Los videojuegos independientes son la principal fuente de ideas revolucionarias en lo que respecta a esta industria hoy en día. Mientras las grandes compañías tratan de maximizar sus beneficios desarrollando juegos clónicos pertenecientes al género de moda, o utilizan triquiñuelas varias para obtener dinero de los compradores durante los meses posteriores al lanzamiento de su juego, una serie de estudios pequeñitos simplemente quiere hacerse un hueco en este mundo con sus modestos títulos. Esta debe ser la visión de los cuatro desarrolladores que, en colaboración, han dado vida a Minit, la pequeña aventura que hoy analizamos.
Sesenta segundos para salvar… ¿La fábrica?
Minit no tiene una historia profunda ni emocionante, ni siquiera épica. El título te lanza en mitad de un mundo en blanco y negro (que no en escala de grises), dentro de una pequeña casita, y te da el control del personaje principal. En cuanto comienzas a explorar el lugar te das cuenta de que el único camino posible es uno que te lleva hacia una espada, cómo no. A partir de ahí, un personaje te aconseja que vayas corriendo a la fábrica de espadas, y esa es la premisa argumental principal de Minit. Simple y concisa. A jugar.
Lo primero que viene a la cabeza en cuanto comienzas a jugar a Minit es que la influencia de los Zelda clásicos es más que evidente en este título. Una vista aérea, una espada y, por qué no, enemigos con forma de cangrejo. Sin embargo, Minit va más allá y centra su base jugable en un temporizador de sesenta segundos, tiempo en que debemos avanzar todo lo que podamos, pues pasado un minuto fenecemos y volvemos a nuestra pequeña casita. Para llegar más lejos en este mundo bicolor es necesario recoger algunos objetos que nos ayuden a superar obstáculos y que, una vez obtenidos, pasan a formar parte de nuestro inventario, aunque perezcamos en el camino. Esto y la existencia de más de un lugar en el que reaparecer a lo largo y ancho del mundo es la forma en que los desarrolladores otorgan ritmo a la aventura, haciéndote quedar pegado a la pantalla de tu Nintendo Switch desde que la comienzas hasta que la terminas.
Los objetos necesarios para completar Minit pueden obtenerse por mera exploración del mundo que culmine con la completitud, por pura casualidad, de la misión que nos encarga alguno de los NPC. No obstante, la forma más sencilla averiguar qué hacer en cada caso es hablar con el personaje adecuado y cumplir con sus aspiraciones. Es una buena forma de reconducir al jugador si en algún momento se queda encallado, cosa lo que puede ocurrir fácilmente si no eres una persona demasiado experimentada con los videojuegos.
El apartado sonoro de Minit es muy acertado, con ritmos electrónicos acelerados que ayudan a mantener el tono de velocidad que el juego exige. Realmente la banda sonora te mantiene prestando atención, y los efectos de sonido están implementados de forma correcta, a pesar de no sobresalir especialmente. Algo preocupante en este aspecto es la presencia, al menos en la versión de Nintendo Switch, de un bug bastante grave, y es que a mitad de partida me quedé totalmente sin sonido, no solo en cuanto a la música sino también respecto a los efectos de sonido. Tardé unos minutos en darme cuenta, pues estaba muy metido en la aventura, y además pensé que era algo pasajero y que formaba parte del título, pues un NPC que se encuentra en un bar me dijo al hablar con él algo así como “ojalá hubiera música”. Pero no, era un bug como una catedral.
Una experiencia de contrastes
No hay que ser un lince para darse cuenta de que Minit apuesta por un apartado artístico realmente modesto aunque agradable a la vista. Como ya he apuntado, el título transcurre en un mundo en blanco y negro, y aunque podríamos denominarlo “un píxel art de punto gordo”, la aventura da la sensación de haberse diseñado con mucho cariño. Al fin y al cabo, otras obras como Undertale apostaron por esta clase de estilo artístico, y se convirtió en uno de los títulos más laureados del año en que se lanzó. Bajo mi punto de vista no se necesita nada más detallado para un juego de estas características.
Minit constituye una experiencia interesante. Su planteamiento es genial, aunque no es la primera vez que vemos algo similar, pero siempre es bueno ver cómo las desarrolladoras deciden jugar con el tiempo y crear una mecánica alrededor de él. Sea como fuere, para mí el problema es que esta premisa queda desvirtuada en el momento en que dejar pasar esos 60 segundos y morir no constituye ningún problema. Simplemente vuelves a intentarlo y lo más probable es que finalmente consigas tu objetivo. No hay tensión, pero es cierto que Minit no trata de ser un juego complicado, y se nota que se centra en el concepto y la diversión por encima de todo. Su duración de, aproximadamente, una hora y media, me resulta bastante correcta, aunque podría durar un poquito más. Sin embargo, si tras completar la aventura nos hemos quedado con ganas de más, podemos intentarlo con el modo “Nueva partida +” que se desbloquea una vez finalizamos el juego.
Minit – Prueba y error en un mundo bicolor
Minit es uno de esos títulos que llevaba tiempo esperando. No tenía unas expectativas excesivamente altas hacia él, y se podría decir que ha cubierto todo lo que esperaba que fuera. Una aventura cortita, simpática, con una dificultad más bien baja y que me hiciera pasar una tarde agradable. Es cierto, su mecánica principal está resuelta de forma bastante elemental y que el juego podría dar más de sí mediante un giro de tuerca de su premisa básica. Pero entonces ya no sería Minit, sino otra cosa totalmente distinta. Me gusta Minit tal como es, con sus más y sus menos, y aunque el bug que me dejó sin sonido durante la segunda mitad del juego me parece imperdonable, el hecho de que llegara a pensar que era parte de juego me parece representativo del grado de sorpresa que la obra puede generar. Bravo por Minit, bravo por Devolver.














