El estudio español Petoons siempre se ha caracterizado por la publicación de excelentes títulos de corte eminentemente familiar. Y el ejemplo claro lo tenemos con Mi Amiga, Peppa Pig, Petoons Party o PJ MASKS: HÉROES DE LA NOCHE. Queda claro que nos encontramos ante un multidisciplinar equipo tan profesional como humano y cercano. Es por ello que tras el anuncio, hace ya cerca de 4 años, de Curse of the Sea Rats no fuimos pocos los que apuntamos el 6 de abril, fecha de publicación de este esperado metroidvania ratoidvania, a fuego en nuestro calendario videojueguil. Algo, por otro lado, totalmente normal. Acción, plataformas, algún que otro puzle, piratas, maldiciones y ratas. Muchas ratas. ¿Qué puede fallar?, ¿verdad? Por lo pronto, en NextN ya hemos probado a fondo el título y, tras soltar amarras, os traemos nuestro análisis para Nintendo Switch. Al abordaje… ¡pi-ratas!
Una historia clásica de ratas y piratas
Curse of the Sea Rats no es un título que destaque, precisamente, por un hilo narrativo demasiado complejo. No obstante, tampoco lo necesita. La historia nos pone en la piel, cola y bigotes, de cuatro prisioneros del imperio británico que, tras naufragar, sufren una maldición que los convierte en seres antropomórficos con aspecto de rata. ¿Nuestra misión? Salvar la vida del hijo del almirante Blacksmith (hasta el nombre resulta arquetípico) para recuperar nuestra libertad y derrotar a la bruja pirata Flora Burn con el fin de romper la maldición. Hasta ahí un argumento que, enmarcado dentro de un contexto eminentemente histórico (Irlanda siglo XVIII), podría haber salido de cualquier cinta de Piratas del Caribe, ¿verdad?
Sencillo, simple y sin rodeos ni contemplaciones. Una historia arquetípica para una aventura arquetípica. Tener en consideración esto último. Desprendiéndonos, por el camino, de cualquier clase de prejuicio, resulta fundamental para disfrutar una fascinante aventura que, pese a abandonar la temática de corte más infantiloide, sigue siendo recomendable jugar en familia o con amigos.
Un equipo de lo más variopinto
Y si hay algo que defina a Curse of the Sea Rats es su rico universo protagonizado por un amplio surtido de NPCs. Nosotros, con el único afán de permitiros descubrirlos por vosotros mismos, vamos a centrarnos en los cuatro «héroes» controlables:
David Douglas
Douglas, y hacia ello apuntan todos los estereotipos habidos y por haber, es el líder del grupo. Un colono americano, que se alistó en el Ejército Continental para luchar contra el Imperio Británico, cuya bravuconería solo es superada por sus habilidades con la espada. Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que se trata del personaje más equilibrado del juego.
Bussa
Bussa se nos presenta como un esclavo, fugitivo de la «justicia» y procedente de las islas de Barbados. Todo un luchador que daría su vida luchando frente a frente contra los mandatarios que tiene a su pueblo oprimido y esclavizado. ¿Sus virtudes? Un gran tamaño y una fuerza desmedida.
Akane Yamakawa
Yamakawa es una valerosa guerrera Onna-bugeisha que ha sido entrenada desde muy temprana edad por un Shogun. Su destreza con la nahinata no tiene parangón y su agilidad la convierte en una rival temible en las medias y largas distancias.
Búfalo Becerro
Llega el turno de Búfalo Becerro. Una aguerrida cazadora cheyenne que fue apresada, y posteriormente esclavizada, tras colarse en un campamento británico para liberar los caballos. Se trata de una experimentada guerrera. Es muy rápida en el cuerpo a cuerpo pero también tiene un gran dominio de los ataques a distancia gracias a su par de dagas.
Cómo habéis podido comprobar, más allá de las técnicas especiales y afinidades elementales sobre las que hablaremos más adelante, se trata de 4 personajes muy diferente entre sí. Así que nuestro primer objetivo pasa por escoger entre uno de ellos. ¿No le tenéis claro? No os preocupéis. Podréis intercambiarlos en las zonas habilitadas para ello (puntos de guardado)
Metroidvania de corte clásico
La propuesta que nos traen los barceloneses de Petoons con Curse of the Sea Rats llega bajo el envoltorio de un metroidvania clásico. Una aventura de acción y plataformas en 2D de corte no lineal, un gran mapa que recorrer, aventuras por doquier y un adictivo multijugador son algunos de sus principales alicientes. Podemos saltar, usar ataques especiales y desbloquear diversas habilidades. Lo típico en estos casos, pero con un balanceo y dinamismo que hace que cada incursión plataformera sea una verdadera delicia.
Por si fuera poco, los toques RPG no faltan en esta aventura piRATA. Y es, por un lado, nuestro personaje va subiendo de nivel y adquiriendo monedas que canjear por diversos potenciadores. Por el otro, podemos canjear la experiencia obtenida al derrotar enemigos adquiriendo nuevos atributos especiales gracias a un árbol de habilidades, eso sí, no demasiado surtido. Es por ello que, aunque se nos permita cambiar de personaje en cada punto de guardado (manteniendo el nivel), os recomendamos dedicarle el suficiente tiempo a cada uno para poder desbloquear sus respectivas habilidades elementales.
Regresando a los puntos de guardado, es una lastima que algunos de ellos queden tan distantes. Existen ocasiones en las que escoger el camino incorrecto nos lleva a abordar, nunca mejor dicho, una nueva zona sin haber descubierto su zona de salvado de partida correspondiente. Efectivamente, tras morir nos ha tocado recorrer más de una larga caminata. Por suerte, dicho proceso de ensayo-error también ha servido como instrumento con el que ir subiendo de nivel y facilitar nuestro progreso.
Un pequeño gran mundo interconectado
Y si por algo destaca este metroidvania es por el acertado papel protagonista que se le ha otorgado al propio escenario y a la distribución de las diferentes zonas del mapa. Es cierto que, como hemos comentado unas líneas más atrás, algún punto de guardado más no habría venido nada mal. No obstante, probablemente se trate de un deseo más fruto de la pereza jugable instaurada en muchos de nosotros, que de una necesidad real.
Por un lado, contamos con entornos y zonas bien diferenciadas las unas de las otras. Algo que nos ha llevado a visitar desde playas, hasta zonas de montaña, frondosos bosques, barcos piratas, tenebrosos castillos e incluso zonas de campo que parecen sacadas de un bucólico cuento al más puro estilo de Heidi, Marco y compañía. Por el otro, la estructura misma del mapa. No en vano, todas las zonas se encuentran interconectadas, como si de varios biomas se tratase, de una forma bastante inteligente. Pudiendo, por otro lado, desbloquear varios atajos durante la aventura. Algo que, tras unas horas de juego, juega en favor de otro importante eje tractor de Curse of the sea Rats: el backtracking.
Y es que, como buen metroidvania, la propia disposición de los escenarios nos ha llevado a recorrer las mismas zonas en diversas ocasiones. Ya sea para desbloquear los atajos anteriormente comentados, para acceder a zonas y secretos ocultos, mediante las nuevas habilidades adquiridas, o para completar alguna que otra misión secundaria. Vamos, lo habitual en el genero. Al principio de la aventura todo apuntaba a una propuesta bastante simple y a un mapa menos extenso de lo que ha resultado finalmente. Y es que el juego va de menos a más con una propuesta que aporta muchísimo más de lo que aparenta a ojo de buen cubero. Por cierto, y a modo de apunte, hemos echado de menos la posibilidad de colocar chinchetas en el mapa a modo de recordatorio con el que marcar las zonas del mapa sensibles de backtracking.
Pensado para disfrutar en compañía
Alcanzamos uno de los pilares jugables de Curse of the Sea Rats, su vertiente multijugador. Y es que el juego nos permite compartir partida con otros tres jugadores de forma local. Una deliciosa, y por momentos caótica, alternativa que multiplica por cuatro la diversión. Y lo hace hasta tal punto que la propia curva de dificultad queda supeditada, precisamente, al número de jugadores en pantalla. No en vano, aquí no contamos con selector de dificultad alguno. ¿En qué se traduce este sistema de equilibrado? Sencillo. El juego va disminuyendo en dificultad conforme más jugadores hay en pantalla. No obstante, no lo hace porque la energía o los patrones de combate de nuestros aguerridos contrincantes oscile lo más mínimo, sino porque somos más para repartir estopa.
Conviene puntualizar que, pese a lo anteriormente comentado, nos encontramos ante un título que también puede ser disfrutado perfectamente en solitario. Por lo que quien no tenga compañeros de partida a la vista sigue siendo bienvenido en esta divertida incursión pirata. Eso sí, sobre todo al principio, puede resultarnos un pelín cuesta arriba.
Jugablemente hablando, y más allá de alguna que otra sección plataformera que se las trae, son los jefes o minijefes repartidos por el mapa los que nos han hecho morder más veces el polvo. Tampoco es que estemos ante un nuevo Dark Souls. No obstante, la variedad de patrones de movimiento hacen que cada enfrentamiento sea todo un divertido desafío. Por otro lado, y es algo que ya hemos abordado (nunca mejor dicho) con anterioridad, el hecho de mejorar nuestras estadísticas y atributos al subir de nivel hace que, a poco que nos paremos a repartir estopa, la aventura vaya ganando en accesibilidad. Acabando por ser una propuesta relativamente sencilla incluso jugando en solitario. En lo que respecta a la duración, al tratarse de un metroidvania con un claro componente de backtracking, plataformeo, acción, muchos secretos y varios finales, todo va a depender de nuestras dotes a los mandos. No obstante, completar Curse of the Sea Rats puede llevaros, y así ha sido en nuestro caso, a superar las 10 horas de juego perfectamente.
Un título con mucho arte
Y si la dirección jugable y la estructura y disposición de su mapeado juega un papel crucial en Curse of the Sea Rats, el apartado artístico no se queda atrás. No en vano, nos encontramos ante un juego con una personalidad artística única e inimitable. Por un lado tenemos los personajes jugables y los diferentes enemigos. Dibujados todos ellos a mano con sumo esmero y con un gran mimo que arrastra tras de sí vistosas animaciones, detalles y multitud de guiños y referencias al género que aquí nos ocupa y a la cultura más palomitera. Por otro, unos escenarios con multitud de detalles en 3D que aportan esa sensación final (2,5D) tan recurrente en el género metroidvania. Eso sí, hemos apreciado una considerable diferencia de unas zonas a otras. Y es que algunos escenarios parecen, a nuestro humilde gusto, demasiado vacíos de contenido y profundidad. Nada que, como os podéis imaginar, afecte a un delicioso apartado jubable. No obstante, si que se trata de pequeñas manchas dentro de un apartado visual realmente poderoso e identitario.
En lo que respecta al apartado sonoro, Curse of the Sea Rats cuenta con un surtido de melodías que se logran fusionar con la temática y el ambiente que desprende, visualmente hablando, cada zona. Eso sí, la mayoría de melodías son de corte bastante lento. Dado que hablamos de un título de acción y plataformas, se echa en falta un mayor ritmo sonoro. Los personajes principales cuentan con voces en inglés. Destacando una labor de doblaje bastante acertada. Por su parte, los textos llegan, más allá de algún que otro gazapo ortográfico, en perfecto castellano.
En términos de rendimiento, y esto es algo que esperamos se solucione en próximas actualizaciones, si que hemos notado varias rascada puntuales que hace que el juego baje por debajo de los 60 fps. Problemas puntuales de optimización que, eso sí, ya os adelantamos que no afectan a la experiencia jugable.
Curse of the Sea Rats – un ratoidvania de la cabeza a la… cola
Curse of the Sea Rats es un título realmente honesto con la propuesta que nos presenta. Un metroidvania que no pretende revolucionar, pero que lo que hace lo hace bastante bien. Acción, aventuras, plataformas, backtracking y un componente RPG son algunas de sus principales señas de identidad. Por otro lado, su delicioso apartado artístico, que solo cogea en algunos escenarios demasiado planos, nos presenta unos personajes y animaciones realmente cuidados. Para finalizar, el multijugador local para hasta 4 jugadores asegura horas y horas de diversión en una aventura casi tan redonda como el queso.
Hemos analizado Curse of the Sea Rats gracias a un código digital cedido por PQube. Versión analizada: 1.0.0.




























