Hace menos de medio año, cuando publicamos el análisis de Final Fantasy VII Remake: Intergrade, ya hablábamos de lo que supone la entrega original para la historia de los videojuegos. Me dejé en el tintero, eso sí, una parte clave de esa historia: fue el título que escenificó la ruptura entre Squaresoft (ahora Square Enix, tras la fusión con la compañía madre de Dragon Quest) y Nintendo. El tiempo ha pasado y las heridas se han ido cerrando, y para muestra, un botón. La empresa reina del JRPG está apostando fuerte por Nintendo Switch 2, y la muestra de ello es, justamente, ese intervalo de tiempo que menciono al principio del párrafo: menos de medio año. El tiempo que hemos tenido que esperar entre entregas para recibir Final Fantasy VII Rebirth en la híbrida.
Con Final Fantasy VII Revelation en la rampa de salida para el próximo año, se explican las prisas del estudio de desarrollo nipón para ponerse al día con sus entregas en la consola de los Joy-Con ratón. Al igual que hicimos con el análisis anterior, vamos a suponer que el lector de estas líneas llega aquí sin saber gran cosa del juego, que lleva en el mercado desde 2024, su año de lanzamiento en las demás plataformas de la generación actual. Acompáñanos en este viaje, el que nos demuestra que Midgar, por inmensa que parezca, es sólo una ciudad dentro del inmenso planeta que es Gaia.
El siguiente capítulo de una gran aventura
Si Final Fantasy VII Remake abarcaba la fase de la aventura que sucede en la ciudad de Midgar, Rebirth retoma los acontecimientos casi exactamente donde lo dejó el título anterior. Y digo casi exactamente porque hay cierto personaje que cobra bastante protagonismo en este título, mientras que su aparición en el juego original era testimonial (no por ello poco relevante). Ahorraré detalles para no hacer spoiler. La cuestión es que la acción en la distópica metrópolis queda atrás, y se abre ante nosotros un mundo inmenso: la tierra de Gaia. Este título supera por mucho en escala a su predecesor. Y eso tiene sus pros, y también sus contras.
Vayamos primero a los contras, que se cuentan más rápido. El inconveniente de tener un título de tal escala es que el rendimiento tiende a resentirse. Y si bien Nintendo Switch 2 aguanta bastante bien el tipo en lo esencial (FPS, resolución, estabilidad), palidece un poco más en aspectos como la distancia de dibujado y el pop-in de objetos. El movimiento por el campo abierto de Gaia hace que al juego se le vean las costuras técnicas. Al ser un tema meramente estético, no lastra en exceso la experiencia de juego, pero los más sibaritas podrían encontrar en esto un gran inconveniente.
Siempre hay algo que hacer en la Gaia de Final Fantasy VII Rebirth
Pasemos a aspectos más positivos, como el buen criterio con el que se ha llenado Gaia de cosas que hacer. Lo que en la entrega original era un yermo con combates aleatorios y algún que otro secreto (véase Yuffie, ahora personaje esencial en la trama), ahora es un inmenso mundo lleno de tareas. No es un mundo abierto, ni se acerca a serlo. De hecho, si se avanza en la historia principal sin atender demasiado a ciertas cosas secundarias, la oportunidad de volver atrás para hacerlas tarda un buen puñado de horas en aparecer. La progresión narrativa y de exploración es bastante lineal, pero no por ello es despreciable lo que se encuentra fuera de la línea principal.
Batidas de caza, búsqueda de protomaterias, investigación sobre invocaciones… Final Fantasy VII Rebirth está repleto de detalles que aprovechan la excelente oportunidad de enriquecer y expandir un mundo que ya en su entrega original presentaba un potencial extraordinario. Cada una de las distintas zonas que componen Gaia tiene diversos desafíos que nos permiten ganar experiencia, materias y materiales, conocimiento sobre la historia del planeta, y facilidades a la hora de obtener nuevas invocaciones para nuestro plantel. Mención especial a los chocobos, que se convierten en parte esencial de la exploración: cada zona tiene sus particularidades, y cada chocobo nos permite afrontarlas para que no nos dejemos ni un metro cuadrado sin escudriñar.
Novedades en el sistema de juego
Uno de los puntos a favor de Final Fantasy VII Rebirth es que no se limita a heredar los sistemas presentes en Remake. El sistema de combate, eso sí, sigue siendo el mismo, con acciones, armas, materias e invocaciones como pilares esenciales. Pero estos aspectos se amplían a través de todas esas opciones de exploración mencionadas anteriormente, pero también a través de un sistema de crafteo en el que podemos fabricar pociones y equipamiento a través de materiales recolectados a lo largo y ancho de Gaia. Este sistema tiene su propia línea de progresión en la que, a medida que avanzamos, desbloqueamos la opción de fabricar más cosas.
En cuanto a los personajes, cada uno de ellos cuenta con un árbol de habilidades en el que vamos avanzando a medida que ganamos experiencia. Estos árboles son personalizados, y cada uno cuenta con diversas mejoras: mejoras de atributos, acciones coordinadas… A medida que avanzamos en la aventura, el nivel de arma de los personajes va avanzando, y de esta manera este árbol va ampliando sus ramificaciones. Y puede reiniciarse en cualquier momento si queremos redistribuir los puntos de habilidad, con lo que otorga bastante flexibilidad estratégica al jugador. Ajusta a placer a Cloud, Tifa, Barret, Aeris, Red XII, Yuffie y Cait Sith.
Final Fantasy VII Rebirth es muy juguetón, quizá demasiado
Hay un aspecto muy notable en esta entrega, y es la cantidad de minijuegos que introduce. Brilla por encima de todos los demás el Sangre de la Reina, que hace buena esa máxima de que si hay un juego de cartas en un Final Fantasy, quizá podría gustarte más que el propio Final Fantasy. Con toda una jerarquía desarrollada, con rivales, tareas que cumplir para subir de rango, y una riqueza estratégica excelente, se trata de un minijuego con potencial para mantenernos enganchados durante horas. Y no está solo, hay un buen puñado más. Pero esto no es necesariamente bueno. Y es aquí donde aparece una de las losas más evidentes de Final Fantasy VII Rebirth.
Si bien hay que reconocerle a este título la valentía de probar cosas nuevas para enriquecer el material original, también hay que admitir que no siempre acierta con sus intentonas. En ocasiones, los diversos minijuegos se vuelven obligatorios para avanzar en la historia, lo cual provoca una irregularidad notable en el ritmo narrativo. Se trata de una historia con picos y valles muy pronunciados. Puedes pasar horas jugando minijuegos sin avanzar en nada relevante. Al mismo tiempo, hay tramos que logran una atmósfera realmente extraordinaria. El sabor de boca, en las alrededor de 40 horas en las que se puede completar la historia principal, queda a muy buen nivel a pesar de ello. Porque, y ahora vamos a ello, la reinterpretación de lo ya conocido se encuentra en cotas excelentes.
La nostalgia de volver a lugares conocidos
Como anécdota personal: nunca jugué a Final Fantasy VII cuando era pequeño. O sea, la nostalgia de la infancia no me influye en la experiencia. Lo hice por primera vez en 2019, en Nintendo Switch. Y aun así, la manera en la que Final Fantasy VII Rebirth trata a sus lugares icónicos me ha hecho sentir nostalgia por una infancia que ni siquiera fue real. La tranquilidad de Kalm, el belicismo de Junon, el ambiente vacacional de Costa del Sol, la espiritualidad del Cañón Cosmo, el espíritu ferial del Gold Saucer… Cada rincón, cada ciudad, cada enclave importante de este título destila cariño y respeto por los cuatro costados. Y han logrado que todos ellos brillen con luz propia y se queden en la retina.
Mención especial merece el lugar en el que esta entrega alcanza el clímax: el Templo de los Ancianos. Si ya en la entrega original se sentía impresionante, ahora supera las expectativas. También hay que mencionar esa escena que todo el mundo sabe, un punto crítico de su historia original. En este sentido, las opiniones serán dispares, seguramente. En cierto modo, ha perdido su significado original. En otro sentido, ha adquirido un significado diferente y nuevo que encaja bien con la propuesta que presenta esta reimaginación del título original, y que logra un tipo distinto de emotividad. No podemos asegurarte que te vaya a gustar… Pero tampoco lo contrario. Descúbrelo por ti mismo.
Final Fantasy VII Rebirth – Nintendo Switch 2. Una Gaia que defender
Final Fantasy VII Rebirth paga en ciertos momentos el precio de su valentía. No se trata de una propuesta tan redonda como su predecesor, y además su ambición paga un precio técnico en Nintendo Switch 2, pero el sabor de boca que deja al final del viaje es bastante positivo. Sus momentos de brillantez hacen honor a lo que supone el título original, elevándolos a una cota nunca vista hasta ahora. Además, algunos de sus planteamientos dejan con ganas de ver cómo se resuelve y explica todo en la tercera entrega. En definitiva, un juego profundamente disfrutable si se le valora su intención de dar nuevos aires a una historia icónica donde las haya.
Hemos analizado Final Fantasy VII Rebirth gracias a un código digital proporcionado por Square Enix. Versión analizada: 1.0.2
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