Como ya vimos en el análisis de la primera parte, Donkey Kong Country 2: Diddy´s Kong Quest limó prácticamente todo lo que se vio en su precuela de Super Nintendo y, sólo un año después, ofreció un cartucho aún más sólido que el primero, con más posibilidades y más espectacular. Así, aunque a nivel jugable se me queda un pasito por debajo del original, no me cabe duda de que es un producto superior.
Jugabilidad – Menos variados, pero más centrado
Para empezar, en este juego ya no controlamos a Donkey, sino a Diddy y su novia Dixie. Esta introduce el famoso planeo con la coleta, aunque es un pelín más lenta que Diddy. Al igual que en el anterior juego, la diferencia entre los dos protagonistas no es muy pronunciada (y la verdad, la coleta de Dixie es muy desequilibradora). No obstante, tampoco fue esa la intención, y la posibilidad de coger y lanzar al compañero, para por ejemplo llegar a plataformas elevadas, añade un componente de cooperación y estrategia mucho mayor que en la primera parte.
Por otro lado, se ha potenciado la presencia de los animales amigos, con mucha más presencia, incluyendo niveles en los que pasamos a controlarlos directamente, sin monos de por medio. Esto, unido a que los niveles siguen mecánicas mucho más constantes y recurrentes (si bien siempre evolucionan: nunca te llegas a aburrir), y que la ambientación de mundos y niveles está mucho más trabajada (de nuevo, siguen un mismo tema o patrón: en este caso, ambientes tétricos y abandonados), hace que te sumerjas mucho más en el juego. La primera parte puede ser igual o más divertida que la segunda, pero todo se sentía mucho más rutinario y hasta aleatorio. Esta segunda entrega tiene una personalidad arrolladora, que construye un mundo mucho más vivo, algo paradójico, pues todo pinta siniestro y decadente.
También incluye un mayor número de coleccionables: las monedas sirven ahora para, entre otras cosas, participar en un pequeño minijuego de preguntas y respuestas; las fases de bonus soltarán otras monedas que nos darán acceso a un mundo secreto, y todos los niveles esconden una enorme moneda DK muy difícil de localizar. Además, las fases de bonus, vitales para conseguir completar el juego al 102%, son mucho más dinámicas y variadas (además de estar diferenciadas por un barril con una B dibujada. Técnicamente no cambia nada y es igual de difícil encontrarlas, pero ahora se sienten mucho más presentes). Son todas estas cosas las que dan al juego una sensación de escala mucho mayor que la primera parte, aunque en el fondo sólo sean unos pocos niveles de más.
Gráficos y sonido – David Wise en plena forma
A ello contribuyen en gran medida los gráficos, que también han mejorado, y la presencia de modelos más consistentes, fondos mucho más detallados y vivos (aun con ciertos detalles feúchos, como los ríos de lava estáticos en el mundo 2, o el agua del bosque del mundo 3).
Pero es sin duda el sonido lo que más marca la diferencia, en concreto la banda sonora, que en esta ocasión fue compuesta enteramente por David Wise. Sólo la melodía del título ya avecina que estamos a puntos de embarcarnos no en un simpático plataformas con animalicos, sino en toda una aventura mucho más seria que no piensa venirse con chiquitas. El resto de melodías siguen al nivel, y algunas son verdaderas obras maestras.
Conclusión – Mejorando al original
En resumen, Donkey Kong Country 2 (por cierto, nunca llegáis a controlar al gorila) es una secuela que mejora en todo a su predecesora. Aunque los gráficos ya no sorprendan, estéticamente os dejará sin habla, con un aspecto mucho más sucio, casi terrorífico, que el que cabría esperar en un juego así. Es mucho valiente que la mayoría de los plataformas de Nintendo, que no suelen variar mucho de los cajones de bosque-desierto-volcán. La música es el broche de oro para un acabado tan genuino.
Si hay que reprocharle algo, sería que es algo menos variado que el primer juego, aunque asienta mucho más las ideas sin llegar a saturar, y que sus mecánicas son por lo general un pelín más pausadas (esas enredaderas llenas de pinchos, esos niveles de ir pegados a la miel, esa arañita…). No obstante, como dije en el primer Country, son más bien preferencias que otra cosa, porque ambos son plataformas excelentes, de lo más divertido de su género.









