Hablar de Castlevania es hacerlo de una de esas sagas que han contribuido a definir buena parte de lo que hoy entendemos por videojuego. Desde las primeras incursiones bajo ecosistemas tan limitados como NES (no os perdáis nuestras entregas de NESxtalgia con Castlevania II como protagonista) hasta la revolución que supuso Symphony of the Night, la franquicia de Konami ha sabido dejar huella a golpe de látigo, criaturas de pesadilla y melodías difíciles de olvidar. Una trayectoria que, todo sea dicho, llevaba demasiado tiempo esperando una nueva aventura de la suficiente entidad. Con tal fin, Konami y Evil Empire (Dead Cells) y Motion Twin han decidido hacer un tándem para dar vida a Castlevania Belmont’s Curse. Una aventura de acción y exploración que busca honrar el legado de tan prestigiosa familia de cazavampiros sin quedarse atrapada en la nostalgia.
Belmont’s Curse recoge el testigo de una franquicia histórica para llevarnos hasta un París medieval sumido en el caos. Una propuesta que, además, llega en un momento especialmente significativo, coincidiendo con el 40 aniversario de la serie. ¿La premisa? Volver a empuñar el mítico Vampire Killer, enfrentarnos a las criaturas que amenazan con devorar la ciudad y descubrir hasta dónde llega la maldición que pesa sobre una nueva generación de Belmont. Todo ello presentado bajo el envoltorio prototípico de una aventura de acción y exploración en dos dimensiones, que pretende combinar las raíces clásicas de la saga con un planteamiento mucho más dinámico. ¿Habrá conseguido Evil Empire encontrar el equilibrio entre tradición y modernidad? ¿Qué tal se desenvuelve esta nueva entrega en Nintendo Switch 2? ¡Vamos a descubrirlo en este análisis!
París arde y los Belmont vuelven a la carga
La historia de Castlevania Belmont’s Curse nos traslada al París de 1499, 23 años después de los acontecimientos de Castlevania III: Dracula’s Curse. La ciudad se encuentra amenazada por una invasión de criaturas monstruosas y, ante semejante panorama, los Belmont vuelven a verse envueltos en una lucha que parece destinada a repetirse generación tras generación. En esta ocasión, la protagonista es Rose Belmont, hija de Trevor Belmont y Sypha Belnades. Una nueva heredera de un apellido que pesa tanto como el látigo que porta, y que tendrá que demostrar que está a la altura de quienes la precedieron.
La premisa funciona como punto de partida para una aventura que sabe aprovechar el atractivo de su universo. Compartiendo incluso varios elementos visuales y narrativos procedentes del anime de Netflix. No hace falta conocer cada rincón de la cronología para dejarse llevar por los acontecimientos, aunque los seguidores veteranos encontrarán conexiones y referencias que enriquecen la experiencia. Ahora bien, tampoco estamos ante una historia que pretenda revolucionar la narrativa del género.
El argumento cumple con su cometido, introduce misterios (cero spoilers) y ofrece motivos suficientes para seguir avanzando, pero su principal atractivo reside en acompañar a Rose durante su particular viaje. Hay momentos interesantes y una evolución que ayuda a dar personalidad a la protagonista, aunque determinados acontecimientos podrían haberse desarrollado con algo más de profundidad. En definitiva, la historia acompaña, despierta la curiosidad y sabe cuándo dejar que el mando tome el protagonismo. Y, sinceramente, en un Castlevania eso no tiene por qué ser una mala noticia.
Rose Belmont: el peso de un apellido legendario
Una de las grandes responsabilidades de Castlevania Belmont’s Curse era presentar a una protagonista capaz de sostener el regreso de una franquicia de semejante renombre. Rose no puede limitarse a ser una sucesora de circunstancias, ni convertirse en una mera excusa para recuperar enemigos, escenarios y mecánicas. Por fortuna, su presencia aporta una nueva perspectiva al universo de la saga. Su condición de descendiente de Trevor y Sypha forma parte de su identidad, pero también de los conflictos que debe afrontar. La aventura juega con esa herencia sin exigir que la protagonista viva permanentemente a la sombra de sus padres. El resultado es un personaje que va encontrando su lugar a medida que avanza la historia. No estamos ante una revolución en la construcción de protagonistas, pero sí ante una incorporación que permite mirar al universo Castlevania desde otro punto de vista.
El reparto secundario también contribuye a dar forma al viaje. Sus intervenciones ayudan a contextualizar los acontecimientos y a ofrecer algo más de personalidad a una aventura cuyo peso recae, inevitablemente, en la acción y la exploración. Eso sí, habría agradecido que determinados personajes y situaciones dispusieran de más espacio para desarrollarse. Porque, cuando una saga regresa después de tanto tiempo, no solo apetece reencontrarse con sus criaturas y escenarios. También queremos descubrir qué nuevas historias puede contar.
Las trampas no son trampas si sospechamos de ellas… son un misterio que resolver. – Trevor/Rose Belmont
Mucho más que repartir latigazos
Si hay un elemento que define a Castlevania: Belmont’s Curse, ese es su sistema de combate. El Vampire Killer vuelve a ocupar el centro de la experiencia, pero ahora su utilidad va bastante más allá de mantener a raya a los monstruos que se cruzan en nuestro camino. El látigo también sirve para desplazarnos, alcanzar determinados puntos de enganche y maniobrar por unos escenarios que requieren una precisión milimétrica. Una mecánica que introduce nuevas posibilidades tanto durante los enfrentamientos como en las secciones de plataformas, y que termina convirtiéndose en una de las principales señas de identidad de esta entrega.
Aquí no basta con quedarse quieto y repartir golpes a diestro y siniestro. Los enemigos pueden resistir bastante, por lo que conviene aprender sus patrones, medir las distancias y aprovechar las oportunidades que aparecen durante cada combate. Atacar, reposicionarse y volver a la carga forma parte de una dinámica que busca mantenernos en constante movimiento. La idea es buena y ofrece situaciones que difícilmente funcionarían igual con un sistema de combate más estático. Sin embargo, también exige un periodo de adaptación. Algunas acciones defensivas no funcionan como cabría esperar si estamos acostumbrados a otros títulos de acción, y el control del personaje puede resultar menos intuitivo durante las primeras horas.
Es uno de esos casos en los que el juego necesita que comprendamos sus reglas antes de empezar a disfrutar plenamente de todas sus posibilidades. Cuando las interiorizamos, el combate gana en profundidad; hasta entonces, determinados encuentros pueden hacerse más cuesta arriba de lo deseable. Por suerte, el látigo no está solo. Rose dispone de distintas categorías de armas que modifican la forma de afrontar los enfrentamientos, así como de habilidades especiales y recursos mágicos que permiten ampliar nuestras opciones ofensivas. A ello se suman las reliquias, que introducen diferentes ventajas pasivas y posibilidades de personalización.
El sistema de Arcanos de Castlevania Belmont’s Curse merece una mención especial. Los jefes derrotados quedan vinculados a cartas del tarot cuyas habilidades podemos aprovechar posteriormente. Pudiendo incluso desbloquear nuevos dones tras cumplir una serie de requisitos jugables llamados «Obras de Misericordia». Una mecánica que añade una capa estratégica interesante y nos invita a experimentar con distintas combinaciones en función de nuestras preferencias. No reinventa el género, pero sí aporta suficientes herramientas para que la acción no torne repetitiva.
Explorar, descubrir y volver sobre nuestros pasos
Castlevania, metroidvania y exploración son conceptos que llevan décadas caminando de la mano. Por eso, más allá de los combates, una de las grandes pruebas para Belmont’s Curse consistía en construir escenarios que invitasen a investigar, regresar a lugares conocidos y descubrir secretos que inicialmente parecían fuera de nuestro alcance. Y, gracias a un excelente diseño de niveles, en este terreno la aventura encuentra buena parte de su atractivo. La estructura permite descubrir nuevas rutas, localizar zonas ocultas y regresar a lugares anteriores tras conseguir habilidades que amplían nuestras posibilidades de movimiento. Esa satisfacción continúa siendo uno de los grandes placeres del género.
Además, el látigo desempeña un papel fundamental en el diseño de niveles. Los saltos, las trampas y los puntos de enganche no son simples elementos decorativos: forman parte de unos recorridos que nos obligan a dominar las capacidades de Rose para progresar. Eso sí, conviene tener paciencia. Hay secciones que requieren precisión y buenos reflejos, y un error puede obligarnos a repetir una parte del recorrido.
La dificultad no siempre resulta igual de amable, especialmente cuando el juego combina varias exigencias de movimiento en un mismo tramo. También existe cierto riesgo de que los desplazamientos entre zonas pierdan atractivo cuando tenemos que recorrer una y otra vez caminos ya conocidos. El «Viaje rápido» se siente insuficiente. A pesar de todo, la exploración tiene suficiente peso como para que merezca la pena desviarse de la ruta principal. Y eso es fundamental: encontrar un secreto debería ser una recompensa a nuestra curiosidad, no una simple parada para rellenar el mapa.
Una dificultad que no entiende de apellidos
Que nadie espere un paseo por las calles de París. Castlevania Belmont’s Curse exige atención, precisión y una buena dosis de aprendizaje, tanto en los enfrentamientos como en las secciones de plataformas. Los enemigos tienen sus propios patrones, los jefes obligan a estudiar sus movimientos y los escenarios pueden convertirse en auténticas pruebas de habilidad. En ocasiones, actuar con demasiada precipitación es lo que nos lleva a cometer errores. Esta exigencia encaja con la identidad de la franquicia, aunque no todas las decisiones resultan igual de satisfactorias. Hay momentos en los que la dificultad parece surgir de la combinación de mecánicas poco intuitivas más que de un desafío especialmente ingenioso.
Por fortuna, el juego contempla opciones para ajustar determinados aspectos de la experiencia. Una decisión que permite adaptar la aventura a todos los gustos y sensibilidades jugables. En cualquier caso, estamos ante una entrega que pide implicación. Si disfrutáis aprendiendo los patrones de un jefe, perfeccionando un salto o encontrando la manera más eficiente de superar una zona complicada, aquí tendréis motivos para seguir intentándolo. Si preferís una experiencia más relajada, algunos tramos pueden poner a prueba vuestra paciencia.
En términos de durabilidad, completar la historia principal nos puede llevar entre 8 y 10 horas. Incluso bastante menos en modo speedrun. No obstante, si hablamos de completar el 100% del juego, los diferentes finales y todos los secretos la cosa cambia por completo. Pudiendo estirarse la cosa, de forma bastante satisfactoria y orgánica, hasta las 30 horas de partida. Más aún si tenemos en cuenta la exigencia presentada por alguno de sus imponentes y espectaculares jefes. ¡Ni tan mal!
Un Castlevania con una nueva identidad visual
La ambientación es otro de los grandes pilares de Belmont’s Curse. El París medieval que propone Evil Empire está repleto de arquitectura gótica, rincones amenazantes, un amplio bestiario y escenarios que transmiten esa sensación de estar recorriendo una ciudad donde algo ha salido terriblemente mal. La dirección artística, a cargo de Abel Oroz y del mismísimo Katsuya Terada, combina elementos bidimensionales y tridimensionales para dar forma a una iconografía propia. Los personajes, las animaciones, los efectos y los fondos buscan actualizar la apariencia tradicional de Castlevania sin renunciar a la personalidad de la serie ni perder su imaginario gótico.
El resultado es una puesta en escena más contemporánea y con colores más vivos e intensos. Una elección que puede no convencer por igual a todos, especialmente a quienes prefieren el acabado pixel art. También resulta destacable la variedad de situaciones y entornos. La aventura busca evitar que la exploración se convierta en una sucesión de escenarios intercambiables, introduciendo elementos visuales y obstáculos que ayudan a distinguir unas zonas de otras. No todo alcanza el mismo nivel de inspiración, pero el conjunto consigue transmitir esa mezcla de fantasía oscura, misterio y espectáculo que uno espera de un nuevo Castlevania.
Ecos sonoros del pasado, notas del futuro
Si hay un apartado en el que Castlevania siempre ha jugado en una liga aparte, ese es el musical. La franquicia cuenta con un legado sonoro extraordinario y, por tanto, cualquier nueva entrega debe afrontar una comparación inevitable con algunas de sus melodías más recordadas. Belmont’s Curse opta por una banda sonora, a cargo de ASADI, con personalidad propia. Combinando aproximaciones contemporáneas con referencias más tradicionales. No se limita a reproducir lo que ya conocemos, sino que intenta encontrar un equilibrio entre las nuevas composiciones y los guiños a ese pasado que sigue tan presente.
La propuesta tiene momentos interesantes y demuestra que el universo de Castlevania puede admitir nuevas sensibilidades musicales. Sin embargo, también es un apartado que puede generar división entre los seguidores más acérrimos. No todas las composiciones alcanzan esa capacidad de permanecer en la memoria, que asociamos con las grandes melodías de la franquicia. Y es una lástima, porque la ambientación ofrece un terreno magnífico para que la música termine de redondear la experiencia. Cuando una composición consigue conectar con lo que sucede en pantalla, la aventura gana enteros; cuando no lo hace, se pierde parte de esa magia que convierte un buen escenario en un momento memorable. En cualquier caso, aunque resulta lógico pedirle más, el apartado sonoro acompaña correctamente y contribuye a construir su identidad.
¿Qué tal funciona Castlevania: Belmont’s Curse en Nintendo Switch 2?
Castlevania: Belmont’s Curse se comercializa como un juego de Nintendo Switch, compatible con Nintendo Switch 2. Por lo que no estamos ante una edición nativa diseñada específicamente para la sucesora de la híbrida. Y se nota, vaya si se nota. No obstante, lo anterior no impide que la experiencia gane enteros en formato híbrido. De hecho, las aventuras de acción y exploración en 2 dimensiones encajan especialmente bien con una consola que permite alternar entre el televisor y el modo portátil. Poder retomar una zona complicada, investigar un rincón del mapa o enfrentarnos a un jefe en cualquier parte es una ventaja evidente de esta versión.
En términos de rendimiento, la demo ya había ofrecido indicios positivos al ejecutarse en Switch 2 a una tasa de imágenes muy cercana a los 60 FPS. Por desgracia, pese a la nitidez de los escenarios, los personajes se presentan bastante borrosos con respecto al resto de plataformas. La versión final mejora lo visto en la demo. No obstante, no alcanza los estándares mínimos que podríamos esperar de una versión nativa para un hardware tan superior. Algo incomprensible a estas alturas. Y, pese a que el juego rinde mejor en la sucesora de la híbrida, esa falta de optimización nativa hace que nos encontremos con pequeños tirones puntuales que, eso sí, no afectan a la experiencia. Algo de agradecer en una propuesta donde la precisión y la respuesta de los controles resulta fundamental ¿Los tiempos de carga? Ni demasiado comedidos ni insoportables.
Reclamando un trono casi olvidado
Después de tantos años esperando una nueva entrega de entidad propia, Belmont’s Curse tenía una tarea complicada. No bastaba con recuperar el látigo, desempolvar el bestiario y llenar los escenarios de referencias reconocibles. Había que demostrar que Castlevania todavía tenía margen para evolucionar y que su regreso podía sostenerse por méritos propios. Evil Empire ha optado por una fórmula a lo Dead Cells que respeta las bases de la franquicia, pero que también busca diferenciarse. Y lo hace mediante un sistema de combate más dinámico, un látigo con nuevas posibilidades de movimiento y una exploración que recompensa la curiosidad. Son decisiones que funcionan, aunque algunas necesitan tiempo para asentarse y no siempre alcanzan el mismo nivel de acierto.
Rose Belmont constituye una incorporación interesante, la ambientación mantiene buena parte del encanto de la saga y las posibilidades de personalización aportan variedad al combate. Por el camino, eso sí, encontramos una curva de dificultad algo irregular, ciertas mecánicas que necesitan explicarse mejor y una banda sonora que quizá no alcance las cotas de excelencia que muchos aficionados esperaban. No estamos ante una revolución del género ni ante una aventura que vaya a convencer a todo el mundo por igual. Pero tampoco necesita serlo. Su mayor virtud reside en comprender que el legado de Castlevania no depende únicamente de repetir fórmulas del pasado, sino de encontrar nuevas formas de hacerlas funcionar.
Castlevania: Belmont’s Curse – ¡El látigo vuelve a crujir con fuerza!
Castlevania: Belmont’s Curse supone un regreso ilusionante para una franquicia que llevaba demasiado tiempo en el olvido. Evil Empire recoge el testigo con una propuesta de acción y exploración que conserva las señas de identidad de la saga, pero introduce suficientes cambios como para construir una experiencia con personalidad propia. El combate gana dinamismo gracias a las posibilidades del látigo, la exploración invita a investigar y regresar sobre nuestros pasos, y Rose Belmont tiene ante sí una aventura que le permite empezar a escribir su propia historia.
No todo sale perfecto. Algunas mecánicas requieren un aprendizaje más exigente de lo necesario, la dificultad puede resultar irregular y hay margen para profundizar en determinados aspectos narrativos y musicales. Aun así, el conjunto tiene argumentos suficientes para mantenernos pegados al mando. Su formato híbrido encaja especialmente bien con una aventura que invita a explorar cada rincón y a dedicar unos minutos más a ese jefe que se nos resiste. Eso sí, no contar con una versión nativa para Switch 2 hace que el resultado pierda enteros.
En definitiva, Belmont’s Curse no necesita vivir de las glorias pasadas para justificar su existencia. Le basta con recuperar el espíritu aventurero de los Belmont, introducir ideas que aporten algo nuevo y recordarnos por qué seguimos dispuestos a internarnos en castillos malditos aunque sepamos perfectamente lo que nos espera al otro lado de la puerta.
Hemos realizado el análisis de Castlevania: Belmont’s Curse en Nintendo Switch 2 gracias a una clave cedida por Konami. Versión analizada 1.0.0. Este artículo podría contener enlaces de afiliado con los que nos ayudarás si compras cualquier producto

















