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El origen de las especies a través de los fósiles Pokémon: Hoenn (Parte 2)

El archipiélago de Hoenn, que descubrimos por primera vez con Pokémon Rubí, Zafiro y Esmeralda, está basado en Kyūshū, la isla más al sur de Japón. Como comentamos la última vez que pasamos por aquí, es una tierra muy rica, con distintos climas, regiones tan diferentes como un desierto y un frondoso bosque, y una valiosa mitología basada en la lucha de los legendarios Groudon y Kyogre a lo largo de los siglos. Después de visitar Alola y no encontrar fósiles propios en ninguna de sus islas, fue una grata sorpresa llegar a Hoenn y descubrir sus fósiles endémicos y los antepasados de Pokémon como Lileep, pero no pudimos detenernos mucho tiempo y quedaron en el tintero un montón de descubrimientos.

 

Por eso, hemos minado Hoenn durante este verano para desentrañar el misterio del fósil garra y estudiar a ese extraño Pokémon marino del que se dice que es un fósil viviente.

 

Anorith / Armaldo

Anorith no pone las cosas tan difíciles para su identificación como Lileep, Kabutops u otros fósiles. Se trata de un Pokémon tipo roca / bicho que se obtiene a partir del fósil garra y toma su nombre directamente del animal del que proviene, un anomalocaris. Los anomalocaris son un género de la extinta familia de los anomalocarídidos (anómalo – extraño, caridae – gamba, literalmente «gambas raras«), que vivieron entre el comienzo y la mitad del periodo Cámbrico (hace entre 525-510 millones de años).

 

No es común encontrar restos de anomalocaris en buen estado de conservación, y de hecho desde la primera descripción que se hizo de uno de sus fósiles en 1892 tuvieron que pasar casi 80 años para que se estableciera su verdadero origen. El problema fue que las primeras muestras que se obtuvieron no pertenecían a un individuo completo, sino a apéndices separados que se atribuyeron a fósiles de otros artrópodos. Fue en 1979 cuando se estableció, tras un estudio exhaustivo de varias muestras diferentes, que todos ellos pertenecían al mismo animal, un artrópodo de gran tamaño. Y así era.

 

fosil anomalocaris anorith
Fósil de anomalocaris

 

Los anomalocaris son considerados en algunos artículos como el primer gran depredador de la Tierra. Su cuerpo, cubierto por un exoesqueleto de tejido conjuntivo (no por minerales) y formado por numerosos lóbulos, como las gambas actuales, podía alcanzar hasta un metro de longitud. Además, cada lóbulo contaba con un par de aletas que se extendían a cada lado de su cuerpo y que usaba para moverse por el agua de manera bastante eficiente. Sin embargo, son mucho más característicos los órganos de su cabeza, especializados en el análisis del entorno y la caza. En ella tenía un par de apéndices, también segmentados como su cuerpo, que se enrollaban sobre sí mismos (extendidos llegaban a medir hasta 20 centímetros). Los apéndices también estaban cubiertos de tejido conjuntivo, pero en su zona ventral poseían espinas con las que capturaban a sus presas para llevárselas a la boca, que tenía forma de disco. Se sabe, por algunos fósiles bien conservados, que una parte importante de su dieta eran los trilobites, pero el desgaste de sus piezas bucales no indica que los triturase con su concha, sino más bien que contaba con un mecanismo para desposeerlos de su exoesqueleto, no se sabe si por succión o por presión mecánica.

 

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Detalle de los ojos pedunculados y los apéndices espinosos de un ejemplar de Anomalocaris Canadensis. Es Anorith literal.

 

Otro aspecto a tener en cuenta son sus ojos. Los anomalocaris contaban con un par de ojos pedunculados en posición más lateral que dorsal, aunque la posición era muy variable según la especie y, en algunas, incluso carecían de pedúnculos. Aunque no hay restos bien conservados de estas partes blandas, se asume que eran ojos compuestos, y de los más complejos del reino animal, con entre 16.000 y 30.000 lentes hexagonales que les permitían ver con claridad y en color, facilitando la caza en aguas turbias o ambientes arenosos. En el período Cámbrico se dio un fenómeno conocido como Explosión Cámbrica que consistió en una diversificación rápida de organismos multicelulares y la consiguiente aparición de nuevas especies. Como cualquier gran cambio, la explosión cámbrica atiende a diversos factores, como la fragmentación del supercontinente Pannotia o el aumento de oxígeno atmosférico, pero la aparición de depredadores con ojos compuestos como anomalocaris se considera un importante factor predisponente. Esto se debe a que ojos tan bien adaptados suponían una gran ventaja evolutiva, de forma que muchos individuos con ese rasgo fueron seleccionados naturalmente y transmitieron sus genes a su descendencia. Se estima que en el caso de los artrópodos durante la explosión cámbrica, el desarrollo de modificaciones corporales sucedió 4 veces más rápido, y el de modificaciones genéticas 5,5 veces más, lo que hizo que en 30 millones de años se completase un período de evolución que de otra forma habría ocupado 150 millones de años.

 

fósiles pokémon fósil armaldo

Con Armaldo, sin embargo, nos encontramos con un caso similar al de Kabutops, en el que la personificación y los rasgos antropomórficos se imponen a la fidelidad de los fósiles o sus reconstrucciones. Vemos que las aletas de Anorith persisten en la zona del cuello, y son tres pares, un dato que no es baladí, puesto que muchos ejemplares de anomalocaris contaban con tres pequeñas aletas, quizá vestigiales, a cada lado del cuello. Lo mismo ocurre en la cola. Las aletas de los anomalocaris se plegaban en tríos o quintetos hacia la zona terminal de su cuerpo, formando una cola en forma de abanico que les servía para impulsarse. Armaldo cambia una de las aletas por un poderoso rabo (aparentemente cubierto por exoesqueleto), tachonado por las otras dos. Los apéndices de la boca de Anorith, en Armaldo se convierten en brazos, y los ojos pierden los pedúnculos, aunque todavía sobresalen lateralmente.

 

Mención especial – Relicanth y los celacantos

Relicanth está basado en un celacanto, sin margen de error. No solo nos los dice su nombre, compuesto de las palabras reliquia (reli) y coelacanth (canth), como se escribe celacanto en inglés, sino que su aspecto físico y hasta sus costumbres e historia son idénticas. En el mundo Pokémon, Relicanth se creía extinto hasta que se descubrieron algunos individuos a cierta profundidad mientras se estudiaba el lecho marino. Con los celacantos ocurre algo parecido. Se creían extintos desde el Cretácico (145-66 m.a) hasta que se capturó un ejemplar vivo en la costa de Sudáfrica en 1938, a unos 60 metros de profundidad, si bien hay evidencias de algunos de sus ancestros en el período Devónico (hace 400 m.a).

 

Los celacantos pueden vivir hasta 100 años, alcanzando la madurez alrededor de los 55 y no pudiendo reproducirse antes de los 20 años. Son depredadores y viven ocultos en cuevas a profundidades de hasta 300 metros, pero por la noche ascienden para alimentarse de peces de arrecife. El hecho de que se los considere fósiles vivientes no hace referencia, como ya hemos explicado, a invidivuos concretos, sino a la gran similitud morfológica de los individuos actuales con los registros fósiles, así como a una tasa mínima de modificaciones genéticas debidas a una evolución lenta que se puede explicar por la poca necesidad de adaptación al entorno. El fondo marino es un hábitat bastante estático y ausente de depredadores.

 

 

Se dice de Relicanth que se desplaza por el fondo marino de Hoenn usando sus aletas como si fueran patas. La transición tierra-agua y la colonización de la tierra es uno de los grandes hitos de la evolución, y se estima que ocurrió durante el Devónico, época de la que proceden los primeros fósiles de los antepasados del celacanto. El comportamiento de Relicanth aporta un dato interesante porque, de hecho, las aletas del celacanto poseen una estructura ósea que invita a pensar que fueron los precursores de los tetrápodos (animales de cuatro patas). Un análisis genético de los celacantos, además, pone de manifiesto la presencia de secuencias de genes compartidas con los tetrápodos, y éstos no las comparten con el resto de peces. No obstante, y a pesar de estas evidencias, aún no está claro que el celacanto sea el pariente más próximo a los animales terrestres.

 

Mención especial – El bananasaurio

La mención de Tropius en este artículo es muy controvertida. Su aspecto recuerda inequívocamente al de los braquiosaurios, gigantescos animales de cuatro patas con un gran cuello y una cola relativamente corta en comparación. Sin embargo, su diseño parece estar mucho más influenciado por los plataneros (musa x paradisiaca), que por los saurópodos. Su cuello podría hacer referencia al tronco, más aún cuando al final del mismo, en lo que podríamos llamar su barbilla, le crecen algunos frutos. Las hojas de su espalda, gigantescas como las del mencionado árbol, no hacen sino apoyar esta suposición.

 

 

Es, por tanto, una evidencia demasiado débil y genérica como para asegurar ningún parentesco. Pero es más, de hacerlo, tendríamos que hablar inevitablemente de Meganium, un Pokémon endémico de Johto y la última fase evolutiva de Chikorita, el inicial de tipo planta de la segunda generación. El aspecto de Chikorita está inspirado en la achicoria, una planta herbácea, y aunque sus evoluciones (Bayleef y Meganium) sí que adquieren un aspecto más reptiliano, con cuellos largos y colas cortas que recuerdan a saurópodos, al igual que ocurre con Tropius, su inspiración vegetal tiene mucho más peso en su diseño. De esta forma podemos observar que el cuello de Bayleef está rodeado de capullos y que tiene una sola hoja en su cabeza, mientras que en Meganium la hoja da paso a dos antenas con aspectos de estambres, y los capullos del cuello se abren formando una flor con pétalos que recuerdan a los del geranio. De hecho, el nombre de Meganium tiene influencias del nombre latino del género de los geranios, geranium.

 

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Imagen de un fósil incompleto de braquiosaurio

 

Por tanto, aunque hay ciertos parecidos con los braquiosaurios tanto en el caso de Tropius como en el de las evoluciones de Chikorita, son rasgos tan vagos que es imposible determinar el parentesco. A pesar de eso, no está de más comentarlo, sobre todo por la importancia de los dinosaurios en la inspiración de los iniciales de tipo planta, algo de lo que hablaremos en próximos artículos y que no debéis perderos, porque es súper (SÚPER) interesante.