
Durante los últimos años hemos visto cómo se rescatan viejas joyas de la industria del videojuego para la actual generación. El lavado de cara, tanto gráfico como técnico, ha abierto las puertas a muchos jugadores para descubrir sagas que parecían olvidadas. Algunas son aún bien reconocidas como la del simpático Crash Bandicoot, pero otras tan solo viven en la memoria de los que las disfrutaron en su día. Hoy nos toca hablar sobre un juego que encaja en la segunda categoría. Samuráis, demonios y el Japón feudal componen la receta de Onimusha: Warlords, reliquia de Capcom que llega remasterizada a nuestra querida Nintendo Switch.
Antes de empezar el análisis de este clásico vamos a repasar un poco su pasado, porque tiene para rato. Fue en 2001 cuando Onimusha: Warlords se estrenó en el mercado, publicándose en PlayStation 2. Los jugadores nipones lo recibieron cálidamente, y logró situarse entre las obras mejor vendidas en su estreno para esa plataforma. La crítica del momento también aclamó el título, haciendo énfasis en el avanzado apartado técnico del que hacía gala en aquella época. Sin embargo, todos estaban de acuerdo en que su duración era escasa. El éxito que recogió Onimusha es innegable pero no inesperado, pues tras su desarrollo estuvieron nombres conocidos como Jun Takeuchi, productor de la saga Resident Evil, o Keiji Inafune, ‘padre’ de Mega Man. No tardaron en aparecer secuelas que, sin alcanzar la fama de la primera obra, cerraron la franquicia con una trilogía y algún que otro spin-off. Tras mucho tiempo en el olvido resurge el clásico, adaptándose a los tiempos que corren sin perder absolutamente nada de su esencia. ¿Está a la altura este abuelete?
Los demonios están de vuelta
Salta a la vista que Onimusha: Warlords se sitúa en la Japón feudal. Concretando más, su historia toma lugar durante el periodo Sengoku y en pleno avance del ejército de Nobunaga Oda. Nuestro protagonista es el samurái Samanosuke, que se ve envuelto en una lucha contra los demonios cuando parte a buscar a la princesa Yuki. Samanosuke, tras ser elegido por los 12 oni, es la única esperanza de frenar el regreso de los demonios y su posterior dominio de la isla nipona. Para lograr tal fin dispone de un misterioso guantelete que alberga el poder del clan de los oni, y le da al samurái diferentes habilidades como la capacidad de usar ataques elementales.
Durante los casi dieciocho años que han pasado desde el lanzamiento original del título hemos visto este modelo de trama en multitud de obras, pero creo que a Onimusha se le puede perdonar la simpleza de su argumento precisamente por el paso de los años. Capcom ha decidido en esta ocasión ni modificar ni añadir más elementos al juego, para conservar intacta la esencia del mismo. La respuesta a si este movimiento ha sido acertado la dejo para más adelante, pues primero me gustaría tratar de forma breve a Onimusha como si estuviésemos en el ya remoto 2001.
La compañía nipona recurre a fondos prerrenderizados con cámara fija sobre los que se mueven los personajes en tres dimensiones, algo ya implementado en las primeras entregas de Resident Evil. De hecho, Onimusha toma distintos elementos de la célebre saga de Capcom, pero adopta un carácter más propio de un juego de acción. Esto se ve reflejado en el sistema de combate, pudiendo elegir entre tres armas cuerpo a cuerpo distintas más otras dos de ataque a distancia. Las batallas contra los demonios son dinámicas y sorprendentemente cómodas, a pesar de movernos sobre un escenario estático.
A los combates contra distintas criaturas y jefes hay que sumarle la parte de exploración y puzles, que constituye uno de los pilares fundamentales del título. Para avanzar en la historia debemos encontrar ciertos objetos clave y saber dónde y cómo usarlos. Si bien no alcanzan mucha complejidad, debo decir que los he disfrutado más de lo que esperaba. Otra de las llaves necesarias para poder continuar en nuestras andaduras contra los demonios es precisamente eso, derrotar demonios. Los jefes no suponen un gran reto, pero algunos necesitan un par de intentos para poder superarlos.
Una remasterización propia de un demonio
Ahora sí, me gustaría tratar a esta obra como lo que es: una remasterización. Hay dos cambios a destacar en esta versión, y uno es el apartado técnico, como resulta obvio. En teoría, los modelos y las texturas pasan a la alta definición, así como los escenarios. En la práctica, al menos en la edición para la híbrida de Nintendo, es algo casi imperceptible. No creo que Onimusha: Warlords sea un juego al que le pesen los años en lo que a gráficos respecta, pues lo único que se le ha quedado obsoleto es el sistema de fondos prerrenderizados del que hablaba antes. Tocar esta característica haría que no estuviesemos hablando de una remasterización. Sin embargo, parece que únicamente ha recibido un ‘filtro HD’ en este aspecto.
A la par que lo anterior se actualiza la banda sonora, que acompaña a la experiencia como cabe esperar. El otro cambio es ajeno a lo estético, pues es referente a la jugabilidad. Al comenzar nuestra partida podemos elegir entre la dificultad normal para disfrutar la aventura tal cual se diseñó en 2001, u optar por un modo fácil. Sinceramente lo veo como un añadido innecesario si tenemos en cuenta que la dificultad del título no es muy elevada, aunque todo añadido debe ser bien recibido. Y aún más el que voy a explicar ahora, porque en aquella época era común que nuestro protagonista se moviese en lo que se denominó ‘controles de tanque‘. Con este tipo de movimiento, bastante molesto si se me pregunta, los botones de izquierda y derecha rotaban al personaje, mientras que los de arriba y abajo le hacían avanzar o retroceder. La buena noticia es que la versión que nos trae hoy aquí ha actualizado sus controles para adaptarlos al movimiento con stick analógico que todos conocemos y usamos. ¡Y se agradece mucho!
Creo que Onimusha tiene un pequeño problema con este lavado de cara, y es que es tan solo eso: un lavado de cara. En mi humilde opinión, el contenido del juego es escaso para la época actual, donde nos tienen acostumbrados a horas y horas de juego en un solo cartucho. Es cierto que el objetivo de esta remasterización es traer de vuelta el clásico lo mejor conservado posible, pero esta acción trae un problema hoy en día: no atrae a un público nuevo. Onimusha tiene como reclamo la medalla de ser uno de los mejores juegos jamás lanzados en su plataforma, pero la pregunta es si eso es suficiente. No voy a ser yo el que dé una respuesta, pues prefiero que sean los números los que hablen.
No quiero que se malinterprete; me declaro fan de esas obras breves pero agradables, donde la calidad se impone a la cantidad. Onimusha es uno de esos casos, ya que sus pocas horas de juego son muy disfrutables incluso hoy, y eso tiene mucho mérito. Sin embargo recuerdo que el juego ya fue criticado por esta misma razón, y dieciocho años después vuelve con el mismo problema. Un jugador promedio puede terminar la historia en unas cuatro o cinco horas, aunque al más coleccionista le durará algo más.
Onimusha: Warlords – La experiencia samurái se mantiene intacta
El regreso de los demonios al Japón feudal llega intacto directamente a la eShop de Nintendo Switch. Que esta conservación sea algo bueno o algo malo lo dejo a juicio de cada uno, pero tengo muy claro que ha envejecido mejor de lo esperado. Los fans del original están de enhorabuena al poder revivir esta obra en formato híbrido. Si te gusta la época feudal del país del sol naciente, los samuráis y zurrar demonios deberías darle una oportunidad, quizá te sorprenda tanto como a mí. Además llega en perfecto español, por lo que el idioma no es ninguna barrera. En cualquier caso se agradece ver de vuelta clásicos de este estilo, y puede que abra la puerta a una futura remasterización del resto de su saga.
Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital de Onimusha: Warlords proporcionada por Koch Media.



















