No Straight Roads

Análisis No Straight Roads – Nintendo Switch. Partiendo la pana, repartiendo leña

4, 3, … Dale duro

No Straight Roads
Fecha de lanzamiento
25 agosto, 2020
Número de jugadores
1 - 3
Idiomas
Español, inglés, francés, etc.
Tamaño de la descarga
4.79 GB
Nuestra puntuación
84

Por un lado, una gran empresa tiene los recursos necesarios para hacer grandes juegos, que sean portentos técnicos y maravillas jugables. Sin embargo, el hecho de tener que rentabilizar sí o sí su producto en determinada medida, le lleva a tomar unas decisiones que coartan las libertades creativas de sus desarrolladores en pos de incluir una serie de mecánicas y características que permitan su adecuada monetización y aceptación en el mercado. Por otro lado, un estudio indie tiene plena libertad para hacer el juego que quiera, sin preocuparse especialmente por si este va a ser un éxito de ventas o no, pero no tiene los recursos suficientes como para ofrecer un producto tan pulido y tan ambicioso como los de un gran estudio. En esta dicotomía se mueve el estudio Metronomik, con Wan Hazmer (jefe de diseño del juego en Final Fantasy XV) y Daim Dziauddin (artista conceptual en Street Fighter V) a la cabeza, pues si bien cuentan con la libertad de no tener a nadie que te imponga limitaciones en tu juego, la ambición desmedida con la que han desarrollado No Straight Roads ha propiciado que nos hayamos encontrado con algunos aspectos poco pulidos o muy mejorables en algunos casos. Con todo, la obra rezuma carisma y personalidad, dejando por el camino una aventura impresionante donde la música es la gran protagonista. Basta de introducciones, ¡que empiece el show con nuestro análisis de No Straight Roads!

 

 

¡Es hora de rockanrolear, Zuke!

No Straight Roads nos pone en la piel de Mayday y Zuke, dos músicos independientes que inician una revolución contra el imperio NSR por vetar el rock, su pasión, en Vinyl City. La historia tiene su principal inspiración en Monstruos, S.A. planteando una ciudad cuyo suministro eléctrico viene dado por la música interpretada por los artistas de cada distrito. Sin embargo, hay apagones constantes por toda Vinyl City y el gobierno se niega a abrirse a otros estilos musicales que no sea la música electrónica para cubrir toda la demanda energética. No se puede decir que la historia sea la más original del mundo, pero siempre estamos interesados por saber más gracias a un guión que sabe manejar bien el ritmo y a un humor descacharrante que no deja de sacarnos carcajadas durante todas las horas que nos dura la aventura. Además, la historia nos deja un par de perlas sobre la situación que han podido vivir los miembros del estudio que vinieran de una gran desarrolladora, similitudes aquí y allá, vaya, así como la actitud de ciertas personas ante situaciones que amenacen su posición de poder o sus expectativas con sus ídolos.

 

En el apartado jugable nos encontramos ante un plataformas de acción en tercera persona. Tenemos un hub principal, la propia Vinyl City, desde el cual accedemos a los distintos niveles del juego y que podemos explorar en busca de potenciadores y energía con la que reparar las infraestructuras, de forma que ganamos seguidores, lo que nos permite mejorar nuestras habilidades en nuestra guarida. Cada uno de los niveles del título está formado por varias secciones que nos enseñan cómo van a ser las mecánicas del jefe final que nos encontremos al final del mismo. Los controles son bien sencillos, con un único botón para cada acción, pero que en ningún momento transmiten la sensación de estar poco trabajados. Esto lo consigue creando una gran variedad de situaciones. Nunca sentimos que estemos repitiendo algo que ya hayamos hecho anteriormente. Cada tramo de todos los niveles se siente único y nuevo.

 

¡Ey, tú, Tatiana! ¿Quién te dio derecho a llamarme chata?

 

Los principales culpables de tener esa sensación constante de descubrimiento son los jefes finales, unas gigantescas maravillas que son lo mejorcito, por poco, que tiene No Straight Roads. Para empezar, tenemos su diseño, único para cada uno de estos personajes y bien diferenciado del resto. Luego tenemos sus estrafalarias personalidades, a juego con su diseño bizarro, y, de nuevo, el guión, capaz de explotarlos a todos y cada uno de ellos, con sus comentarios y trasfondos. Sin embargo, lo que termina de conquistarnos son sus mecánicas y el reto que supone vencerles. En toda nuestra aventura solamente hemos derrotado a un jefe a la primera, necesitando para los otros de varios intentos. Cada jefe es una experiencia distinta del resto, una constante sorpresa por la continua evolución de sus mecánicas y patrones.

 

Completar el juego nos ha llevado aproximadamente 6 horas, pero eso tan solo es la primera vuelta. Al superar cada nivel se nos da una puntuación en base al tiempo que hemos tardado, al daño recibido, al número máximo de combo que hemos realizado y a los puntos de devolución que hemos conseguido. Por tanto, siempre podemos volver a jugar ese nivel para conseguir el mejor rango. Y no sólo eso, nuestra aventura la jugamos en modo normal, pero podemos volver a enfrentarnos a cada jefe en dos niveles de dificultad mayores que desbloqueamos de forma progresiva, algo ideal para quien busque un desafío aún más exigente, y dos dificultades adicionales que cambian el planteamiento de los combates que desbloqueamos al pasarnos el juego, primero una y la segunda, más difícil que la anterior, al completar la primera.

 

Adicionalmente, toda la aventura se puede jugar junto a un amigo en modo cooperativo, esto es una persona controlando a Mayday y la otra a Zuke. Si os decantáis por jugar así, sabed que el reto escala, es decir, que si un enemigo antes caía con un golpe de la guitarra de Mayday ahora lo hace con dos. Además, al tener la misma cámara para ambos y tener que moveros por el mismo escenario hace que se necesite una buena sincronización entre los dos jugadores si se quiere completar el nivel, especialmente en las secciones contra los jefes finales. Si uno de los dos personajes cae, la partida se acaba, y esto vale tanto si jugáis en compañía o en solitario. No obstante, No Straight Roads cuenta exclusivamente en Nintendo Switch con un modo de asistencia para que jueguen hasta tres personas en el que un jugador controla a un asistente que ayuda al resto de jugadores, algo ideal si veis que el reto escala demasiado controlando cada uno a un personaje.

 

No Straight Roads

 

Si antes hemos dicho que los jefes finales eran lo mejor de No Straight Roads pero por poco es porque la banda sonora no se queda atrás. Metronomik ha colaborado con un elenco de talentos musicales que incluye a Falk Au Yeong, Andy Tunstall, Funk Fiction, Masahiro “Godspeed” Aoki, Az Samad, Clyde Rabatel y la Video Game Orchestra, para dar lugar a una banda sonora dinámica que acompaña a la perfección todo lo que vemos y hacemos en pantalla y que resulta ser el estimulante perfecto para no despegarnos de los mandos hasta que nos hayamos pasado el nivel, y el juego entero ya puestos. El reto era importante dada la variedad de estilos musicales presentes en el título, pero os podemos garantizar que todos los temas presentes en el título son de una calidad sobresaliente. Toda una delicia para nuestros oídos, sean cual sean nuestros gustos. Y para muestra, el tema principal del juego y el tema de la batalla contra SAYU. Sí, lo reconocemos, hemos estado escuchando algunos temas del juego mientras escribíamos este análisis.

 

 

 

¡Luces (y sombras), cámara y acción! ¡Dentro música!

Pero como os hemos dicho en la introducción del análisis, no es oro todo lo que reluce, y No Straight Roads presenta un par de aspectos que destacan también, aunque no precisamente por sus virtudes. Lo más evidente es su resolución, siendo esta mucho menor de lo que nos hubiera gustado. En modo televisión alcanza como máximo los 720p aunque a veces cae a resoluciones algo menores. No es la mejor resolución del catálogo de la consola, pero podemos decir que está más o menos bien apañada. Es en modo portátil donde tenemos el problema. Por norma general el juego se mueve a 480p pero nos hemos llegado a encontrar caídas hasta los 360p, haciendo que toda la escena se vea realmente pixelada. Si sois poseedores de una Nintendo Switch Lite esto puede ser un motivo de inflexión para decidir si comprar el juego o no. Aquí os dejamos una imagen comparativa de ambos modos en la que presentan sus resoluciones medias.

 

      Portátil / Sobremesa

 

Ojalá ese fuera el único problema de No Straight Roads. Como bien hemos dicho, ser un estudio indie hace que no se pueda llegar a los niveles de pulido de una gran superproducción, y en una obra tan ambiciosa como esta, provoca que afloren sombras que afean el conjunto. Para empezar, tenemos los gráficos, que, si bien brillan en las cinemáticas y la expresividad de los personajes, presenta algún que otro bajón técnico en los fondos o en ciertos detalles del escenario que sólo se explica porque se quedaron sin presupuesto para retocarlo. De igual forma, el popping puede hacerse muy molesto en Vinyl City si avanzamos por ella a toda velocidad. Además, nos hemos encontrado un par de bugs controlando a los personajes por fallos en las colisiones de físicas, que si bien no nos han estropeado nada nos deja la sensación que, de nuevo, faltan aspectos por pulir. Eso sí, no podemos ponerle ni una sola pega al framerate, llegando a alcanzar los 60 fps y manteniendo siempre su tasa de imágenes por segundo estable, independientemente del nivel o la acción que puede estar transcurriendo por pantalla. Framerate y resolución, las gallinas que entran por las que salen.

 

Por último, nos toca hablar de la traducción, pues No Straight Roads nos llega con textos y voces en español. Eso sí, aquí el estudio ha optado por una traducción en español neutro, es decir, las voces están grabadas en Latinoamérica, pero con una traducción que se acerca más a cómo se habla en España que a cómo se habla allí, disimulando en mayor o menor medida y con mejor o peor fortuna los acentos de los actores de doblaje. Puede chocar un poco al principio, pero se nota que el doblaje está hecho por profesionales y en nada no sólo nos hemos acostumbrado a ello, sino que nos ha encantado, dando una capa de personalidad adicional a Mayday, Zuke y al resto del reparto. Eso sí, lo que dicen los personajes no siempre coincide con lo que vemos en los subtítulos, lo que puede suponer una pequeña molestia. Siempre existe la posibilidad de poneros el doblaje en japonés, inglés o francés. Nosotros hemos probado también el doblaje japonés rejugando algunos jefes y también ofrecen una interpretación excelente, aunque el ritmo de los textos no cuadre con las voces. Nuestra recomendación es que pongáis los textos y las voces en español, es la interpretación que más nos ha gustado, y que omitáis los subtítulos, aunque esto sólo valga para las cinemáticas.

 

No Straight Roads

 

No Straight Roads – Ha nacido una estrella

No Straight Roads es un juego de autor, es una obra donde el estudio responsable se ha sentido libre para hacer lo que quería. Y se nota. Todo el juego transmite la ilusión y la pasión con la que los desarrolladores han trabajado cada detalle. No es perfecto, las voces y los textos no están bien sincronizados, y se pasa de ambicioso, provocando que algunos aspectos no hayan estado todo lo trabajados o pulidos que deberían. Además, al ser Nintendo Switch la consola menos potente, tenemos el hándicap adicional de la resolución. Pero a la hora de la verdad, cuando echas la vista atrás para recordar lo que has vivido jugando a este título sólo te acuerdas de lo emocionantes y complicados que eran los estrafalarios jefes finales, lo divertidos y expresivos que eran Mayday y Zuke, y el buen musicote que en todo momento nos ha estado acompañado en nuestra revolución musical. Es cierto que a veces desafina más de la cuenta, no podemos ponerle un sobresaliente por ello, pero estas fallas nunca consiguen eclipsar la pasión contagiosa de sus desarrolladores y sus múltiples aciertos, pues al final lo que tenemos, y con lo que nos quedamos, es con una gran aventura de acción indie, muy variada y con un espíritu rockero que no le cabe en el pecho.

 

No Straight Roads

Hemos analizado No Straight Roads gracias a un código digital cedido por Nintendo. Versión analizada 1.0.1

No Straight Roads
Ha nacido una estrella
No Straight Roads es una gran aventura musical, un arcade en el que batirnos en duelo con enormes y desafiantes jefes finales, terminar el combate apenas pudiendo ponernos en pie para acto seguido levantarnos y pedir un bis. Un título electrizante y muy cañero, algo ensombrecido por un apartado técnico por debajo de lo esperado en cuanto a resolución y ciertos detalles, pero con un espíritu y un alma que ya quisieran para sí mismas muchas superproducciones. El escenario, y nuestras Nintendo Switch, tiemblan con el musicote bien perrón de Mayday y Zuke, ¡con el arte de Bunk Bed Junction!
PROS
Los combates contra los jefes finales son únicos, sorprendentes, muy desafiantes y rejugables
La banda sonora es una auténtica delicia compuesta por temas de una gran variedad de estilos musicales
Todos los personajes principales desprenden carisma y personalidad
CONTRAS
La resolución es baja en modo sobremesa y alarmante en modo portátil
La jugabilidad y los gráficos no están todo lo pulidos que nos gustaría
La desincronización, tanto textual como temporal según el idioma escogido, de voces y textos puede llegar a molestar
84