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Mercury Race

Análisis – Mercury Race (Nintendo Switch). Too fast, too fast!

¡Siente lo mismo que Fernando Alonso conduciendo su McLaren!

Mercury Race
Fecha de lanzamiento
7 de febrero de 2019
Género
Arcade y conducción
Precio
7,99 €
Nuestra puntuación
51%

Llevar a cabo el desarrollo de un videojuego independiente no es fácil, es un trabajo muy laborioso. A pesar del boom que vivimos respecto a la cantidad y la calidad de los títulos de corte indie, no quiere decir que el intervalo desde el que a un desarrollador se le ocurre una idea para un videojuego hasta que publica su juego por primera vez en una plataforma de entre las disponibles en ese momento de tiempo sea un camino de rosas. Ni mucho menos pensar que la historia se ha acabado una vez el título está en el mercado. Hay muchísimo esfuerzo detrás de cada lanzamiento y el estudio cántabro tras Mercury Race, Herrero Games, es muy consciente de ello.

 

 

Mientras que las grandes compañías desarrolladoras de videojuegos tienen diferentes equipos por cada aspecto del juego, y otros cuantos más para analizar y comprender el público al que va dirigido el proyecto, un estudio independiente cuenta normalmente con una o dos personas a cargo de la mayoría de tareas requeridas para sacar un videojuego adelante. Es por eso que no se puede pedir lo mismo a ambas compañías. Sin embargo, eso no quiere decir que no se deban decir las cosas tal cual son. Por muy sencillo que sea humanizar a las desarrolladoras independientes, en ver detrás de cada juego indie a personas, con sus propios sentimientos y valores, en vez de empresas, no podemos olvidar que hacen lo mismo que la mayor de las compañías: vender el producto que han creado enfocado a un determinado segmento en un mercado comercial.

 

Muchas veces, demasiadas, la gente únicamente se queda con la nota del análisis en vez de con el texto. Puede ser que alguien le dé a un juego un 70 pero otro individuo le otorgue un 30, y sin embargo, ambas personas hablen de lo mismo en sus textos, con diferentes ángulos y tonos, sí, pero transmitiendo los mismos datos sobre el juego que analizan. Normalmente, una vez jugado un título tengo las ideas claras sobre qué nota darle y cómo enfocar un análisis. Si miráis el cuadro que hay sobre estas líneas a la izquierda veréis la nota final del título que hoy nos concierne para analizar, pero mientras escribo estas líneas yo sigo sin tenerlo claro. Será todo lo que vierta en este texto lo que termine haciendo que me decante por un lado de la balanza. Comienzo a contaros cuál ha sido mi experiencia con Mercury Race.

 

¿Qué ofrece Mercury Race?

Mercury Race es un arcade de carreras con estética retrofuturista. Nuestro objetivo, como en todos los juegos del género, es el de siempre: llegar a la meta en el menor tiempo posible. ¿Qué es lo que diferencia jugablemente hablando a Mercury Race de sus competidores entonces? Si habéis visto el tráiler sabréis que el título bebe bastante de F-Zero. Al igual que en la clásica saga de Nintendo, en Mercury Race nos movemos a velocidades de vértigo. La diferencia radica en que contamos con un cañón sobre nuestra nave con el que poder disparar a los enemigos del trazado. «¿Hay enemigos? ¿Pero esto no iba de ser el más rápido?» Pues sí, a lo largo y poco ancho de los circuitos nos vamos encontrando con diversos enemigos que nos atacan y que debemos eliminar, tanto para conseguir las mejores puntuaciones como para evitar que frenen nuestra progresión en las distintas carreras. Para dispararles basta con apuntarles, pues nuestro cañón dispara solo; cosa que se agradece pues además de enemigos también hay obstáculos que evitar mientras conducimos.

 

En Mercury Race contamos con tres modos de juego: Arcade, Arcade para 2, y King of the Galaxy. Los dos primeros modos básicamente consisten en seleccionar una pista y una nave y ponerte a correr, ya sea jugando tú solo o en compañía de un segundo jugador, únicamente de forma local; y el tercer modo de juego hace las veces de modo torneo, habiendo tres copas en total, con los circuitos de cada mundo por copa, es decir, todos los circuitos del mundo 1 para la copa 1, los del 2 con la 2 y los del 3 con la 3. El juego consta de 15 circuitos, a desbloquear 6, y 8 naves, disponibles la mitad al iniciar el juego. Esto nos deja un panorama algo corto en cuanto a modos de juego pero con la rejugabilidad que da desbloquearlo todo y conseguir la mayor puntuación establecida para cada circuitos, pues cada uno nos recompensa con distintas medallas según el tiempo que tardemos en recorrer cada pista y según el número de enemigos abatidos en carrera.

 

Mercury Race

 

Durante la carrera encontramos además diversos potenciadores que nos otorgan varios efectos beneficiosos en carrera como obtener un turbo adicional, recuperar resistencia de la nave, conseguir un escudo de fuerza a nuestro alrededor y ralentizar el tiempo. Además podemos ir recogiendo munición para nuestra nave, para aumentar nuestros niveles de Crystal, así como cambiar la perspectiva con la que jugamos, pudiendo mover la cámara a varias posiciones establecidas, permitiendo poder jugar Mercury Race tanto en primera como en tercera persona.

 

A nivel visual nos encontramos ante unos gráficos inspirados en Tron que muestran originalidad a la par que notorios dientes de sierra. El título se mueve a 60 fps en casi todo momento, sufriendo unas leves caídas en momentos excepcionalmente puntuales. En cuanto al aspecto musical ninguna melodía destaca en absoluto, siendo el único motivo para tener el volumen encendido los sonidos que nos indica que hemos sufrido daños. Mercury Race no cuenta con apenas texto, pero todo ello se encuentra en perfecto inglés, algo que extraña un tanto, viniendo el juego de un estudio indie español. Por último, hay que indicar que podemos personalizar nuestra nave con distintos patrones de colores. No es que sea un gran añadido pero al menos corres con los colores que más te gustan.

 

 

Nos tiene que entrar en la cabeza que más grande no es igual a mejor

Ya está despachado qué es lo ofrece el título. Ahora toca tratar de lo que realmente es, de las sensaciones que transmite. Se vienen curvas bruscas sin señalizar. A pesar de estar fuertemente inspirado por F-Zero, Mercury Race me ha recordado lo peor de los juegos del Sonic moderno. Al igual que dichos títulos, aquí el objetivo no deja de ser alcanzar la meta lo antes posible mientras recorremos el escenario a la mayor velocidad posible. Al igual que con los títulos del erizo azul, en su faceta moderna, se disfruta mucho de Mercury Race cuando vamos a toda velocidad. Pero al igual que con Sonic, los niveles nos frenan en seco poniendo enfrente nuestra obstáculos cuyo único fin no es esquivarlos, como demostración nuestras habilidades adquiridas, no, sino cortar nuestra progresión.

 

Este mal está apoyado en el diseño de los circuitos. No es solamente que algunos obstáculos sean imposibles de esquivar a las velocidades de crucero que podemos llegar a alcanzar, sino que el propio diseño de niveles nos empuja claramente hacia la barrera. El juego confunde dificultad con frustración. No puede ser que te pongan una rampa que si la coges a una velocidad normal te salgas del escenario, pues el siguiente tramo del circuito es una curva. O te estampas o te descalabras pero de ahí no sales sin un rasguño. Otra situación que es muy frustrante se da justo cuando pasas por la línea de meta. En cada vuelta los obstáculos y los enemigos cambian en cuanto a posición y cantidad. Pues bien, muchas veces un nuevo obstáculo aparece al principio del tramo inicial del circuito, pero como los cambios se activan al pasar por la línea de cuadros estos primeros nuevos obstáculos te aparecen prácticamente delante de tus narices, siendo imposibles de esquivar, a no ser de que antes te los hayas comido con patatas y dos huevos y ya te sepas por dónde sale el juego.

 

Mercury Race

 

A los problemas que se pueda tener con los obstáculos dada su posición en la grava digital hay que sumar las físicas de la nave. Estas no me han convencido lo más mínimo. Para empezar suave, hay que decir que si vas a una gran velocidad y tienes que saltar es muy posible que la nave se te desvíe en alguna dirección. Así que ya os hacéis una idea de lo que pasa cuando tenéis que encadenar varios saltos seguidos con obstáculos de por medio o al terminar de dar brincos. Lo peor viene cuando no te chocas de frente con algún objeto o lo haces repetidas veces en un mismo lugar. Dadas las grandes velocidades que alcanzamos es normal perder bastantes dientes contra las protecciones varias veces. Lo que no es normal es que no sea posible maniobrar correctamente la nave tras un choque de dicha envergadura, que no es mucha viendo como nos podemos estampar en ocasiones. Al chocar de forma que la caja de colisión de nuestra nave no quede paralela a la caja de colisión del obstáculo, salimos despedidos en la dirección contraria, horizontalmente hablando, y como haya otro obstáculo y choquemos igual de mal ese tramo se convierte en un pinball improvisado, con nosotros como la bola de turno a la que no paran de darle meneos.

 

Hay dos aspectos más cuestionables llevados a cabo en Mercury Race. Por un lado, jugar fuera de casa, es decir, sin conexión a internet, a este título se antoja un desafío contra el mismo. No para de saltar mensajes que rezan que estamos sin conexión, antes de iniciar cada carrera y al terminar cada copa, y automáticamente se pone a buscar un punto de conexión. Esto corta increíblemente el ritmo del juego. Y cuidado, que si le damos rápido al botón para quitar el mensaje que salta podemos hacer que empiece la carrera y perdamos los seis primeros segundos saliendo del menú de conexiones wifi. Por otro lado, jugar con un solo Joy-Con no es especialmente cómodo. Creo que se ha solucionado bastante bien el problema de mover el cursor de disparos trasladándolo desde la palanca derecha a los botones. Sin embargo, los turbos se activan presionando la palanca del Joy-con. Dado que el botón que sirve para hacer virar la nave es el Zl, acababamos activando un turbo cada vez que queriamos tomar una curva virando, haciendo que me diera de bruces contra lo que tuviera enfrente. Al final juegas con un solo Joy-con sin usar ese botón, haciendo las carreras más aburridas y lentas.

 

 

Mercury Race – Menudo trastazo contra la barrera

Mercury Race tiene claro sus referentes, pero no tiene claro cómo destacar entre ellos. Bajo la idea de cuantas más cosas tenga la jugabilidad mejor va a ser esta, comete muchos errores por el camino, dejando entrever que el potencial del juego podría haber brillado muchísimo más eliminando muchos de los conceptos que introduce pero que no terminan de cuajar. A ratos desesperante, a ratos divertido, Mercury Race baila en la fina línea del aprobado. Finalmente me decanto por aprobar al título, no sin antes haberlo meditado largo y tendido.

 

No me siento cómodo con la nota que le pongo. No porque no se la merezca, sino porque siento que es como si le estuviera dando la puntilla a un título con muy buenas ideas que no ha sabido llevarlas a cabo. Es una lástima que el juego no haya salido mejor. Ahora es el momento en que vosotros, los lectores, en base a lo que habéis podido leer en este texto, decidáis si darle o no, una oportunidad a Mercury Race.

 

Mercury Race

Este análisis ha sido realizado gracias a un código de descarga de Mercury Race para Nintendo Switch proporcionado por Herrero Games.

Menudo trastazo contra la barrera
Mercury Race es un arcade que falla en cuanto a la forma y el número de novedades que quiere introducir, olvidándose que la base sobre la que construye ya era bastante buena y que casi todo lo que hace por mejorarla acaba en saco roto.
PROS
Tenemos contenido por desbloquear
Estéticamente está chulo
Podemos personalizar nuestra nave
CONTRAS
Diseño de circuitos y posicionamiento de los obstáculos
Físicas y cajas de colisión de nuestra nave
Cuenta con pocos modos de juego, nada variados entre si
51
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