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Análisis – Bury me, my love (Nintendo Switch). Saltando las fronteras del videojuego

Un retrato realista y sin efectismos de la crisis de los refugiados a través de conversaciones WhatsApp

Fecha de lanzamiento
10 enero, 2019
Género
Aventura conversacional, "newsgame"
Jugadores
1
Desarolladora
The Pixel Hunt
Distribuidora
Plug in Digital
Nuestra puntuación
90%

Afrontar la crítica de Bury me, my love obliga a replantearse las bases mismas de la crítica de videojuegos. En muchos casos, la crítica (que ni siquiera llaman crítica, se suele llamar “análisis”) hace una lista de todos los niveles, modos y demás elementos cuantificables que tiene el juego y se valora una puntuación según si se considera suficiente o no. La pregunta “¿me divertirá el juego?” está a la misma altura que el “¿por cuánto tiempo?”. El equilibrio parece valorarse más en un videojuego que en cualquier otro producto cultural, algo que se explica si consideramos que el videojuego es uno de los más caros. De forma similar, que este sea el medio más condicionado por la tecnología hace que muchas veces pongamos más atención a las prestaciones técnicas que a su utilización al servicio de la imaginación.

 

Pero esa obsesión con la rentabilidad y la tecnología pierde el sentido en la escena indie, en la que muchos juegos cuestan menos que una entrada de cine y duran menos que una película. Entre casi innumerables listas de juegos muy similares, es necesario prestar atención a un factor más subjetivo, más difícil de cuantificar y de traducir a una nota numérica; y sin embargo, el doble de relevante: la emoción.

 

 

La humanidad a través de WhatsApp

Bury me, my love es un juego difícil de clasificar. Jugablemente es una aventura conversacional, un género (por razones obvias) prácticamente extinto, acaso sustituido por las más visuales aventuras gráficas. Aquí, sin embargo, no tenemos más que una austera interfaz de un chat, con algunas ilustraciones ocasionales, bonitas y expresivas, pero tampoco especialmente artísticas. A ratos, ronda en la frontera de lo que puede considerarse un videojuego, y en el encuentro que tuvimos con su creador, Florent Maurin, ya tanteamos con la idea de “newsgame”, o pieza periodística interactiva. La obra (por no pillarnos los dedos) fue basada en un artículo publicado por Le Monde con conversaciones reales de refugiados sirios con sus familiares a través de WhatsApp. Decenas de testimonios reales sirvieron para construir la historia de Nour, una mujer joven buscando llegar a Europa a través de Turquía, aunque las diferentes decisiones que tomemos abrirán una enorme ramificación de caminos y situaciones.

 

Maurin descubrió que la pulcra y sobria imagen del WhatsApp y el lenguaje chat no entienden de distancias ni de diferencias culturales o raciales y que, de alguna forma, nos iguala a todos. Este canal era una forma inesperadamente potente de empatizar: las expresiones, los emoticonos, los gazapos del corrector, los selfies, las bromas, las esperas entre mensaje y mensaje… Las pequeñas idiosincrasias del lenguaje por chat, y que generalmente entendemos como una barrera tras la que ocultarse (¿cuántas veces hemos entablado conversaciones chispeantes por chat para después quedarnos sin palabras cara a cara?) funcionan aquí de forma inversa: como una manera de revelarse tal y como se es, más humanos, más reales, más iguales.

 

A pesar de esto, irónicamente, la distancia es uno de los factores más potentes del juego. Nosotros no encarnamos a Nour, sino a Majd, su marido que se queda en Siria y que apoya y aconseja a Nour en su viaje. De esa forma, no somos realmente nosotros quienes tomamos las decisiones, sino Nour, condicionada por los consejos que le da Majd a través del chat. Por supuesto que somos nosotros, como jugadores, quienes dirigimos el juego, pero el guión, de una forma muy sutil y muy inteligente, hace que parezca que sea Nour quien toma las decisiones finales, y claro, la que sufre las consecuencias. A pesar de las tensas y dramáticas situaciones que vivirá Nour, el juego es más impactante poniéndonos del lado de Majd porque nos hace ver realmente lo impotentes que somos: sentados cómodamente en el sofá mientras leemos un horror indescriptible, y lo único que podemos hacer para contrarrestarlo son mandar emoticonos.

 

 

 

La realidad sin edulcorantes

Las esperas entre mensaje y mensaje (incluyendo tramos de más de 24 horas sin contestar, en los que piensas lo peor) se producen, en su versión original para móviles, en tiempo real. Para la versión de Nintendo Switch, por hacerlo más práctico (y porque la consola no tiene sistema de notificaciones) estas son eliminadas, haciendo que puedas ver el final (uno de los 19 que tiene) en torno a una o tres horas, dependiendo de las decisiones que tomes. Se recorta así uno de los motores que hacían de Bury me, my love tan impactante y tan real: la ansiedad de no saber nada, la incomunicación cuando falla la comunicación y que hace que las distancias parezcan hacerse el doble de largas. Era, sin embargo, la decisión lógica para que el juego funcionase bien en Nintendo Switch.

 

Yo llegué a agradecerlo: la historia es tan absorbente y muchas veces tan dolorosa que no podía esperar a saber que todo seguía bien. No siempre las cosas salen bien, y aunque tiene finales de todo tipo, buenos o malos, la mayoría se encuentran en un punto intermedio. Las alegrías van seguidas de duelos de conciencia: lograr cruzar dejando semejantes con menos suerte o menos perspicacia detrás, en una carrera por supervivencia en la que no puede haber ganadores sin perdedores. Y cuando las cosas van mal… van realmente mal. El juego, sin embargo, nunca resulta desagradable, gracias a que los dos personajes cobran vida a través de diálogos acertadísimos, construyendo de forma sutil, casi sin darte cuenta, dos personalidades diferentes pero con una química indiscutible. El buen humor, el optimismo y sobre todo, el amor, resultan imprescindibles para no desmoronarse y eso es algo que este guión clava en las horas y horas de diálogo que tiene: evitando efectismos melodramáticos y cursis, siendo impactante, natural y verdadero.

Bury me, my love – Saltando fronteras

Bury me, my love desafía las propias barreras de lo que podríamos considerar un videojuego. Jugablemente, es muy simple. De hecho, uno de sus mayores aciertos es hacer que parezca que nuestras acciones tengan menos efecto del que tienen, al hacer a Nour, y no a Majd (el personaje que encarnamos) la responsable última de tomar las decisiones y sufrir las consecuencias, poniéndonos en un angustioso papel de espectadores pasivos. Es un inteligente comentario sobre las nuevas tecnologías, mostrándolas como un arma de doble filo para la comunicación, además de una inesperada herramienta para empatizar con cualquier persona en cualquier condición, superando cualquier distancia.

 

Y es que la clave del juego, al final, es la empatía, ponerse en la piel de otros y ver esta realidad (el drama de los refugiados) desde una perspectiva a la que es incapaz de llegar ningún otro medio de comunicación. Una visión compleja pero no melodramática, gracias a un guión pulido al máximo, que construye algunas secuencias que ponen los pelos de punta y que te tendrán entre la risa y la lágrima todo el tiempo que quieras dedicarle.

Es cierto que la versión de Nintendo Switch no es perfecta: además de la mencionada pérdida de las esperas en tiempo real, hay algunos errores técnicos y de traducción que sacan un poco de la experiencia. El móvil es la plataforma ideal, pero eso no quita que si decides jugarlo en Nintendo Switch vayas a tener una experiencia menor, ni mucho menos. Este es un juego muy duro, pero creednos que no hay nada igual. Una joya que debería recibir toda la atención posible.

 

Este análisis ha sido posible gracias a un código de descarga cedido por Nintendo.

 

Bury me, my love redefine lo que un videojuego puede ser con una propuesta sorprendente, arriesgada y muy impactante. Pero si realmente funciona es por un guión que, más allá del impecable trabajo de documentación y compromiso social, brilla por la humanidad de sus dos personajes.
PROS
El guion construye dos personajes enormemente humanos y todo tipo de situaciones, algunas terribles, de forma natural y creíble
No hay ningún juego parecido. De hecho, ¿se podría considerar un videojuego?...
...La respuesta es sí. Bury me, my love rompe fronteras sobre qué temas se pueden tratar, y lo hace utilizando las herramientas únicas del videojuego de formas inteligentísimas, reflexionando de paso sobre la (in)comunicación de las nuevas tecnologías
CONTRAS
Perdiendo las esperas en tiempo real entre mensajes, se pierde gran parte de lo que le hacía tan especial, y potente en su mensaje
Hay algunos errores técnicos: no es el mejor port, y por definición, su mensaje funciona mucho mejor en un móvil
90
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