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Los alemanes nos han dado muchas cosas buenas en los últimos cientos de años. Que si salchichas, que si Rammstein, la Oktoberfest y, bueno, creo que mis jefes no van a permitirme adjuntar aquí ningún tipo de broma respecto a un tema algo peliagudo en la historia del país de Merkel. Que conste que habría sido graciosa. Lo que sí me consienten es hablaros del Road to Ballhalla, el juego de Torched Hill que llega a Nintendo Switch con un gran sentido del humor, un poquito de desesperación para nosotros y una jugabilidad adictiva y muy, muy divertida. Tío, en serio, ¿ni una coña? Agh. ¡Empecemos!

 

Road to Ballhalla trailer (Switch)

 

Concentrémonos

Já, sutil. Tras una carga demasiado lenta teniendo en cuenta la propia complejidad del título, se planta ante nosotros la primera prueba de a qué vamos a enfrentarnos. Vamos a echarle un vistazo al menú principal, para empezar. Obviando la típica opción para continuar con la partida, repasemos uno a uno los distintos apartados que podemos encontrarnos y así entenderéis de qué calaña está hecho nuestro amigo Kai, el desarrollador encargado de hacer Road to Ballhalla una cachonda realidad.

Ahora que ya estáis situados en la línea del buen humor, de la jocosidad, de las risas y la rotura de la cuarta pared, borrad esa sonrisa de la boca y vayamos a la chicha. Road to Ballhalla nos pone en la, ejem, piel, supongo, de una canica que debe recorrer distintos niveles para coleccionar puntos y desbloquear así pruebas más complejas. Estos niveles están repletos de puzles, rayos láser, muerte, destrucción y lágrimas. Y como una imagen vale más que mil palabras, contemplemos el primer nivel para entender mucho mejor en qué consiste.

 

En la imagen de la izquierda contemplamos los orbes amarillos y los blancos. Los amarillos son los puntos, y abajo a la derecha podemos ver el porcentaje de todos los que hemos cogido en cada nivel. Los blancos, a su vez, sirven de checkpoint para reaparecer ahí cada vez que muramos. Como bien dice la propia captura, vamos a visitarlos mucho. En la imagen de la derecha se nos avisa de que podemos movernos más deprisa pulsando ZR, aunque esto provoca un incremento a la hora de girar y nuestro movimiento se vuelve mucho más impreciso. Pero, ¿y esas cosas rojas en el suelo?

 

Como la curiosidad es demasiado tentadora, decidimos colocarnos encima de las losas rojas. ¡Vaya, quién iba a decirlo! Como ya podíais imaginaros, estas plataformas nos hacen daño. Nuestra vida podemos verla en la esquina inferior izquierda, y a la derecha, justo al lado de los orbes que hemos obtenido, tenemos el número de veces que hemos muerto y vuelto a empezar desde un checkpoint. Y esto es todo por aquí, amigos y amigas. Jugabilidad simple y adictiva. Pasemos al siguiente apartado.

 

Rueda, pequeña, rueda

Con unos gráficos que recuerdan a un estilo futurista, Road to Ballhalla apoya su minimalista jugabilidad con unos apartados técnicos equivalentes. Destacar queda, obviamente, que minimalista no significa cutre, por mucho que otros títulos nos la hayan intentado colar. Todos los elementos de los niveles son claramente diferenciables y la banda sonora acompaña a la misma altura. Aquí no se puede juzgar si está bien o mal, solo si encaja con el juego. Y ahí cumple de sobras su objetivo, sin dejar nunca de lado un sentido del humor muy agradecido.

 

¿Eso es todo? Hay un poco más. Mientras que los niveles principales nos exigen completarlos con un número máximo de muertes y recogiendo todos los orbes, podemos desbloquear pruebas contrarreloj en las que debemos terminar esos mismos niveles lo más rápido posible. ¿Habéis muerto poco tratando de acumular puntos naranjitas? Ya os podéis ir preparando, estas pruebas sí son un pique tras otro. Eso sí, pique sano, del que te mantiene jugando hasta que consigues pasártelo. Eso son los que gustan.

 

Además de todo esto, también desbloqueamos nuevos colores para nuestra canica, a parte de poder añadirle una estela y cambiar también el color de ésta, para que cada uno se quede con su conjunto favorito. Estos elementos estéticos los conseguimos completando niveles, no hay más misterio. Quizás no sean un gran aliciente para animarnos a completar el juego, pero los propios niveles y la jugabilidad ya os va a gustar lo suficiente como para querer seguir. Aunque ahora llegamos a la parte más negativa, y es que el juego os va a durar unas tres o cuatro horas, dependiendo sobre todo de vuestra habilidad. Un editor de niveles le sentaría como un guante, pero dudo que lleguemos a verlo nunca.

 

Road to Ballhalla – Hasta el Valhalla

Directo al grano, adictivo, divertidísimo y perfecto para la experiencia portátil de “me echo una partidita rápida y ya luego sigo estudiando”. Road to Ballhalla es uno de esos juegos que sirven para desconectar y a la vez nos obligan a concentrarnos como condenados si no queremos repetir una y otra y otra vez el mismo nivel, muriendo a cada momento. Lo único negativo destacable es la duración dado el potencial que tiene el propio juego, y recalcar que un editor de niveles le vendría muy, muy bien. Si buscáis algo distinto para jugar en ratos libres, u os soléis aburrir mucho de camino al trabajo y os acompaña vuestra maravillosa Nintendo Switch, os animo sin duda alguna a que le deis una oportunidad. Defraudar, nos os va a defraudar. Palabrita de este siervo de Iwata.

 

Este análisis ha sido realizado gracias al código cedido por tinyBuild

Road to Ballhalla nos propone puzles, muerte y diversión sin igual poniéndonos a los mandos de una canica que debe acumular puntos tratando de sobrevivir hasta el final de cada nivel.
Nota de lectores1 Vota84
PROS
Muy divertido y adictivo
El control se siente genial
Personalización de la canica
CONTRAS
Duración escasa
Precio elevado para el contenido que ofrece
Editor de niveles, por favor
80

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