Análisis Ninja Gaiden: Ragebound – Nintendo Switch. Perfeccionando la senda del ninja

La senda del ninja no conoce ni el bien ni el mal

Fecha de lanzamiento
31 septiembre, 2025
NÚMERO DE JUGADORES
1
TAMAÑO DE LA DESCARGA
2,19 GB
IDIOMAS
Español, inglés, alemán, etc
Nuestra puntuación
90

Nos vais a permitir que, antes de iniciar el análisis de Ninja Gaiden: Ragebound, os pongamos en antecedentes. Y es que, con cerca de 40 años a sus espaldas, la saga Ninja Gaiden (Shadows Warriors en Europa y Australia) se ha convertido en uno de los máximos exponentes del género ninja dentro del ámbito videojueguil. Os recomendamos echarle un ojo a la edición de NesxNtalgia dedicada a su segunda entrega para NES. Un exponente que bebió directamente de la cultura palomitera/hollywoodiense de los 80 y 90. Sí, esa que hizo acto de presencia de forma hipervitaminada gracias a cintas como El Guerrero Americano (American Ninja) o Ninja Scroll. Testosterona, musculos, acción y ninjas. Un win-win en toda regla para la época.

 

Por suerte, las leyendas nunca mueren. Aunque, afortunadamente, SÍ que se actualizan. Y si no que se lo digan al conocido estudio español The Game Kitchen (Blasphemous). Un magnífico equipo de profesionales que, con el permiso de Dotemu y Koei Tecmo, han plasmado sobre el lienzo jugable el renacer de tan mítica serie y de su vertiente más clásica en 2D. Ahora bien, ¿lograrán estar realmente a la altura de semejante empresa? No te pierdas nuestro análisis de Ninja Gaiden: Ragebound para Nintendo Switch para descubrirlo de primera mano.

 

 

Ninjas a la luz de la luna

Una oscura noche de niebla, dos ninjas enfrentándose a la luz de la luna. Un ruido metálico seco. Finalmente uno cae abatido. Aún hoy en día se me ponen los pelos como escarpias al rememorar una de las escenas más icónicas dentro del mundo de los videojuegos. Sí, hablamos de la intro del primer Ninja Gaiden de la mítica NES. Pues bien, como sentido homenaje, Ninja Gaiden: Ragebound da sus primeros pasos rindiendo pleitesía a tan icónica escena. No en vano, el título comienza precisamente con Ryu Hayabusa viajando a Estado Unidos para vengar la muerte de su padre.

 

Por desgracia, en la aldea Hayabusa, situada en la base del mismísimo Monte Fuji, las cosas no van demasiado bien. Y es que la barrera que separa el mundo humano y el demoníaco acaba de romperse. Provocando, por el camino, la entrada de las huestes del mal. Eso sí, no todo está perdido. Kenji Mozu, un joven ninja de la aldea entrenado por el mismísimo Ryu Hayabusa, no está dispuesto a permitirlo. Viéndose abocado a formar una oscura y «prohibida» alianza con una miembro del Clan de la Araña Negra llamada Kumori. Y hasta aquí puedo leer. Texto libre de spoilers.

 

 

Nada del otro mundo, ¿verdad? Lo importante aquí pasa por comprender, y asimilar pronto, dos cuestiones. La primera, pese a encontrarse en las antípodas ideológicas: Kenji y Kumori tienen valores en común: a ambos los mueve el honor y la lealtad. Algo que rompe por completo la tan manida, previsible y desacertada dicotomía entre el yin y el yang. La cosa siempre suele ser más complicada que discernir entre blanco y negro. La segunda, esa presentación en forma de tándem o alianza es la base y el pilar fundamental sobre el que sostener la estructura jugable del título. Algo que desarrollaremos unas líneas más abajo.

 

La unión hace la fuerza

La clave de Ninja Gaiden: Ragebound pasa por sintetizar pronto su esencia. Sí, nos encontramos ante la enésima aventura de acción y plataformas en 2D (scroll lateral) con toques RPG. Y sí, se siente tremendamente arcade y lineal (esto no es un defecto, sino una fortaleza). No obstante, a falta del todopoderoso Ryu Hayabusa, aquí el trabajo en equipo resulta fundamental para salir airoso. No en vano, Kenji Mozu se ve abocado a combinar sus habilidades con los poderes prohibidos de una miembro del Clan enemigo: La Araña Negra. A partir de dicho momento, la cosa se pone realmente interesante.

 

 

Por un lado, contamos con instantes en los que, usando los poderes demoníacos, podemos tomar el control a Kumori y de sus movimientos diferenciadores durante un tiempo limitado. Se trata de instantes realmente desafiantes que suelen ir encaminados a lograr abrirnos paso, conseguir coleccionables ocultos o simplemente cooperar en la exterminación de un enemigo mayor. No te preocupes si no lo logras a la primera. Estás «secciones» pueden ser repetidas cuantas veces quieras. Por el otro, Kumori cuenta con su propia barra de energia, rellenable con tan solo golpear enemigos. Algo que nos permite realizar ataques a distancia y desatar poderosos movimientos especiales. Todo ello implementado de una forma tan ajustada como preciso, y satisfactorio, resulta un sistema de control que roza la perfección.

 

Niveles pensados al milímetro

De nada serviría haber dotado a Ninja Gaiden: Ragebound de semejante estructura jugable y mecánica si los niveles, enemigos y desafíos no estuvieran a la altura. Por fortuna, The Game Kitchen ha logrado demostrar que, más allá de su virtuosa mano a la hora de recrear el pixel art, también son maestros en el diseño y ajuste de niveles. Y es que el estudio sevillano ha logrado dar vida a fases tan desafiantes como inteligentemente diseñadas. Contando, pese a no disponer de dos campañas diferenciadas, con alguna que otra pantalla exclusiva de Kumori//algún que otro invitado. No se trata, a diferencia de lo visto en Blasphemous, de los niveles más extensos y laberínticos. Pero es que tampoco es lo que se buscaba. Eso sí, cada enemigo en pantalla, cada plataforma o trampa se encuentran ingeniosamente situados para hacernos la aventura aún más desafiante.

 

 

Por si fuera poco, lo mismo se nos presentan secciones en las que escapar mientras se desplaza la pantalla de un lado a otro, que montamos en moto acuática o resistimos a oleadas de enemigos. Y es que, pese a encontrarnos ante una oda al primer Ninja Gaiden repleta de guiños a la saga, no se ha renunciado a dotar al título de la suficiente variedad jugable como para mantenernos enganchados a la pantalla de principio a fin. Como punto negativo, algunos de esos niveles, y se me viene a la mente los instantes motirizados, no están al nivel del resto.

 

Nuevas herramientas, mismo ninja

Más allá de las diferentes opciones disponibles a nuestra disposición, Ragebound cuenta con un sistema de talismanes que nos permite obtener nuevas habilidades, tanto pasivas como activas, en la tienda del juego. Siendo todas ellas equipables en el propio menú. Mucho ojo aquí. No en vano, también se nos permite adquirir penalizadores con los que hacer la aventura aún más complicada. ¿Y cómo obtenemos dichas habilidades? Coleccionando los escarabajos dorados escondidos en cada nivel. Se trata de un sistema garantista, que, eso sí, ni arriesga demasiado ni logra profundizar e impregnar significativamente el resto de la aventura. Se echa en falta un árbol de habilidades la uso o un sistema de subida de nivel clásico. ¿Era necesario? Según se mire. Y es que Ragebound prefiere seguir, aunque con toques modernos, la vertiente más clásica de la saga.

 

 

En términos de duración, el juego puede ser completado en 4 o 5 horas. No obstante, si a la recolección de escarabajos sumamos el resto de desafíos (con niveles especiales incluidos), los coleccionables, los finales alternativos o la posibilidad de desbloquear nuevos atuendos la cosa se puede ir a las 15 o 20 horas perfectamente. Por otro lado, pese al desafío, la propuesta se adapta a casi todo tipo de jugadores. Contando con un amplio surtido de puntos de guardado en cada fase. Y todo ello sin contar un Modo Dificil (desbloqueable) que casi transforma el título en un nuevo juego de una forma bastante inteligente. No en vano, aquí no se trata tanto de subir el nivel de los enemigos o de presentar nuevas variantes (que también) sino de cambiar la disposición de todos los agentes hostiles presentes en pantalla.

 

Enemigos para todos los gustos

Sí algo caracteriza a las primeras entregas de la saga Ninja Gaiden (Tomonobu Itagaki) es la variedad de enemigos. Y, como os podéis imaginar, la cosa no iba a ser diferente en Ninja Gaiden: Ragebound. El surtido de criaturas, ninjas, soldados o demonios es bastante amplia. Contando cada uno con sus propios movimientos y con un diseño que parece hecho a medida de cada plataforma, precipicio o recoveco presente en pantalla. ¿Consecuencia? La tensión es casi constante. Por si fuera poco, determinados enemigos brillan en un color que se corresponde con el de cada uno de nuestros dos protagonistas. Sí logramos derrotarlos utilizando las armas del personaje al que pertenece dicho color obtenemos un ataque devastador con el que liquidar de un solo golpe a los seres más poderosos. Algo que, como os podéis imaginar, aporta un interesante punto de estrategia.

 

 

 

Pero es que la cosa no se queda ahí. Y es que no estaríamos hablando de un Ninja Gaiden si no dedicáramos un capítulo especial a los jefes finales. Así, sin paliativos, os diremos que nos hemos encontrado con el surtido de jefes más intenso y desafiante de los últimos años. Y sí, váis a morir mucho. No obstante, la grandeza del título que aquí nos ocupa radica en su equilibrada curva de dificultad. Es decir, el jugador siente en cada momento que, valga la redundancia, cada muerte lo acerca más a la victoria. No en vano, aprendernos los diferentes patrones de combate resulta fundamental para lograr la victoria.

 

El arte… ¡de ser ninja!

Entramos en terreno artístico para abordar lo que a todos luces se presenta ante el jugador como un verdadero lienzo pixelado en movimiento. Una colorida, y hermosa, explosión visual con un variado surtido de localizaciones y enemigos. Desde bases secretas, hasta montañas o portales al inframundo. Todo aparece plasmado con un mimo, detalle y esmero digno de mención. Por otro lado, nos ha agradado ver cómo se ha optado por presentar, con todo lujo de detalle, unos personajes de gran tamaño. Acompañado, todo ello, de un amplio abanico de animaciones y de escenas bastante explícitas y sangrientas (suprimibles desde el propio menú). El uso de intros al más puro estilo Tecmo Theater (NES) para presentar la narrativa nos vuelve a recordar que, pese a la modernización, nos encontramos ante un Ninja Gaiden de la cabeza a los pies.

 

 

En lo que respecta al apartado sonoro, nos encontramos ante una adictiva, dinámica y electrizante BSO que acompaña la perfección al resto del título. El trabajo realizado por Sergio de Prado Andría ‘sergeeo’ para dar forma a sus cerca de 50 temas (alrededor de dos horas de música) y multitud de efectos de sonido no tiene parangón dentro de la industria patria. Rock, melodías con regusto retro, sintetizadores, sonidos arcade, etc. Todo confluye aquí modernizando el legado de la saga de una forma tan melodiosa como respetuosa con el material original.

 

Alcanzamos unos de los puntos que parece haber generado mayor controversia, el rendimiento. No vamos a negarlo. La versión peor parada de Ninja Gaiden: Ragebound es la de Nintendo Switch. Y sí, la tasa de fotogramas ronda los 30 fps. ¿Se echa en falta una mejor optimización y un parche para la sucesora de la híbrida? Por su puesto. Ahora bien, ¿un juego de desplazamiento lateral en 2D que rinde homenaje a los juegos clásicos de acción y plataformas necesita correr a 60 fps? Pues no. No sólo no lo necesita sino que probablemente hubiera supuesto para muchos un lastre jugable. Por otro lado, no hemos sufrido ningún cuelgue, ni ninguna rascada digna de mención. Eso sí, lo hemos jugado tanto en Switch como en Switch 2 y en esta última, pese a reproducirse por medio de retrocompatibilidad, la experiencia se nota algo más pulida.

 

 

Ninja Gaiden: Ragebound – Actualizando la senda del ninja

Ninja Gaiden: Ragebound se presenta ante el jugador como una verdadera oda jugable, visual y sonora a la saga ideada por Hideo Yoshizawa y compañía. Un título de acción y plataformas en 2D que, pese a mantenerse fiel a la serie y a su endiablada dificultad marca de la casa, sabe adaptarse a los tiempos que corren aportando un plus de accesibilidad. El diseño de niveles, las mecánicas duales, los toques RPG y una adictiva jugabilidad, que nos lleva a querer mejorar muerte tras muerte, terminan de dar forma a un apartado prácticamente redondo. Solo se echa en falta algún que otro secreto o coleccionable más con el que aportar mayor profundidad a cada fase.

 

Por último, el acertado uso del pixel art, a cargo de los maestros de The Game Kitchen, y su electrizante BSO ponen la guinda a un delicioso cóctel con regusto retro pero con un delicado y accesible tacto moderno. Es cierto que se echa en falta, aunque ello nos alejaría del respeto y homenaje a la saga original, algo más de profundidad jugable. Y que el rendimiento, aunque no suponga lastre alguno, no es el mejor en Nintendo Switch. No obstante, el resultado final bien merece alguna que otra concesión prácticamente inapreciable. ¿Conclusión? Ninja Gaiden: Ragebound se configura desde ya como el regreso por todo lo alto de la serie. Y, lo que resulta aún más importante, una propuesta que abre un nuevo, y nostálgico, camino por explorar.

 

Nueva sangre para aniquilar al mal que nuestros ancestros no lograron conquistar

 

 

Hemos analizado Ninja Gaiden: Ragebound en Nintendo Switch 2 gracias a un código digital cedido por Dotemu. Versión analizada: 1.0.3

 

Actualizando la senda del ninja
Ninja Gaiden: Ragebound es un sentido homenaje a la saga Ninja Gaiden que, pese a llegar cargado de novedades y aportar un plus de profundidad, logra mantener todo el regusto clásico.
PROS
Una respetuosa, pero también moderna, oda a la saga original
Cuidado, vistoso y pixelado apartado artístico
Inteligente diseño de niveles, excelente jugabilidad y ajustada curva de dificultad
CONTRAS
Los toques RPG se antojan algo superficiales
Las fases con vehículos están un paso por detrás del resto de niveles
Ciertos problemas de rendimiento
90