
Últimamente, algunos jugadores consideran que se abusa un poco de la etiqueta cozy. Y me incluyo entre ellos, aunque me guste su premisa. Sin embargo, es innegable que se trata de una manera de hacer videojuegos que se ha acabado haciendo un hueco por derecho propio en la industria. No todo necesita ser intenso, desafiante o complejo. Títulos con apariencia adorable y planteamiento relajado, sin más pretensión que la de sacarnos una sonrisa simpática y aportarnos un poco de calorcito al corazón, también tienen mucho potencial para hacernos pasar un muy buen rato jugando. El protagonista de este análisis no se conforma con ponerse esa etiqueta: la exhibe con orgullo en su título, Cozy Caravan.
Desarrollado y distribuido por el estudio indie australiano 5 Lives Studios, este título viene a dejarnos un mensaje esencial que bien puede tener impacto sobre nuestras vidas: a veces basta con disfrutar del camino y con intentar poner nuestro granito de arena para que el mundo en el que vivimos, o como mínimo nuestro alrededor, sea un lugar mejor en el que vivir. Y todo con tan solo tres cosas: una caravana y un par de indispensables compañeros de viaje. Comienza nuestro viaje, ¡sube que te llevamos!
Preparándonos para el viaje
Lo primero que podemos hacer al empezar una partida en Cozy Caravan es diseñar a nuestro personaje. Tenemos un amplio menú de simpáticos animalillos, desde perros y gatos hasta lagartos y conejos, pasando por capibaras o ajolotes. A partir de ahí, nos convertimos en jóvenes aprendices del gremio de aventureros y comienza nuestra aventura. Nos acompaña nuestro amigo de la infancia, Bubba, y un abejorro muy grandote llamado Rigby que es el encargado de tirar de nuestra acogedora caravana.
¿El objetivo? Tan sencillo como ir de aquí para allá para ver lo que la gente necesita y así demostrar al gremio de aventureros que estamos preparados para formar parte de él. El juego no establece diferencias visibles entre misiones principales y secundarias. Tampoco transmite urgencia alguna en sus tareas. Todo está ahí de manera orgánica, esperando a que nos apetezca hacerlo, al ritmo que queramos. La intención no es que optimicemos nuestro recorrido, sino que lo vivamos a nuestra manera, pero sin escatimar en la cantidad de cosas de las que disfrutar.
La felicidad, la moneda de Cozy Caravan
Una de las mecánicas más importantes del juego es, curiosamente, saludar. El juego tiene ciclo día-noche y, una vez al día, podemos saludar a los personajes que nos vamos encontrando en los pueblos y granjas. Éstos nos devuelven un puñado de corazones como agradecimiento. Lo mismo sucede cuando completamos alguna tarea. También cuando llega la noche y, al calor de la hoguera, damos mimitos a Rigby y mantenemos una agradable charla con Bubba. Se nos llena la barra de corazones, hemos repartido felicidad por nuestro mundo.
Esta felicidad es el principal sistema de progresión de Cozy Caravan. Contamos con una barra de felicidad que, a modo de barra de experiencia, nos otorga una moneda de gremio cada vez que se llena. Estas monedas son la clave para conseguir mejoras en el juego. Y no sólo hablamos de equipamiento para el interior de nuestra caravana o accesorios que le permiten cruzar zonas intransitables al principio de la aventura. También hablamos de opciones de personalización para nuestro personaje o para el propio vehículo. Absolutamente todo pasa por repartir felicidad allá donde vamos.

Siempre hay algo que hacer en alguna parte
Pero la cosa no consiste sólo en viajar. También hay cosas que hacer en todas partes. La más básica de todas, acudir a los distintos pueblos y lugares para obtener materias primas: frutas, verduras, flores… Todos los lugares del juego tienen su propio producto que recolectar, por lo que siempre viene bien pasearse por todas partes con cierta frecuencia. Esas materias sirven a veces para completar algunos de los encargos de nuestros vecinos, pero también sirven como ingrediente para fabricar cosas.
Aquí es donde entra el interior de la caravana. Comenzamos sin gran cosa, pero las monedas de gremio nos ayudan a desbloquear cosas como una encimera de cocina, un horno, un fogón, un telar o una máquina de coser. A partir de ahí, ya de lo puedes imaginar: nos esperan múltiples recetas culinarias o textiles para seguir cumpliendo las tareas de los vecinos o para aumentar más si cabe las opciones de personalización de nuestro personaje.
El alma de Cozy Caravan
Uno de los grandes logros de Cozy Caravan, en su modesto planteamiento, es conseguir que nos apetezca hacer todas esas tareas, y no sólo por seguir consiguiendo felicidad o mejoras que nos ayuden a avanzar. Su mundo está lleno de alma gracias a sus personajes. Encajan a la perfección con el tono del juego: son adorables, son carismáticos y los diálogos casi siempre esconden líneas que nos sacan una sonrisa, por divertidos o por entrañables. No son meros NPCs a la espera de ser complacidos por nuestro trabajo: son la tía Magdalena, Morty el de las calabazas, G.O.A.T. la estrella de la música, o el escurridizo Flossy.
Más allá de los personajes clave de cada zona, hay algunos de ellos que nos mandan misiones recurrentes que acaban cobrando mucho protagonismo. Recoger basura de un lugar, pastorear a las abejas para que vuelvan a su redil, ayudar a los hijos de Don Brincos a volver a su estanque, preparar una cama de paja para que la cabra se vuelva a tirar (sí, la referencia está muy clara) o recoger autoestopistas por el camino son eventos aleatorios que suceden con frecuencia a lo largo del camino y que nos añaden estímulos motivadores de forma muy sencilla y efectiva.

Un ritmo excelente que se resiente al final
Artísticamente, Cozy Caravan es un sobresaliente. Y no sólo, ni principalmente, por su adorable propuesta visual. La banda sonora es el ejemplo perfecto de «menos es más». A lo largo del camino, las melodías que podemos escuchar se cuentan con los dedos de las dos manos, y sobra alguno. Y es que no le hace falta más. Todas ellas se acaban metiendo en la cabeza, haciéndose familiares y convirtiéndose en parte indispensable de nuestro viaje. El trabajo realizado en este aspecto es realmente excelente, y alcanza su clímax de manera sencilla pero brillante en los compases finales del juego. Si jugáis hasta el final, entenderéis a qué nos referimos.
Sin embargo, es justo en estos compases finales de las alrededor de 10-12 horas que dura el juego donde más se resiente. En primer lugar, por el rendimiento. A medida que avanzamos, el pop-in de objetos y las caídas de FPS se van volviendo más frecuentes, y en algún que otro momento rozan la congelación total. Por otra parte, en cierto momento, nos encontramos con tareas pendientes que no se señalizan correctamente en las postales del mapa, por lo que existe el riesgo de no saber dónde hay que ir para poder avanzar. Y el modo foto del juego funciona bien dentro de él, pero si jugamos en modo sobremesa, se guardan mal en el álbum de la consola. Si bien estos contratiempos no han sido suficientes para estropear del todo nuestra experiencia con el juego, son dignos de mención.
Cozy Caravan – Nintendo Switch. Las maravillas de un camino relajado
Cozy Caravan no consiste en una lista interminable de tareas con mucho cuerpo y poco alma. Cada misión, principal o secundaria, acaba convirtiéndose en una nueva ocasión de conocer un poco más a sus entrañables personajes. Porque lo más importante no es completar una lista de checks para pasar a la siguiente misión, sino poner de nuestra parte para que aquellos que comparten camino con nosotros puedan irse a dormir con una sonrisa en la cara. Y, sobre todo, disfrutar del camino como lo que es: una oportunidad de mejorar nuestra relación con los que nos rodean.
Hemos analizado Cozy Caravan gracias a un código digital proporcionado por Plan of Attack. Versión analizada: 1.1.0.20428





