Mosaics portada

Análisis Mosaic – Nintendo Switch. Viviendo en una distopía orwelliana

Despierta, come, trabaja, come, duerme, despierta, come, trabaja, come, duerme...

Mosaic info
Fecha de lanzamiento
23 enero, 2020
Número de Jugadores
1
Idiomas
Español, inglés, francés, etc.
Tamaño de la Descarga
1914 MB
Nuestra puntuación
70

Suena la alarma. La apagas. Con los ojos aún medio cerrados coges el teléfono móvil para ver si tienes alguna notificación, WhatsApp o correo electrónico. Te sientas en el borde de la cama porque sabes que si sigues tumbado probablemente vuelvas a dormirte. Comienzas a hacerte ciertas preguntas existenciales mientras coges la ropa que dejaste preparada la noche anterior y te vistes. Desayunas, te peinas, cepillas los dientes y coges tu mochila-maleta para ir un día más a tu rutina: el trabajo, las clases, los compromisos… muchos de los cuales sabes que no te aportan nada a lo que quieres o querías ser, a lo que siempre soñaste con conseguir… a lo que siempre te prometiste evitar. Pero sabes que no te queda otra que hacerlo día tras día. Sin darte cuenta, estás viviendo una vida que odias, que no va con tus principios ni aspiraciones vitales, que apenas te da siquiera para superar el fin de mes, sentirte realizado o moldear tus expectativas de futuro. Y así un día, y otro, y otro… hasta que algo cambia. Mosaic, el juego que analizamos en estas líneas para Nintendo Switch, parte de esta premisa que a más de uno le recordará a su propia rutina, enrevesado con una distopía orwelliana que, aunque no queramos (o no nos permitan) verlo, probablemente ya vivimos en ella, y escapar no será tan sencillo como decir basta.

 

 

Sé aquello que tu jefe estaría orgulloso de tener

Hablar de Mosaic es hablar irremediablemente de George Orwell y su novela 1984 (tranquilos, no voy a ponerme a desarrollarla). Una sociedad vacía de mente y pensamiento crítico, gris, manipulada por los medios que, a su vez, son controlados por el ¿gobierno? ¿las grandes empresas? No lo sabemos, pero tampoco lo necesitamos para entender el planteamiento. Desde que despertamos por primera vez y leemos las primeras noticias de la mañana, ya percibimos que algo no está bien. Las noticias son descaradas en torno a lo que, para las empresas y el gobierno, es beneficioso o contraproducente. Nos interesa que no pienses, que no bajes el ritmo de producción, que llegues a tu hora a tu puesto de trabajo, que no preguntes ni interactúes con otros en exceso y que simplemente obedezcas. Si sales de este espacio, quizás te conviertas en un antisistema, y poner en peligro el bienestar de nuestros intereses los demás ciudadanos no puede permitirse.

 

Nosotros, como individuo, también formamos parte de este sistema, pero estamos empezando a fallar. Llegamos tarde, no rendimos lo suficiente en el trabajo y, por ello, acabamos por no poder pagar las facturas ni llenar el frigorífico. Pero para eso está nuestra querida empresa, para cuidarnos ofreciéndonos medicamentos que ellos mismos comercializan para que no nos desviemos. Porque un trabajador no necesita descansar, necesita dejarse de tonterías y seguir trabajando para recuperar la productividad perdida. Pero podemos tener otros problemas que solventar, aunque nuestra sociedad ya ha pensado en cómo hacer frente. ¿Necesitamos socializar? Descarguémonos una aplicación que nos permite encontrar el amor entre un sinfín de mujeres exactamente iguales (hombres no, que la homosexualidad no es algo natural y se sale de lo marcado como correcto por el sistema); ¿queremos divertirnos? Utilicemos una aplicación que consiste en pulsar la pantalla y sumar puntos, es decir, sin el componente de diversión; ¿no sabemos cuánto dinero debemos? Nuestro banco ha pensado en ello y pone a nuestra disposición las cuentas negativas y facturas que tenemos a un solo clic. Toda socialización pasa, en definitiva, por nuestro teléfono móvil, pero siempre marcada por lo que nuestra empresa y el gobierno nos dice que es correcto.

 

Mosaico cartel

 

Sin embargo, en cada melancólico, monótono y gris día siempre sale un rayo de luz que aporta algo de esperanza a nuestra situación, que parece que nos incita a apartarnos de la senda marcada… y eso es peligroso para los poderosos. Pero ya no hay marcha atrás. Hemos entrado en un camino que entremezcla lo real y lo ilusorio que nos lleva a plantearnos si realmente queremos ser parte de ese sistema o salirnos de él, con las consecuencias que ello puede acarrear a ambos lados.

 

Podría alargarme mucho más reflexionando sobre el planteamiento soberbio de Mosaic, lo que te hace pensar y lo que te hace darte cuenta que, a pesar de la distopía presente en el juego, no es tan distinta de lo que comienza a ocurrir en las supuestas sociedades más avanzadas del mundo, abocadas cada vez más a ese control y manipulación descarada sin nadie que decida plantarse. Todo lo contado, como digo, lo plantea de una forma que, a pesar de beber claramente de las novelas y pensamientos de Orwell, lo hace suyo y diferente a su manera.

 

Mosaicc ascensor

 

¿Y si el sistema es el antisistema?

Pero, al final, estamos hablando sobre un videojuego y, por lo tanto, nos debemos no solo a lo que nos cuenta, sino a cómo nos lo cuenta y nos permite interactuar con la historia. En Mosaic, la razón base es la de avanzar, interactuando con los elementos con los que nos cruzamos diariamente y forman parte de nuestro día a día como es nuestro teléfono móvil, el cepillo de dientes o el ascensor de nuestro bloque de piso. También hay otro modo de juego, que pasa por hacer nuestra tarea diaria en el trabajo y que consiste en crear enlaces en una especie de panal de abejas hasta alcanzar la meta (este modo, por supuesto, aparece una vez llegamos al trabajo).

 

El problema es que ni la interacción ni el desplazamiento son fluidos, al contrario. A pesar de tener unos controles tan básicos y sencillos, la llevada a la práctica no lo es. Nos atascamos entre las masas, se para de cuando en cuando aunque queramos seguir caminando y la interacción con nuestro entorno causa más problemas de lo que debería, como seleccionar aquello que no queremos por mucho que nos centremos en lo que sí o que realicemos una acción y no se lleve a cabo, quedándose atascado y teniendo que reiniciar no solo desde donde lo dejamos, sino el punto de control al completo. Esto último ocurre, sobre todo, cuando guardamos partida, dejamos el juego y retomamos, siendo un verdadero fastidio a pesar de que el juego no es largo ni complicado (en cuestión de 2 o 3 horas nos lo hemos pasado).

 

A esto hay que sumarle que sufre de importantes tirones y congelación de imagen, y cuando decimos importantes decimos de varios segundos de duración, acompañado de una considerable bajada de frames que, en un videojuego-experiencia como es Mosaic, no hace más que romper el ritmo de juego.

 

Para días grises, música de colores

En lo correspondiente a su apartado gráfico, juega a la perfección con las tonalidades grises y oscuras que nos trasmiten esa monotonía, esa pesadez social y lineal en lo que acaba convirtiéndose la vida de toda persona viviente en la ciudad. Cuando tenemos atisbos de luz, los colores vivos lo llenan todo y nos trasmiten esa esperanza de que, a lo mejor (y solo a lo mejor), podemos salir del camino marcado. Como curiosidad, el diseño poligonal de los edificios y las personas varían entre aquellas envueltas en la rutina y aquellas que, ya sea real o fruto de nuestra imaginación, están fuera del sistema. En el caso de los primeros, no tienen ojos, y la mirada se trasmite con una especie de expresión facial alargada, gris y sin emoción. En nuestro caso y en el de aquellas fuera del sistema, podemos vislumbrar miradas y gesticulaciones.

 

Lo mismo ocurre con el apartado sonoro, que envuelve los ruidos de la ciudad y la industrialización con música que acompaña al ambiente, pero que se vuelve más alegre y totalmente melódica cuando escapamos, aunque momentáneamente, de esta realidad en la que nos movemos.

 

Mosaic – Una distopía no tan alejada de la realidad

Mosaic es mucho más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. La nota de este análisis, de hecho, es mucho más alta de lo que podría esperarse del propio juego en sí por el mensaje y lo que cuenta de principio a fin, que te hace reflexionar y replantearte incluso tu propia vida y rutinas. En cuestión de jugabilidad deja que desear, rompiendo el ritmo que debería mantener con importantes caídas, fallos de interacción y de desplazamiento. Pero, tal y como os cuento en el texto, su mensaje es tan potente y soberbio que realmente es más que recomendable echarle, al menos, un vistazo serio.

 

Mosaico montaña

Hemos analizado Mosaic gracias a un código digital cedido por Krillbite Studio. Versión analizada: 1.1.6.0

Orwell was right
Mosaic es una experiencia que nos hace reflexionar, pensar en nuestro día a día y en cómo, cada vez más, vivimos empujados hacia una rutina de la que queremos escapar pero sentimos que no podemos, presionados por una sociedad que nos marca lo que debemos hacer sin mayores miramientos.
PROS
La historia tan acertada y reflexiva sobre nuestras rutinas y formas de vivir impuestas por la sociedad
La ambientación orwelliana
Sus referencias a "formas de vida", desinformación, control, falta de privacidad o manipulación al más puro estilo Black Mirror
CONTRAS
Sufre de importantes tirones y congelación de imagen constantes
El control es algo tosco para un juego casi limitado a avanzar
Diversos bugs que nos impiden continuar por el último guardado o que eliminan lo obtenido previamente
70
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