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El poder del meme: memeces, videojuegos y ciberacoso

Dime qué memes haces y te diré quién eres

Comencemos por lo básico: ¿qué es un meme? Podríamos resumirlo como una amalgama de ideas, pensamientos o acciones que utilizan los distintos cauces culturales de que disponemos en la actualidad como vehículos de transmisión. Y no solo se trata de una corriente que imita o clona, sino que también implica que la sociedad de acogida haya decidido otorgarle valor y trascendencia informativa.

 

Curiosamente, el término meme surgió, aunque el concepto sea mucho más antiguo, antes de la era digital. Y es que el escritor Richard Dawkins ya afirmaba, allá por el año 1976, que las culturas humanas tienen una capacidad de réplica a la altura de la fotocopiadora más avanzada del mercado. Efectivamente, el meme es un «concepto» social por naturaleza. El problema llega, como casi siempre, cuando no sabemos gestionarlo.

 

 

Algunas disertaciones sobre la cultura del meme

Vivimos en una sociedad en la que se ha instaurado la firme creencia de que todo vale. Y cuando todo vale nada vale, valga la redundancia, realmente nada. Tratar de minimizar o justificar, bajo la piel del meme, conductas tan graves y deleznables como el cyberbullying o ciberacoso, es un ejemplo claro de ello. Y lo peor de todo es que el problema radica, precisamente, en nuestra incapacidad de tomar conciencia del conflicto y empatizar con quienes nos rodean.

 

En los últimos años, las redes sociales, y Twitter es claro ejemplo de ello, se han convertido en el último reducto de un pequeño ejército de individuos, ataviados bajo una suerte de armadura (cual frodo colocando en su dedo el anillo único bajo la atenta mirada de Sauron), que se escudan en la supuesta invencibilidad/invisibilidad (más bien imbecibilidad) que les ofrece el anonimato para participar activamente en diversas, y retorcidas, mecánicas de destrucción del prójimo. Algo que se ve refrendado por quienes, ya sea por omisión, complicidad o simple inacción, siguen la jugada muy de cerca. Y por supuesto, aquí no se libra ni el apuntador, el mundo de los videojuegos y los distintos personajes que pululan a su alrededor no son ajenos a toda esta vorágine. Efectivamente, Nintendo cuenta  contaba con su propio Rey de los Memes.

 

Reggie-Fils Aimé Meme

 

El último ejemplo claro de todo este caos mediático lo tenemos con los hechos acontecidos en torno a Jordi Wild. Derivando en una ristra infinita de memes creados a partir de su pródiga biblioteca ilustrativa sobre como gustarse a sí mismo sin morir en el intento. No obstante, podría ser extensible a otras grandes personalidades del mundo del streaming como Ibai o Willy Rex. Y OJO, que nadie se confunda, no estoy en contra de la cultura de la risa. Es más, y aquí llegamos al núcleo central del artículo, en casa siempre hemos promulgado el humor como una herramienta de fortalecimiento y un signo claro de equilibrio emocional. No obstante… no todo vale.

 

Un gran meme conlleva una gran responsabilidad

Nos encontramos ante una práctica muy habitual dentro del mundo de los videojuegos. Y no hablamos solo de la comunidad jugona. Incluso los propios streamers afectados han reconocido que, más allá de que les guste o no el desarrollo de los acontecimientos, estas situaciones les hace ganar dinero a mansalva. Por no hablar de que las propia marcas se sirven del meme como herramienta de marketing publicitario con la que dar a conocer sus productos o servicios a través de diferentes canales culturales y comunicativos.

 

 

No obstante, ¿dónde se sitúa la fina línea que separa el meme del ciberacoso?, ¿es lo mismo dirigirlos a situaciones concretas, o sobre moldes ya prefabricados, que usarlos como armas arrojadizas?, ¿somos conscientes del daño que causan en colectivos tan vulnerables e impresionables como el escolar? Sí, no nos olvidemos de que 7 de cada 10 alumnos españoles afirma haber sufrido ciberacoso según Save The Children. ¡No hablamos de cualquier cosa!

 

Durante mi ya dilatada existencia he podido comprobar como los energúmenos más proclives a atacar a todo ser vivo, bajo la escusa de la caricaturización, son los que precisamente menos adoptan un cauce bidireccional. Y es que en el momento en el que nuestra vida gira entorno a la ridiculización, discriminación y ofensa del resto, pero no admitimos ni una carcajada a nuestra costa… algo falla en la ecuación. Y no, quien me conoce sabe que con este artículo no pretendo demonizar los memes. Es más, en el ámbito videojueguil, los uso a diario:

 

 

Tampoco voy a negar lo evidente, y es que el meme se ha convertido en uno de los cauces comunicativos por excelencia de nuestra generación. Una extensión más de nuestra propia personalidad y una práctica, canalizada a través de las redes sociales, muy habitual dentro del mundillo de los videojuegos. Y es que, por qué no decirlo, dicha mecánica aporta dinamismo y diversión a nuestras interacciones sociales. No obstante, como con cualquier otra herramienta, debemos tomar conciencia de su poder. Mientras asumamos el diálogo, la empatía y el respeto como pilares de nuestro que hacer diario no habrá problema. Y es que, como ya decía el bueno del tío Ben, «un gran poder conlleva una gran responsabilidad«.