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Análisis – City of Brass (Nintendo Switch). La fortuna te espera en la ciudad del desierto

Ni Alibaba lo tenía tan complicado para hacerse rico

Fecha de lanzamiento
8 febrero, 2019
GÉNERO
Acción, FPS, Rogue-Lite
LANZAMIENTO FÍSICO
No
Nuestra puntuación
73%

Siempre es buena noticia ver que títulos populares de otras plataformas llegan a la híbrida de Nintendo, y una de las recientes incorporaciones en este apartado es City of Brass (desarrollado por Uppercut Games), un interesante y desafiante rogue-lite ambientado en la Arabia típica de relatos como Aladdin o Alibaba, con genios mágicos, tesoros… y demonios, muchos demonios que nos supondrán más de un obstáculo.

 

Por supuesto, el género rogue-lite no es algo nuevo dentro del extenso catálogo de Nintendo Switch (con títulos de renombre como Dead Cells o Enter the Gungeon, entre otros), pero creemos que este título cuenta con diversos factores que lo hacen diferenciarse de los otros juegos con los que comparte género, que afectan desde el apartado gráfico a la jugabilidad. Así que tomad vuestras armas, que ha llegado la hora de acumular riquezas y vencer a los demonios.

 

 

Agárrate bien al látigo

La ambientación de City of Brass es clara desde el primer momento en el que se abren las puertas a la ciudad maldita de Brass. Desde las puertas y pasadizos, pasando por los jardines, celdas y demás elementos, todo nos transporta a ese universo de magia y fantasía en el que un genio puede salir de una lámpara para cumplir nuestros deseos. Los diseños son bonitos y elegantes, y el apartado gráfico muestra el mimo que le han puesto a este juego. Sin embargo, en esta ciudad las reglas son un tanto diferentes, pues toca abrirse paso a través de enemigos y trampas para acumular todas las riquezas posibles en forma de objetos y cofres diseminados por las salas, colocadas de forma aleatoria en cada partida (lo típico de un rogue-lite), mientras nos dirigimos a la salida.

 

 

 

Para empezar, la perspectiva en primera persona ofrece una experiencia algo más compleja en comparación con otros juegos del género. No sería la primera vez que recibimos un golpe y no sabemos de dónde ha venido. También hace que el aspecto “plataformero” del que intenta presumir durante el tutorial sea algo más liviano de lo esperado. Sí, podemos saltar, agacharnos y deslizarnos, pero pocas veces ha habido necesidad de usar tales movimientos (lo que sí hemos utilizado más ha sido subirnos a otras plataformas). Incluso resulta difícil orientarse entre tanta sala y caos, aunque por suerte, contamos con una “brújula” que nos indica el camino correcto. Otro inconveniente que hay que destacar es el sistema de día y noche. Cuando es de día, todo se ve perfectamente, pero al caer la noche, cuesta en ocasiones ver bien los elementos.

 

Donde sí destaca City of Brass es en el apartado de combate, proporcionando un arma básica y el que podemos considerar el amigo de todo buen buscatesoros: el látigo. Puede parecer una tontería, pero el látigo se acaba convirtiendo en una herramienta indispensable dada su doble función. Por un lado, te permite atrapar objetos que se encuentran lejos, desde vasijas o lámparas de aceite hasta tesoros que estén fuera de tu alcance. Por otro lado, te permite aventajar a los enemigos tirándolos al suelo o distrayéndoles con un golpe en la cabeza. También nos permite engancharnos a anillas para saltar alto pero, como se ha comentado antes, no es algo imprescindible.

 

Este es mi deseo

Dejando al margen el aspecto 3D y el juego en primera persona, muchas de las mecánicas en City of Brass son las habituales en un rogue-lite. Empezamos con un equipo básico y, a medida que recorremos los niveles, encontramos genios a los que podemos comprar reliquias con el oro que hemos recogido. Si bien hay una cierta variedad de reliquias, muchas de ellas quedan relegadas a funcionar como soporte (y en ocasiones, es difícil entender qué función cumple cada una), mientras que la lista de armas y látigos (que son los objetos que utilizamos de forma más activa) se nos antoja reducida. Por otro lado, y como reminiscencia de las leyendas arábigas, al empezar la partida poseemos tres deseos que podemos utilizar en los genios que nos encontramos para mejorar sus servicios. Por ejemplo, un genio específico puede desactivar las trampas de la planta en la que nos encontramos. Pero si utilizamos un deseo en ese genio, por un precio mayor desactivamos las trampas de toda la ciudad. Este sistema añade cierto elemento único al título, pero al no haber ninguna forma de recuperar deseos, es difícil de administrar.

 

 

 

Hemos hablado de los enemigos, y de nuevo nos encontramos con una interesante variedad, con demonios con habilidades y ataques particulares. Si hay que buscar algún punto flaco a este apartado, es que después de unas cuantas partidas, los enemigos resultan predecibles si recuerdas sus puntos débiles. Este aspecto, sin embargo, no afecta a los jefes finales de cada zona. Son pocos y también predecibles, pero aun así, están muy por encima de los enemigos normales (en definitiva, es difícil salir ileso de esos enfrentamientos). Por tanto, el aspecto que hace que City of Brass tenga esa dificultad que caracteriza al género es el elemento de sorpresa. Con una vista más reducida y la generación aleatoria de los niveles, nunca sabes de dónde puede salir una trampa o un enemigo, por lo que gran parte del daño que recibes es por culpa de los ataques sorpresa.

 

Para facilitar un poco esta travesía mágica, el título ofrece desde el principio una serie de opciones para personalizar tu partida y hacerla más fácil (reducir el precio de los objetos, aumentar la vida del personaje…), aunque incluso así, puede resultar desafiante. También hay opciones para dificultar la partida aún más, pero estas últimas deben ser desbloqueadas cumpliendo una serie de requisitos, lo que añade cierto valor a la rejugabilidad. Por otro lado, conforme completamos cada partida, reunimos experiencia y subimos de nivel, lo que hace que desbloqueemos nuevos personajes. Cada personaje cuenta con ciertas particularidades, como armas diferentes (una lanza, cuchillos arrojadizos…) o condiciones especiales (por ejemplo, el bandido es más rápido, pero tiene menos vida, mientras que el demonio es más lento, pero tiene más vida).

 

City of Brass – El camino a la riqueza está plagado de genios

City of Brass se establece como un punto y aparte dentro del género rogue-lite. Si bien encontramos las mecánicas normales, también posee elementos jugables que lo diferencian, como un estilo de combate más cercano al FPS y muchas opciones para personalizar nuestra experiencia. Explorar el laberinto de callejuelas y salas ambientadas en el mundo de Aladdin es una experiencia agradable y tenebrosa a la vez. Hay que tener en cuenta, eso sí, que puede resultar difícil para los jugadores menos experimentados, ¡pero la vida de los bandidos no es fácil!

 

Análisis realizado gracias a un código de descarga de City of Brass proporcionado por Stride PR y Uppercut Games.

 

TESOROS A UN DESEO DE DISTANCIA
City of Brass ya ha cosechado cierta popularidad en otras plataformas, y con razón. Su mezcla de elementos habituales de los rogue-lite, funciones únicas y la exploración en primera persona hace que destaque, y la ambientación arábiga le da un aspecto encantador misterioso. Tiene sus pegas (como una dificultad algo elevada), pero dejando eso a un lado, es un título interesante.
PROS
Gráficos y diseños preciosos
Variedad de objetos que coleccionar y utilizar
Permite personalizar la partida a tu gusto
CONTRAS
Dificultad algo elevada (incluso con opciones fáciles)
Los enemigos resultan predecibles
73
City of Brass
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