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NESxtalgia Battletoads

NESxtalgia – Viajamos al pasado de la mano de, las ranas más macarras de los 90, Battletoads

... but our game is in another history...

La nostalgia (del griego clásico nóstos, regreso al hogar, y álgos, dolor) es descrita como un sentimiento de anhelo por un momento, situación o acontecimiento pasado. Una especie de sufrimiento autogenerado al pensar en algo que se ha tenido o vivido en una etapa ya pasada. Algo que se ve intensificado por esa aterciopelada capa de endulzamiento y benevolencia que otorgan los años. Y es precisamente ese sentimiento autogenerado infringido de que cualquier tiempo pasado fue mejor y, por supuesto, esa suave capa atemporal los motores de esta nueva sección que inauguramos hoy mismo, con permiso de la saga Myst, bajo el título de NESxtalgia.

 

La NESxtalgia no se mide, se siente, se juega

¿Es la nostalgia NESxtalgia un arma de doble filo en el mundo de los videojuegos?, ¿un negocio muy rentable?, ¿qué nos hace buscar títulos que ya jugamos hace 20 o 25 años? Ni idea, no esperéis de un servidor, ni de esta sección, ninguna respuesta trascendental que hile mis pensamientos con los de alguna suerte de teoría pseudo capitalista o con alguna explicación basada en la química y en la curva de la memoria. Eso sí, si habéis tenido una NES o simplemente sentís curiosidad por ella estáis invitados a compartir mis recuerdos de dicha máquina junto a algunas viejas glorias en formato 8 bits y mucho, mucho de mi en un cóctel que espero sea de vuestro agrado. ¿Quién ha dicho Battletoads?

 

Nada de introducciones sobre los inicios de la mítica máquina de los de Kioto, avalanchas de curiosidades o cualquier otro tipo de cotilleo manido que lleve milenios pululando por la red. NESxtalgia no tiene otra finalidad que la de compartir con todos vosotros mi experiencia, mis sentimientos y en definitiva mis vivencias con diversos cartuchos que pasaron por mi maltrecha, pero aún en pie, Nintendo Entertainment System.

 

 

Y no, tampoco vamos a comenzar con Super Mario Bros. ni con Donkey Kong ya que este trastero extrasensorial de palabras y pensamientos al más puro estilo de Cuarto Milenio se encuentra, como un servidor, desordenado en el tiempo con multitud de piezas de un puzle aún por encajar. Este camino, plagado de historias independientes unas de otras, o no, comienza con unas ranas gigantes con piernas de acero, puños de titanio y cuernos de carnero. No hablamos de otras que de las Battletoads. Acompañemos a Rash, Zits, Pimple y compañía en esta original aventura.

 

 

Comparadas con Battletoads, las tortugas parecen fango de estanque

Corría julio de 1992, lo sé, lo sé, Battletoads ya llevaba un año en el mercado, pero como ya he explicado, este no es un artículo al uso sino la crónica de mis vivencias. La década de los noventa, y la cosa ya venia arrastrando desde los ochenta, fueron unos años estupendos en lo referente a la creación de modelos socio-culturales. Por aquel entonces mi habitación estaba plagada de posters, con permiso de Héroes del Silencio y posteriormente de los Motorratones de Marte, de las Tortugas Ninjas, y mi afición por los seres antropomórficos no parecía tener límites.

 

Las notas no habían sido demasiado buenas, para mi cumpleaños aún faltaba un largo trecho y de sus majestades de oriente ya ni hablábamos, pero yo quería emociones fuertes para mi NES (por aquella época esto venía a significar beat ‘em up) y no pensaba rendirme a las primeras de cambio. ¿No había ni un hálito de esperanza? Nada más lejos de la realidad, en la otra punta del pueblo había un letrero, que brillaba con luz propia, cuyo material gráfico transmitía un mensaje claro y realmente explícito: «Replay». Se trataba de una tienda regentada por un señor 50% antipatía, 50% caradura, con un inquietante parecido con el humorista Eugenio, cuyo negocio no era otro que la compraventa de videojuegos de segunda mano. Al entrar, me vino el mismo olor de siempre, un tufo a naftalina, tabaco y caramelo de menta que echaba para atrás. Al fijar la mirada en la estantería de NES lo vi…

 

 

La portada mostraba una suerte de rana mutante con ganas de fiesta y en la parte superior se podía leer su título: Battletoads. Tras leer el «prospecto» de su reverso (las cajas nos dejaba tocarlas) salí pitando hacia mi casa dispuesto a intercambiarlo por mi también querido, pero ya trillado, cartucho de Teenage Mutant Ninja Turtles II. 7990 pesetas era demasiado para mí, el floreciente mercado de segunda mano era la única alternativa para un humilde servidor, y con las cerca de 3000 pesetas que me dieron (lo sé, me estafó) y unos ahorros, ganados con el sudor de mi frente y diversos trabajos como proyecto de albañil, el título se vino para casa del tirón. Como del tirón iba mi corazón al llegar, con la satisfacción de una misión cumplida, a la puerta de mi casa.

 

Tras introducir el cartucho y que el juego no arrancara, opté por volver a sacarlo y soplar la zona de contacto (no me juzguéis, no estamos ante una ponencia sobre los perjuicios de soplar cartuchos de NES, y… además… ¡era solo un niño!), mientras para mis adentros pensaba… ya me la ha colado. Nada más lejos de la realidad… Battletoads arrancó, y vaya si arrancó, dejando tras de sí unas palabras que, por aquel entonces, poco significaron para mi: «A Rare Production»

 

Por aquel entonces esta imagen no me decía mucho. ¡Se me hacía RARA!

 

¿Su argumento? La princesa Angélica y Pimple son raptados por la malvada, mira que era malísima (al nivel de Bavmorda), Dark Queen. Efectivamente, ni el nombre de nuestra princesa ni el de su antagonista habían supuesto quebradero de cabeza alguno para los guionistas. El profesor T. Bird, lider estratégico del grupo, informa de esto a los restantes Battletoads (Rash y Zitz), embarcándose ambas ranas guerreras en un apasionante viaje hacia Ragnarok, a bordo de la nave espacial Vulture, para su rescate.

 

Su amplio repertorio de movimientos y efectos, su BSO cañera (he de reconocer que en más de una ocasión, pasé minutos y minutos escuchando la pista principal, así como el pegadizo -cruack, palmada, cruack, palmada, cruack, palmadax3… – tema que se escuchaba en el menú de pausa), el derroche de carisma de sus personajes, su extremada dificultad, sus mecánicas frescas, variadas y muy divertidas, sus 13 niveles (con algún que otro secreto) y, sobre todo, poder manejar a seres antropomórficos fueron motivos más que suficientes para quedar enganchado a este título desde el primer minuto de juego. Para rematar, esa mezcla entre plataformas y título de desplazamiento lateral, aderezado con un exclusivo sentido del humor, del que me enamoré desde el primer momento como si de una rana a la espera de beso me tratase, lograron situarlo, hasta la actualidad, como uno de mis cinco títulos más queridos. Algo mágico, que posteriormente desembocaría en altas dosis de NESxtalgia, pasaba frente a unos ojos ávidos de nuevas experiencias y no lo podía dejar pasar, esta vez no.

 

Abajo + B + A y Start – Un truco o trato que NO me salió rana

Battletoads se acomodó durante semanas e incluso meses (que ya era mucho decir por aquel entonces) en el salón de mi casa, entre telediario y telediario y aspavientos de mis santos padres al ver a tan curiosos seres pululando por la pantalla. El hecho de contar con multijugador local hacía que la diversión se multiplicara exponencialmente, pero también lo hacían los piques épicos con mi hermano pequeño. No en vano, en determinados y serpenteantes, ejem, momentos de la aventura, la coordinación requerida entre ambos jugadores debía ser total. Lo admito, mi mando voló (bendito cable anclaje de sujeción a la consola), sin maldad ni dirección concreta alguna, en más de una y dos ocasiones.

 

La variedad de mecánicas y situaciones a nuestra disposición es realmente abrumadora. Como abrumadora es la dificultad de este nivel…

 

Battletoads para NES es recordado por muchos como uno de los títulos más difíciles de la historia de los videojuegos. Echando la vista atrás, una vista cargada de NESxtalgia, puedo decir que al menos en mi caso este juego no será recordado por su complejidad sino por su fuerte personalidad, su exquisito, a la par que divertido, apartado jugable y por su magnífica BSO. Motivos suficientes, os recuerdo, para deshacerme de otras de mis joyas de la época, Teenage Mutant Ninja Turtles II. Hasta aquí esta primera entrega de NESxtalgia, ¿conocíais a nuestro querido trío de ranas mutantes adolescentes macarras? ¡Nos vemos en los juegos y… en los foros!

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