A todos nos sorprendió la subida de precios de los videojuegos de Nintendo Switch 2, pues vimos como los oficiales 59,90 y 69,90 euros (este último precio, en el caso de los últimos The Legend of Zelda) se transformaban en el caso del formato físico en 79,90 y 89,90 euros, 10 euros menos en el caso de optar por las versiones digitales. Nintendo no subió los precios «porque sí», porque un día se levantaron y dijeron «hoy toca ganar más», sino porque los costes han aumentado en los últimos años, y no solo los de los videojuegos, sino de todo, por lo que es normal que se reflejen de alguna forma en un producto.
Cosa diferente es si tu público puede hacerse cargo de ese incremento, o si subir 20 euros, en lugar de algo más comedido, es el paso lógico a dar con el lanzamiento de Nintendo Switch 2. ¿Quién se habría quejado con un aumento de 5 euros? Bueno, seguro que muchos lo habrían hecho.
El precio de los videojuegos, tema de conversación en la reunión de inversores
La subida de precios provocó un movimiento en las redes con enormes masas gritando el hashtag «Dropteprices» en cada publicación de la compañía, de tal forma que parecía que el delicado tema de los precios se vería reflejado en las ventas de una consola que ha terminado batiendo récords en todo el planeta. Sin embargo, la voz del público es un tema que no podían ignorar, por lo que fue una de las cuestiones que ha surgido durante la 85 reunión de anual de inversores, celebrada la semana pasada.
Ante la pregunta de un inversor preocupado por el tema, esto es lo que contestó Shuntaro Furukawa, presidente de la compañía.
«Shuntaro Furukawa: En la actualidad el desarrollo de software de videojuegos se ha vuelto más grande en escala y más largo en duración y, como resultado, los costos de desarrollo también han aumentando. El negocio de los videojuegos es inherentemente un negocio de alto riesgo, pero reconocemos que el riesgo aumenta aún más a medida que lo hacen los costes de desarrollo.
A pesar de que el desarrollo de software de juegos se ha vuelto más grande en escala y más duradero, nuestro equipo de desarrollo está probando varias ideas para encontrar formas de mantener la producción tradicional. Creemos que es importante realizar las inversiones necesarias mientras se desarrolla de la manera más eficiente posible.
También creemos que es posible desarrollar software de videojuegos que los clientes vean como una idea interesante, incluso si se trata de desarrollos realizados en un corto período. Creemos que esta podría ser una medida para abordar el problema de los costos de desarrollo y los precios del software de juegos que solo hacen que aumentar, por lo que nos gustaría considerar esto desde varios ángulos dentro de la empresa».
Un modelo de negocio insostenible… sin aumento de precios
Es innegable que el precio de TODO ha aumentado, como para que un videojuego cueste lo mismo que hace 20 o 30 años. La cuestión es que no puedes tampoco subir de golpe 20 euros el precio y pensar que la gente lo va a entender. Por otro lado, nos quedamos con las palabras de Furukawa, que parecen una promesa de que están intentando mantener el desarrollo tradicional, algo que es una buena noticia, mientras que también están tratando de abordar proyectos más cortos en desarrollo que deberían tener un coste menor.
Tanto el presidente japonés, como el americano y otros portavoces de la compañía, ya han comentado en alguna ocasión que el precio de un producto se determinará según el caso, entendemos que dependiendo también del coste de su producción. De esta forma, Mario Kart World tiene un precio de 89, 90 euros, Donkey Kong Bananza de 79,90 euros y Leyendas Pokémon: Z-A de 69,90 euros (en su versión Nintendo Switch 2), siempre y cuando recurramos a las tiendas oficiales de Nintendo, pues, por ejemplo, en Amazon puedes encontrarlos más económicos.
Un tema peliagudo
En mi opinión personal, el problema está en el modelo de negocio actual, que queda claro que no puede sobrevivir y mantenerse si no hay un aumento de precios. Continúo pensando que la solución debería ser la contraria, es decir, bajar los precios para hacerlos más asequibles, para así llegar a un público más masivo. De esta forma se crearían más fans de franquicias, que no solo consumirían videojuegos, pero que además lograrían vender más videojuegos y, por consiguiente, aumentarían los ingresos. No sería una apuesta sin mucho riesgo, dicho sea de paso, pero conocemos casos de éxito del pasado en una diversidad de ámbitos.
Sin embargo, Nintendo tiene en mente que sus productos tienen un valor concreto y muy posiblemente va a ser complicado bajarlos de este pensamiento… aunque hay que reconocer también que el problema está en lo que dice Furukawa: «El negocio de los videojuegos es inherentemente un negocio de alto riesgo». Bajar los precios supondría también confiar en que se van a producir unas ventas mayores de lo habitual, pero, ¿y si eso no ocurre? Hablamos de que el coste de los desarrollos ha aumentado, por lo que recuperar la inversión con unos precios menores requeriría de un número mayor de copias vendidas. Las compañías a día de hoy no son de arriesgar, y en parte es normal. En estos últimos años, hemos visto compañías y estudios que han desaparecido o han quedado mutilados por haber arriesgado, quizás en la dirección que no deberían, dicho sea de paso. Sin lugar a dudas, es un tema peliagudo y la solución más sencilla y con menos riesgo para las compañías es… que nosotros asumamos el aumento de precio, sin más. Y es una pena.





