Rad

Análisis de RAD – Nintendo Switch. Apocalipsis ochentero en un desafío incierto

RAD
Fecha de lanzamiento
20 agosto, 2019
Número de Jugadores
1
Idiomas
Español, inglés, francés, etc.
Tamaño de la Descarga
4666,16 MB
Nuestra puntuación
82

La cultura pop de finales de los 70 y principios de los 80 consolidó una de las temáticas que mayor interés sigue generando aún a día de hoy: el apocalipsis nuclear. Un tema que no se basa en un simple enfoque de una catástrofe de escala global, sino que se caracteriza, sobre todo, por las posibles interpretaciones de lo que podría pasar después, una vez el desastre hubiese tenido lugar. Décadas de Guerra Fría y temor a una aniquilación total por culpa del átomo, dejaron cintas tan apasionantes como Terminator y Mad Max, dos grandes ejemplos de cómo se abordó una inquietud mundial. Cada una con un planteamiento distinto pero con un resultado que dejaba una idea clara: el mundo de después ya no es el mismo. Los supervivientes, herederos de una terrible catástrofe, se afanan por sobrevivir mientras intentan entender lo que les rodea, un entorno hostil lleno de reliquias del pasado que aluden a una civilización lejana y diferente. Esto mismo ocurre en RAD, un roguelite desarrollado por Double Fine y llevado al mercado por Bandai Namco, que nos muestra las posibilidades que surgen no de un sólo desastre nuclear, sino de dos. Así que, abrochaos los cordones, coged el bate y decid adiós a vuestro cuerpo adolescente, ¡nos vamos a la estepa radiactiva!

 

 

Aquellos chicos del barrio

Las consecuencias del desastre son globales y las civilizaciones que los provocaron se han perdido para siempre. Lo único que queda son los resquicios, los restos de una historia que los habitantes de este nuevo mundo sólo imaginan, pero que nunca podrán llegar a conocer del todo. RAD es un juego con un marcado grado de nostalgia, pero una nostalgia que no deja de ser actual. Su temática es ochentera. El estilo de la ropa, de los personajes, su tecnología, la propia temática del apocalípsis nuclear… todo evoca a esa década tan característica de la historia de Estados Unidos, que tanta mella hizo en la cultura global en general, y en la occidental en particular. Es por ello que no sorprende ver cómo «Los Supervivientes» (humanos que habitan lo que queda de la Tierra en pequeños grupos de población), utilizan, a modo de dinero y de llaves, cosas que usaban nuestros padres en los años 80 mientras pensaban «¡Ay Dios mío! El futuro está aquí»: cintas de cassete y disquettes. También, los artefactos, cuya función es facilitarte un poco las cosas dentro del juego, son cosas como cintas de vídeo, un cubo de Rubic (llamado, no sin razón, «Cubo Mágico»), o las típicas deportivas que te llevarías un sábado por la tarde a la cancha de básquet. Hasta la banda de chicos «protagonistas» recuerda a una pandilla de barriada norteamericana de clase media-baja de la época.

 

RAD

 

En un contexto de tribu de extrarradio ochentera, RAD te dice que te toca encontrar otra fuente de energía para alimentar las máquinas que sustentan tu poblado, y te suelta sin miramiento alguno en la estepa, no sin antes modificar tu cuerpo adolescente para que sea capaz de absorber toxinas radiactivas. Solo, con un bate como única compañía, te encuentras en un entrono desolador, amenazante y atestado de enemigos. Como todo buen roguelite, los mapas se generan de forma aleatoria en cada salida, aunque siempre dentro de unos parámetros. En este caso, lo que marca el ambiente de cada zona y los enemigos que encuentras en la misma, es el «mundo». Cada uno de los mundos de RAD se compone de dos zonas. En cada una de ellas debes activar un número concreto de estructuras para poder acceder a la sala en la que te espera el jefe (o los jefes) de la zona. Si logras derrotar al jefe de turno, que por supuesto, también es aleatorio, tienes dos opciones, volver a tu pobladucho y gastar o almacenar tus cintas (de casette), o seguir avanzando y afrontar los peligros de la siguiente zona. Como podéis ver, la cosa es bien sencilla: muévete, vapulea a tus enemigos con tu bate y absorbe la radiación que dejan una vez han sido derrotados. Sencilla que no simple. RAD ensalza su apuesta haciendo que las posibilidades varíen con cada salida al exterior.

 

RAD

 

¡Eres RAD(ical)!

La estética es absorbente, el misterio de las civilizaciones pasadas inquietante y los enemigos son variados y desafiantes. ¿Pero qué hace que sigas jugando una partida tras otra? Volvamos al principio: sales por el portal y eres transportado a la primera zona del mundo 1. Como arma, tienes un bate, y tus habilidades básicas son movimiento (obviamente), salto, voltereta y golpe. Hasta ahí todo bien, mecánicas clásicas y sencillas que hasta se permiten el lujo de ofrecer combinaciones y dejar que golpees en el aire, o que hagas un ataque más contundente si atacas hacia abajo una vez has saltado. Si esto fuese lo único que el juego te proporcionase, poder saltar, golpear, y evadir a algún que otro enemigo con tu voltereta, todo ello en un entorno lleno de enemigos, RAD ya sería un juego entretenido. Bastante básico sí, pero entretenido. Pero el título no se queda ahí, va más allá, mucho más allá.

 

Un joy-stick para moverse, un botón para golpear y otro para saltar. ¡Pero si mi Nintendo Switch tiene muchos más botones! Tranquilos, que los vais a usar absolutamente todos. RAD consigue que cada salida al exterior sea un desafío diferente, en el que desconoces cuáles son las habilidades con las que vas a poder contar a lo largo de la partida. Si empiezas machacando la «Y» para atacar, la «B» para saltar y el botón «L» para rodar, ten por seguro que en poco tiempo estarás usando hasta el último botón de la híbrida. ¿Y qué se aloja en el resto? En el resto de botones de la consola se añaden las mutaciones que vamos obteniendo y que hacen las veces de habilidades activas. A medida que derrotéis enemigos, la barra de toxinas se va llenando. Una vez llegue al final se produce la mutación, viendo como vuestro cuerpo va cambiando y adquiriendo nuevas habilidades. Desde una cabeza de serpiente, con la que atacar y envenenar a tus enemigos, hasta un brazo-boomerang que usar a modo de arma arrojadiza, RAD te ofrece una amplia variedad de mutaciones aleatorias que poder conseguir y mejorar. Pero no penséis que sólo se obtienen mutaciones que actúan a modo de habilidades activas, pues también tenéis la posibilidad de conseguir otras que hacen las veces de habilidades pasivas, provocando que este roguelite se convierta en un action RPG en el que no sabes qué tipo de personaje acabarás jugando.

 

 

La lista de mutaciones es realmente variada y todas tienen la opción de mejorar. Las que podríamos considerar «pasivas», aquellas que están siempre presentes o se activan de forma independiente a las decisiones del jugador, están enfocadas, por lo general, a facilitar la relación con el entorno o a potenciar otras mutaciones. Las opciones varían desde la posibilidad de caminar por encima de fuego o de charcos tóxicos sin recibir daño, hasta el poder robar vida con tus golpes. Por otra parte, en lo que a las «activas» se refiere, es decir, aquellas que podéis usar presionando botones, hay cosas tan variadas como alas, unas patas y cuernos de carnero, un brazo que lanza fuego o la ya mencionada cabeza de serpiente.

 

Nunca sabes lo que te va a tocar. Cada partida es distinta y, como en todo, tienes mutaciones favoritas y otras que no te resulten tan útiles. Quizás te encuentres saltando de alegría por haber conseguido una especie de cola de insecto con la que generar larvas aliadas, o llorando de pena porque no sabes utilizar bien esa protuberancia que ahora tienes en la cabeza y que despide ráfagas de aire. La incertidumbre aporta un altísimo grado de interés a la jugabilidad. Una vez que ya has experimentado las partidas de RAD y vuelves a empezar otra, tu mentalidad no es la misma, pues te encuentras expectante ante las posibilidades que te puedan tocar, y tienes que pensar cómo gestionar esas opciones para poder llegar al final.

 

 

El final, dicho sea, no es el fin del juego. RAD es un roguelite que te permite seguir jugando una partida tras otra. Lo único que hay realmente permanente y que se guarda, son el dinero, los artefactos, los bates y los personajes que vayas desbloqueando. Aquí hay que hacer una matización, de todos eso, lo único de lo que no puedes disponer a tu voluntad, es de los artefactos. Un artefacto desbloqueado no está en tu poder, sino que puede aparecer, de forma aleatoria, a la venta en alguna de las tiendas, o como botín. Todos ellos están disponibles tanto en lo que podríamos considerar la modalidad «estándar» del título, así como en el llamado «Desafío Diario», un modo de juego que consiste en empezar una partida de cero, cuyas condiciones cambian según el día, y en la que tienes un contador de tiempo. Al final de la partida, sea por muerte o victoria, se te da una puntuación, que te otorga un ranking online según tu puntuación y la de otros jugadores que también hayan aceptado el desafío ese día. En cualquier caso, y juegues al modo que juegues, tu personaje cambia tanto en cada una de las partidas que, a poco que hayas superado un par de zonas, aquel adolescente con el que saliste del poblado se parecerá más a uno de los monstruos a los que se enfrenta que a cualquiera de sus congéneres.

 

RAD

 

Reto para unos, frustración para otros

Aunque la estética es acertada y la jugabilidad absorbente, RAD, como todo, tiene su parte negativa. Si tuviésemos que decir cual es su mayor pega en Nintendo Switch, tendríamos que hablar del apartado gráfico. Y es que, en modo portátil, RAD pierde mucha calidad y se ve bastante borroso, mientras que si juegas en el dock de la híbrida puedes disfrutar de todo su potencial. En muchos juegos de la consola la diferencia entre jugar en el dock y en modo portátil es palpable, pero en RAD esta diferencia es abismal. Aunque no influye directamente en el disfrute de su planteamiento y mecánicas, sí que es algo que el jugador nota, y que debemos tener en cuenta.

 

 

La otra parte que queremos comentar en este apartado es algo más subjetiva y va a depende de cada jugador. Puede, incluso, que para algunos sea un aliciente. Se trata de la curva de dificultad. Como ya hemos mencionado, en este juego vas superando «mundos», cada uno con dos zonas. RAD es un título exigente, es decir, no se anda con tutoriales o introducciones graduales, sino que te suelta en la primera zona y, ahí, apáñatelas como puedas. Esto no es un problema, todo lo contrario, se agradece, pues rompe con esa tendencia que hay últimamente de llevar al jugador de la mano, sino todo el juego, por lo menos hasta cierto punto del mismo. La cuestión es que el salto de dificultad del mundo 1 al 2 es muy pronunciado. Cuando ya has conseguido adaptarte a la exigencia de esa primera etapa y por fin avanzas al mundo 2, de repente te encuentras con que la amenaza de ese segundo entorno ha aumentado su exigencia de forma exponencial. Aquí, cada uno decide si esto aumenta el reto o genera frustración. Ya de por sí, pasar el primer mundo es un desafío. Un par de malas decisiones o alguna que otra mutación poco conveniente puede hacer que la palmes y tengas que volver a empezar. Si encima, al llegar al mundo 2, después de haber estado penando, y después de varios intentos, te encuentras con que te vapulean enseguida y tienes que empezar de nuevo una vez más, a lo mejor te cabreas un poco.

 

Pero, como decimos, esto es algo subjetivo, que depende de cada uno, pero que hemos considerado debíamos comentar. Mientras que unos se van a sorprender gratamente al descubrir que el reto aumenta con cada mundo, otros pueden pensar que, tanto penar para superar el primer mundo y que te borren del mapa nada más llegar al segundo, es una buena jodienda. Pero, ¡eh! ¿Quién dijo que esto iba a ser fácil?

 

RAD

 

RAD – Apocalipsis ochentero en un desafío incierto

RAD es una mezcla explosiva que apuesta por el estilo ochentero, la temática del apocalipsis nuclear y unas mecánicas basadas en la incertidumbre. Con un planteamiento sencillo pero a la vez conocido y estimulante, RAD consigue engancharte con sus mutaciones, su dinámico reto y ese componente de misterio y azar que hace que cada salida sea distinta. Tras haber jugado unas partidas, te encuentras expectante, deseando que llegue el próximo desafío en el que vas a querer hacerlo mejor, sacar el máximo potencial de lo que te toque y descubrir un poco más de esa atmósfera de estilo ochenta que envuelve a la totalidad del título, hasta que, finalmente, sólo quede un único pensamiento en tu cabeza: mutación, mutación, mutación.

 

RAD

Hemos analizado RAD gracias a un código digital cedido por BANDAI NAMCO. Versión analizada 1.0.2

Rad
Mutación, mutación, mutación
Envuelto en una atmósfera de estética ochentera y apocalipsis nuclear, RAD es un roguelite que consigue superar los planteamientos básicos de los títulos de su género y aumentar su desafío gracias a su mecánica de mutaciones aleatorias. Un desafío constante y siempre diferente.
PROS
Estética ochentera y temática de apocalipsis nuclear
El sistema de mutaciones, que hace de este título un desafío constante e incierto
Un entorno dinámico y amenazador que aumenta el desafío
CONTRAS
Se ve un poco borroso en modo portátil.
La pronunciada curva de dificultad entre el primer y el segundo mundo que puede suponer un inconveniente para algunos.
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