En 1994, en el apogeo de la guerra entre la Super Nintendo y la Mega Drive de SEGA, la entonces prolífica RARE sorprendió a propios y extraños con su debut en la 16 bits de Nintendo: Donkey Kong Country. No era el regreso de Donkey Kong, uno de los más destacados abuelos del mundillo, ni siquiera una jugabilidad excepcional que descubrimos más tarde, lo que hizo que este juego marcara historia. No, eran los gráficos pre-renderizados, un auténtico prodigio técnico, obra de Silicon Graphics y que nadie había explorado hasta entonces, al menos no de tal forma en una consola de 16 bits. El aspecto tridimensional que lucían escenarios y personajes, aun siendo todo el juego en 2D, no dejó a nadie indiferente, y DKC se convirtió en uno de los juegos más exitosos de la consola.
Así anunciaba Nintendo Donkey Kong Country en Hobby Consolas durante la navidad de 1994…
Tan revolucionaria era la tecnología que Nintendo preparó una buena campaña publicitaria en torno al juego esas navidades, con eslóganes que dejaban claro que los gráficos eran lo nunca visto. Y aún hoy, acostumbrados a entornos completamente 3D, estos gráficos siguen sorprendiendo. Simplemente comparad el nivel de detalle de estas imágenes frente a los primeros juegos poligonales en 3D de los 32 y 64 bits. Aquella tecnología siguió evolucionando, muchos juegos posteriores la usaron dentro de entornos propiamente 3D. Pero, debajo de semejante portento visual (que no hizo sino mejorar en sus dos secuelas), ¿qué había?
Jugabilidad – Plataformas variadas y exigentes
El juego se divide en seis mundos, unas 40 fases de plataformas 2D. Controlamos a Donkey Kong y su amigo Diddy, quedebutó en este juego. Seguramente, la mayoría de los que lean esto, si no han jugado al original, han jugado a las secuelas que hizo Retro Studios recientemente, pero de todas formas, aquí va un breve resumen de la mecánica. Alternamos el control entre los dos simios, Donkey es más fuerte y es capaz de acabar con los enemigos más fuertes, pero Diddy es más ágil y salta un pelín más. Realmente, las diferencias no son demasiado grandes, y solo en contadas ocasiones se harán notorias para superar mejor ciertos niveles.
Además de los monos, contamos con un puñado de animales amigos que controlamos en algunos niveles, como son el rinoceronte Rambi o el pez espada Enguarde. La verdad es que su presencia es bastante escasa, al igual que ocurre con las famosas fases de vagonetas o de barriles propulsores. Todos estos conceptos, ahora ligados inseparablemente a la saga Country, se exploraron con mayor profundidad en sus secuelas, pero el germen de todo ello está aquí. Y lo cierto es que posee una variedad de situaciones y mecánicas, especialmente en los últimos mundos, que sigue siendo insuperable. El ritmo de estos niveles es frenético, las ideas se suceden sin tener tiempo a asimilarlas todas… y es probable que no vuelvan a aparecer. Aunque es el Country más corto, es quizás el más variado.
Otra cosa que ha caracterizado la saga ha sido su elevada dificultad. Y ya en los primeros mundos notaréis que el juego no se anda con chiquitas: es verdaderamente exigente, y descubrir todas las fases de bonus (para conseguir así el 101%) es una tarea que llevará muchísimo más tiempo que el de completar el final. Lo malo es que exprimir el juego no trae consigo ninguna recompensa real más allá de aumentar el porcentaje, lo cual reduce la escala. Esto es algo que se cambió en su secuela, con la inclusión de un mundo secreto, así como nuevos coleccionables que invitaban aún más a la rejugabildad. La mayoría de aspectos negativos vienen al ver la evolución a mejor que siguió la saga: aún no está la opción de coger y lanzar a tu compañero (se implementó en el 2), no hay coleccionables más allá de las letras KONG (que no afectan al porcentaje) y las fases de bonus (que no están muy bien definidas y son bastante sosas), la banda sonora es algo repetitiva y discreta…
Conclusión – A la altura de su leyenda
En la trilogía (o saga) Donkey Kong Country se nota un verdadero cambio a mejor con cada entrega, de la segunda os hablaremos dentro de nada. Y sin embargo, en algunos aspectos, puede que este sea el mejor de los tres: al no haber todavía una idea clara de la saga, es el que más ideas diferentes propone a un ritmo endiablado (y que todavía no te cobra por guardar partida).
Pero, siendo sinceros, esto es más personal que otras cosa, y cada uno tendrá siempre su favorito. Puede que las secuelas perfeccionaran la fórmula y refinaran aún más lo gráficos y la música, pero los tres son juegos de plataformas tremendos, cuyos mayores hitos son indudablemente técnicos, pero que, sin embargo, nunca descuidaron la jugabilidad. Unos imprescindibles de la consola virtual de New Nintendo 3DS.













