puertas distintas. Al ir haciéndonos con ellas conseguimos “combustible” para crear flora lanzándolas al suelo y provocamos cambios de color en nuestra periferia si recogemos todas las pertenecientes a una clase en particular.

 

Algunos parajes son tan molones como éste.

 

Relaxing game en la consola híbrida

Pero, además de perdernos, el propósito de Shape of the World es que nos relajemos mientras deambulamos por sus paisajes y, para tal fin, el apartado artístico es fundamental. Gráficamente es minimalista, en ocasiones en exceso, aunque, en mi opinión, mejora a medida que avanzamos. En los primeros niveles los escenarios están algo vacíos y presentan una paleta de colores pastel bastante apagada que va dando paso, poco a poco, a vistas repletas de árboles, cascadas o relámpagos que hacen uso de tonalidades más vivas y atractivas a nuestros ojos, con instantes en los que merece la pena detenerse a admirar el panorama que tenemos frente a nosotros. Eso sí, dada la naturaleza del título (nunca mejor dicho), creo que estos momentos son demasiado puntuales y se me vienen a la cabeza juegos como RiME o Flower, del que tiene clara influencia, en los que el quedarte con la boca abierta embelesado por la belleza de los gráficos es más frecuente.

 

 

Aunque la velocidad normal a la que se desplaza nuestro viajero es más lenta de lo deseable, el movimiento es fluido, aunque un pelín tosco, ya que corre a 30 fps, y con algún tirón o glicth muy ocasional. En este aspecto, creo que la experiencia general del juego mejoraría sobremanera si la tasa de frames fuera de 60 fps ya que nuestro personaje se traslada flotando y un incremento en la soltura de los desplazamientos redundaría en una superior sensación de relax al manejarlo. Los controles responden bien, aunque echo de menos el uso de algún tipo de vibración en el mando (ya no digo que sea la HD de Nintendo Switch), pues considero que ayudaría mucho a la inmersión en el viaje por parte del jugador.

 

Shape of the World – SWITCH – Gameplay

 

Obviamente, de la mano de los gráficos va el apartado sonoro, que cumple con nota, especialmente la música, compuesta por Brent Silk, que es el apartado donde más brilla este Shape of the World. Las melodías evolucionan al mismo ritmo que el paisaje y encaja como un guante dentro de lo abstracto o psicodélico de la propuesta. No pasaremos días tarareando ninguno de los temas, pero los sintetizadores, minimalistas y con un toque futurista, proporcionan un ambiente etéreo y relajante que se vuelve, dentro de sus posibilidades, épico a medida que vamos realizando descubrimientos y acercándonos al final. A pesar de ser monótonas en su base, acompañan muy acertadamente a la acción y no llegan a molestar en ningún momento.

 

Si podéis, colocaos debajo de esta cascada y admirar como cae el ¿agua?

 

 

 

Shape of the World – Unas cortas vacaciones

En definitiva, Shape of the World más que un juego podría considerarse una experiencia, única en Nintendo Switch y que probablemente no sea apta para cualquier tipo de jugador. Carece de dificultad y prácticamente de objetivos, pues busca únicamente que nos perdamos en una simple travesía por un mundo de naturaleza surrealista que trata de sorprendernos con su comportamiento. Ese punto lo consigue gracias a un apartado artístico notable y con personalidad, pero su monotonía, a pesar de su excesivamente corta duración, y lo que tarda en resultar atractivo lastran el resultado definitivo. Aún así, las últimas fases, en particular los segundos finales, logran crear un clímax muy especial que nos proporciona una  enorme sensación de calma y bienestar, esa que hemos estado rozando durante todo nuestro viaje, al llegar a destino.

 

Este análisis ha sido posible gracias a un código de descarga cedido por Hollow Tree Games

Análisis - Shape of the World (Nintendo Switch). Ante todo, mucha calma
Shape of the World pretende ser un oasis de calma en el ecosistema jueguil de Nintendo Switch. Podrás explorar a tu ritmo un curioso mundo psicodélico sin ningún tipo de amenaza y, aunque el viaje resulta algo intrascendente y monótono, quizá te sorprendas a ti mismo volviendo de paseo de vez en cuando.
PROS
  • Consigue relajar al jugador
  • La música es maravillosamente etérea
  • Las últimas fases ganan ritmo e interés
CONTRAS
  • Demasiado corto e insustancial
  • No apto para cualquier jugador
  • Precio un poco desajustado para lo que ofrece
70%Nota Final
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