Viviendo en una sociedad en la que las empresas tienden cada vez más a no tocar según qué temas para evitar polémicas, es por todos sabido que el nacimiento de obras disruptivas como South Park, escasea últimamente. Sin embargo, eso no impide que de vez en cuando veamos a creadores de diferentes industrias apostar en sus proyectos por el humor negro y por hacer de la falta de respeto o de lo políticamente incorrecto, su seña de identidad. Sí, quejas no van a faltar, pero a mi ver, hay que saber separar a los autores de sus obras y pienso que la posibilidad de poder crear algo grotesco, que con sus burradas sea capaz de dejar caras descolocadas o de sacar risas inesperadas, tiene su encanto. Es por ello que en el día de hoy os traemos un análisis de la versión híbrida de NetherWorld, una propuesta la mar de gamberra de la española Hungry Pixel, que se ha ganado su PEGI 18 con todas las de la ley.
Cuando levantarse con tres pies izquierdos se vuelve posible
NetherWorld nos pone en los tentáculos de Medoo, una especie de medusa extraña de color negro que es un poco gafe. Tras una crisis matrimonial, su mujer le abandona y es ahí cuando, al ver que no quedaba alcohol en casa con el que ahogar las penas, decide arrastrarse hasta el bar más cercano para ponerse como una cuba con vodka. No obstante, esa decisión hace que su vida dé un giro impredecible, pues por ello se acaba cruzando con Cubick, un mago cocainómano. ¿Va a ser capaz de encontrar a su esposa en un mundo decadente, oscuro y lleno de criaturas un tanto desagradables? ¿Qué le espera en un viaje acompañado de gente zumbada? ¡Descubrirlo está en tus manos!
En líneas generales, si bien la trama no es precisamente profunda y a menudo, entre tanta locura y elementos turbios, no se toma en serio a sí misma, me pareció entretenida, hay personajes con carisma y pienso que lograron plasmar con destreza lo mal que está la cosa en el mundo que crearon. Por cierto, en el primer párrafo de la reseña, comenté que se ganaron el PEGI 18 con creces y no lo dije por decir. Aparte de drogas y alcohol por un tubo, al cóctel de lo polémico podéis sumarle BDSM, síndrome de Estocolmo, parricidio, violencia extrema, niños sociópatas, competiciones de borrachos, orgías, misiones obligatorias de moralidad cuestionable, lenguaje vulgar (aunque llevado con gracia, sea dicho), zoofilia, curas que nunca deberían poder acercarse a una guardería, prostitutas emprendedoras, racismo… Puedo seguir poniendo ejemplos, pero dejémoslo en que si hubiera una Pokédex con lo que te puede cancelar hoy día, el juego desbloquea el «Amuleto Iris» en dos tardes. Es posible que ahora alguno se pregunte cuánto dura esta propuesta y como siempre, eso depende de tu forma de avanzar; se puede alargar si intentas reunir todos los accesorios coleccionables y las armas opcionales o tratas de completar las secundarias, mas lo habitual es que el tema gire en torno a unas 10 horas.
Una misión de búsqueda entre borracheras y rayas de «polvos mágicos»
Jugablemente estamos ante juego de acción y aventura en 2D, en el que no se puede saltar y que reserva sus combates a los enfrentamientos contra jefes o para encuentros puntuales en los que el protagonista debe aguantar oleadas de enemigos menores. Es importante mencionar que, aunque no es especialmente difícil a nada que te aprendes los patrones de turno, la movilidad en sí peca de sentirse un poco torpe a la hora de querer esquivar a enemigos, con escasez de acciones defensivas que te ayuden a no quedarte vendido a menudo; aparte de ser imposible saltar, no se pueden hacer las típicas volteretas con un instante de invulnerabilidad, no hay un «dash», no existe una postura que reduzca los daños que recibes, ni metieron una mecánica para «parries» o algo parecido. En otras palabras, las opciones de Medoo al pelear se reducen a apuntar con el «stick» derecho antes de disparar armas de fuego, recargar munición de forma manual, caminar, correr con la posibilidad de tropezarse, agacharse y lanzar objetos o mover palancas del escenario. Eso sí, hay que destacar que se esforzaron en meterle «gimmicks» a la mayoría de las batallas importantes, dando a veces hasta la sensación de que hay un pequeño puzle a resolver para salir victorioso de ellas.
En lo que viene siendo explorar e ignorando que nada te impide hacerlo con el personaje borracho o hasta arriba de setas, el mundo de NetherWorld está dividido por zonas y se puede viajar entre ellas a pata o a través de unos gusanos curiosos que prefiero no «spoilearos». Según vas hablando con gente y avanzando en la trama, nuestro protagonista toma notas con lo pendiente y es hasta gracioso ver que meten faltas de ortografía a propósito o anotaciones escuetas para que quede más creíble el asunto. No obstante, no es oro todo lo que reluce, porque no es raro que el juego sea obtuso con lo que debes hacer para seguir con la historia principal. Por poner un ejemplo, en una ocasión hay que conseguir un látigo para poder entrar en un sitio sadomasoquista de una discoteca y sin dar pistas de dónde leches sacar eso, dan por hecho que los jugadores se van a acordar de un personaje irrelevante de un burdel de hace dos ciudades, el cual apenas posee un par de líneas de diálogo.
Siguiendo el hilo previo, se presenta la garrapata Joe. Este aliado robótico de Medoo es capaz de colarse por huecos pequeños que llevan hasta mini mazmorras generadas de forma procedural, las cuales consisten en encontrar un cofre del tesoro mientras enfrentamos amenazas saltando, disparando un rayito láser o empleando un escudo. Aparte de ser necesaria para eventos concretos, es el método principal de obtención de dinero y da acceso a armas o a multitud de accesorios coleccionables para que personalicemos nuestra apariencia. Ya para terminar con la sección, falta mencionar la presencia de un minijuego de tener sexo con «quick time events» a lo God of War, duelos de disparos y concursos de borrachos, en los que gana el primero que, esquivando lo que baja la cogorza, se ponga pedo tomándose las bebidas alcohólicas que sirva el camarero de turno.
La belleza de lo indecente sigue presente
Pasando al apartado visual, NetherWorld pone sobre la mesa un pixel art resultón repleto de cosas grotescas, pero irónicamente, hecho con mimo, detallado y con una variedad de escenarios y de personajes destacable, que vienen junto a «sprites» que mejoran la expresividad de las conversaciones. Además, de cara a la gente más sensible o para creadores de contenido que no quieran ser baneados, introdujeron un modo SFW, que pone el png de una fruta tapando asuntos delicados. En cuanto al rendimiento, mientras jugaba en una Nintendo Switch 2 no tuve ningún problema de framerate, «stutters» o similares. Sin embargo, la experiencia no se quedó exenta de bugs; sufrí varios «crasheos» durante la partida y por motivos que se me escapan, hubo dos ocasiones en las que el juego se saltó eventos, dejándome un poco descolocado durante unos minutos.
Por su parte, la banda sonora, aun sin ser demasiado extensa, logra mantener el tipo y está bien acompañada de un surtido de efectos sonoros que consigue que la aventura sea más inmersiva. Asimismo, como tal no metieron actuaciones de voz en la fórmula, pero sí que se molestaron en implementar sonidos cuando alguien habla, insuflando con ello una capita extra de vida para el elenco tanto principal como secundario.
NetherWorld – Nintendo Switch. Una desventura en la que la moralidad se fue de sabático
En definitiva, NetherWorld es un juego de acción y aventura en 2D, al que no le tiembla el pulso a la hora de mostrar un mundo decadente y oscuro, repleto de personajes variopintos, elementos grotescos y asuntos de moralidad cuestionable. Si tienes estómago, más de 18 años y el humor negro no te espanta, tu estantería pide a gritos este chupito.













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