Siempre es difícil empezar algo desde cero, e incluso teniendo alguna base de antes, aún se tiene ese temor a la página en blanco. Esto que estás leyendo no es solo el análisis de Tomodachi Life: Una vida de ensueño, sino que también es el primero que hago. Para aquellos que sigáis con frecuencia todas las presentaciones a las que asistimos, ya sabréis que los juegos cozy son mi talón de Aquiles, así que no puede haber mejor juego para estrenarse. Aunque se supone que son para jugarlos con tranquilidad, no he podido evitar darme un pequeño vicio, puesto que tenía un gran cariño a su predecesor de 3DS. Quién nos iba a decir que tendríamos el «Gran Hermano» de bolsillo de vuelta después de tanto tiempo. Seguro que más de una persona dio un grito de alegría al ver su anuncio.
Mientras lo estaba jugando, le he dado muchas vueltas a la cabeza pensando en como enfocar este análisis y ya que, al igual que mi Mii, me enfrento a algo por primera vez. ¿Y si es el propio Mii quién os cuenta su viaje dentro de la isla? ¿Cómo ha sido ser el primero de lo que puede ser una gran comunidad? Así que, con la ayuda de quién ha dado el primer paso en esta aventura llena de risas, lloros, comida y situaciones que solo ocurren en sueños, os doy la bienvenida al diario de Miguel y su vida en la Isla Altamira.
Diario de un erial
Querido diario, hoy es mi primer día en isla Altamira. Tenía muchas ganas de poder salir a tomar el aire y no quedarme en un mero apartado de la configuración de la consola. Antes de ver el sol, pasé por el apartado de creación y personalización. Como ya estaba creado de antes fue bastante fácil acabar mi diseño, pero aún así me estuve probando distintos peinados, caras, ojos, etc. Y no veáis, es una locura en comparación con otros lugares con personalización a los que he ido, este se lleva la palma. Incluso si no encuentras lo que necesitas, puedes dibujarlo encima de la cara (aunque luego quede raro al verlos de perfil).
Después de eso me pusieron voz y personalidad en base a las características de mi yo real. En mi creación incluso podía elegir mi genero y mis intereses románticos, pudiendo ser estos ninguno. Aparte se puede poner si alguien del resto de residentes tienen algún vínculo familiar, aunque no haya visto que afecte mucho a parte de alguna noticia salvaje.
Bueno, una vez ya creado y mi casa colocada me di cuenta de una cosa, esto está desierto, solo estoy yo. De momento iba siendo feliz con Maestro (él mismo se puso el nombre), el ser omnipotente que nos da y ayuda cuando lo necesitamos. A su vez nosotros, como muestra de gratitud, le damos dinero y arrumacos que puede usar para desbloquear nuevos regalos para darnos, interiores de casa o mobiliario urbano, entre otras cosas.
Aquí me tenéis, tan relajado y hablando de cosas vitales para la prosperidad de la isla
La isla se va animando
Ya cansado de estar solo con un supermercado, Maestro decidió ir metiendo a más gente a la isla. Según iba viniendo gente más comercios abrían sus puertas. Una tienda de ropa, el centro de reformas o el taller de diseño, que en el futuro ya me pararé a hablar de él, que tiene mucha miga.
Por fin todo iba creciendo, aparecían caminos y, lo más importante, pude hacer amigos. Hubo un momento en que se amplió el territorio de la isla y así tener más espacio para construir. Mientras todo esto, estuvimos pidiendo a Maestro todo lo que necesitábamos, ya sea comida, ropa, que nos presentase a alguien o que jugase con nosotros. Creo que se cansó del juego de “no repetir comida”, a lo mejor se lo hicimos mucho. En fin, seguro se divertía, al fin y al cabo conseguía regalos por ganar (regalos que le servían para regalarnos a nosotros).
Interactuamos mucho con él, si bien es verdad que él nos daba el tema del que hablar, sin ningún filtro para que no digamos ciertas palabras, siempre hacíamos las mismas charlas a la hora de reforzar la amistad con otra gente. Es cierto que siempre empezamos todo con buen pie, nunca hay malos rollos a la hora de conocernos. Aquí reina la amistad. Pero, quizás repetir lo mismo para conocer gente se hace aburrido, pero lo puede saltar para no verlo. La opción ahí está.
Uno de los edificios que desbloqueas es el estudio fotográfico, donde puedes juntar a varios isleños y
hacerles una foto todos juntos. La de la izquierda se la dedico a mi grupo de gente guay.
Un Maestro con poco arte
Yo espero que Maestro, aquel que tanto nos ayuda, no lea este diario, porque puede que esta parte no le guste y me dé haggis para comer. Es cierto que, a base de arrumacos, puede ir desbloqueando varios suelos y mobiliario urbano, e incluso algunos de temporada (en esta época era la primaveral). Todo esto lo podrá usar para decorar la isla, poner terreno y más. Pero esto es sólo la punta del iceberg.
Una de las cosas que puede desbloquear son mejoras para el taller de diseño, para así crear más tipos de creaciones: comida, ropa, tesoros, interiores, exteriores, mobiliario urbano y terreno. Centrándonos en lo que decía, lo de fuera, Maestro tiene de base para que cree diferentes formas y así solo tener que pintar encima. ¿Cuál es el problema? No tiene mucho arte. Y mira que lo intenta, pero no hay manera. Incluso tiene una opción para poner sellos que le da el propio editor y bastantes ayudas para hacerlo más cómodo, pero ni con esas. Menos mal que la gente de su mundo pone diseños y herramientas para que sea más sencillo crear cosas.
También con esto nos puede cambiar el diseño de la casa donde vivimos por lo que sea, crear regalos que darnos e incluso mascotas con las que pasar el rato o dar una vuelta con ella. Una de las cosas que oigo a Maestro es comentar que no puede compartir diseños vía online dentro del juego (sea lo que sea). Supongo que así le sería más fácil ponernos cosas chulas por la isla.
Me pasé 4 horas haciendo el 7 Wonders (juego de mesa que recomiendo siempre), pero el resultado
mereció la pena. Y mención especial a Nanao por pasarme el diseño del Borrador de Hacienda <3
Una isla para hacer amistad (y cotillear)
Nosotros no paramos quietos, siempre estamos haciendo algo. Haciendo amistades, pasear, jugar y enamorarnos. A veces hasta queremos vivir juntos, así que la casa antigua desaparece y nos mudamos a un bloque de apartamentos y, quien sabe, puede surgir el amor entre esas paredes. Claro, que también podemos dar el siguiente paso y casarnos, como hice yo (ainss, qué boda más feliz). Y más tarde tener un bebé, pero de momento no tengo de eso. Aunque unos vecinos si, y no veáis que rápido crecen.
Y yo creo que con esta feliz noticia termino mi diario, pero no mi estancia en la isla. Aquí me lo paso muy bien con el resto de la gente. Hay mucho que hacer cada día, como pasear, jugar con otros y dormir. De comer y vestirnos ya se encarga el mandamás. Nuestro trabajo es darle el dinero y los arrumacos para que nos compre muchos regalos.
Sé que Maestro nos cuidará bien, creará cosas (de dudosa calidad) e invitará a más gente a unirse a esta nuestra comunidad isleña. La locura no hace falta que la ponga él, eso nos viene de serie. Sólo espero que vayan llegando nuevas cosas a nuestro hogar y no se olvide de nosotros, que sin él no somos nadie.
Podría poner cientos de imágenes de las locuras que ocurren en la isla, pero mejor descubrirlas por uno mismo
Conclusiones de Maestro
Obviamente, no he podido evitar leer este diario, ya que he sido yo quién le ha metido en este lío. Así a primeras tiene razón en todo lo que dice. Aunque bueno, es verdad que no tengo mucho arte, pero lo poco que he hecho está creado con mucho cariño, que eso luego no lo dice. A veces es cierto que me piden de jugar: adivinar el Mii por la silueta, saber que objeto es con un zoom en él o hacer girar la noria hasta que esté abajo. Luego está el de no repetir comida, como dijo mi Mii, que… Uff, les gusta demasiado.
En cuanto a la decoración, digamos que tiene mucha y poca a la vez. El propio juego nos da bastante para desbloquear, pero se siente como que faltan cosas. Quizás esto lo hubiesen querido complementar con la total libertad que tenemos para crear de todo. Pero algo que si se me ha quedado corto son los objetos que les regalas al subir de nivel, ya que con esos tienen más interacciones dentro de su mundo. Entre ellos hay un balón de fútbol, maracas o DVD de baile; pero solo hay ocho de estos regalos y no hay cosas lógicas como una caña, que estamos en una isla por favor.
Y esta total libertad, de la que he hablado, a lo mejor no es tan buena, puesto que los vídeos y capturas que hagamos no los podremos pasar a nuestros smartphones, como hacemos de normal. Para ello tenemos que sacar la microSD (quién la tenga) o conectar la consola con un USB a un ordenador. Junto a esto supongo que este es el motivo por el cuál no haya conexión online o alguna forma de compartir Miis o diseños a gente de todo el mundo. Poderse, se puede hacer, pero solo de forma local. ¿Sentido? Alguno tendrá.
Tomodachi Life: Una vida de ensueño – Todo por el bienestar y el cotilleo
Empecemos la recta final con una verdad, este juego no es para todo el mundo. Hay quién le gusta más ver cómo interactúan sus Miis y otros ver la novela que se montan. Está lleno de situaciones absurdas, de conversaciones que, aunque parezca que hayas visto todas, te sorprenden con más y sueños de lo más locos. Y si ellos mismos no hablan, llévalos tú, que para eso tienes el control de la isla.
No voy a mentir que, durante gran parte de la escritura de este análisis, he tenido el juego de fondo y he ido resolviendo sus peticiones o simplemente dejando el cursor sobre ellos y así veo su vida en la isla. Y eso si, no veáis como cascan, todo el día hablando están. Pero de cualquier cosa, ya sea las que pones tú mismo o de los propios objetos. Algunas interacciones con los objetos que les das son graciosísimas, las maracas son lo mejor. Pero también con el mobiliario, el caos que se montan ellos solos. Bueno, y no hablemos de las noticias diarias, eso es la locura total.
Tomodachi Life: Una vida de ensueño es infinito, pero se queda corto en algunos aspectos. Viendo tan buena recepción que ha tenido, solo esperemos que en el futuro vayan añadiendo más elementos al juego y no se quede en simples muebles estacionales. Si te gusta cotillear, decorar y estar en paz, este juego es para ti. Te vas a llevar más de una sonrisa y de momentos en los que sólo puedes reír.
Hemos analizado Tomodachi Life: Una vida de ensueño (versiones 1.0 y 1.0.1) en Nintendo Switch 2 gracias a un código de descarga proporcionado por Nintendo España.
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