Hay pocas cosas más tentadoras que coger las llaves de un deportivo, poner rumbo a una carretera costera y olvidarse de todo. Y si, además, podemos cambiar el asfalto por caminos de tierra, surcar las olas a bordo de una lancha o levantar el vuelo para contemplar el paisaje desde las alturas, la propuesta empieza a ganar enteros. ¿Quién necesita unas vacaciones cuando tiene todo esto al alcance de un botón? Y en Ubisoft Ivory Tower lo saben. Por todo ello han decidido traernos The Crew Motorfest a Nintendo Switch 2. Una particular fiesta del motor en el archipiélago hawaiano y una entrega que apuesta por las carreras arcade, la libertad de movimiento y una enorme variedad de vehículos muy en la línea de gigantes del género como Forza Horizon.
Pero una cosa es organizar una fiesta sobre cuatro ruedas y otra conseguir que todos los invitados se lo pasen en grande. ¿Está a la altura como adaptación? ¿Merece la pena ponerse al volante en Nintendo Switch 2? Abróchate el cinturón, porque toca comprobar si estamos ante una auténtica celebración automovilística o ante una carrera que necesita pasar por boxes.
¡Hawái, gasolina y muchas ganas de quemar rueda!
El primer gran acierto de The Crew Motorfest está en su escenario. En lugar de apostar por un mapa gigantesco que nos obligue a recorrer kilómetros y kilómetros para encontrar algo interesante, el juego nos traslada a Oahu, una de las islas hawaianas, recreada con las licencias propias de un videojuego que busca espectáculo por encima de la fidelidad geográfica absoluta. Y vaya si hay espectáculo. Zonas costeras, espacios urbanos, bosques, montañas, terrenos volcánicos y un resultón editor de personajes… conforman un escenario lo suficientemente variado como para que cada trayecto tenga su propio encanto.
El contraste entre entornos también ayuda a fomentar la exploración. Sin embargo, que el mapa sea bonito no significa que siempre consiga sorprendernos. La estructura de mundo abierto tiene una clara vocación de servir como escenario para pruebas, y la exploración libre no siempre ofrece suficientes incentivos. La sensación general es la de encontrarnos en un gran parque de atracciones automovilístico. Uno en el que las vistas acompañan, el asfalto invita a acelerar y siempre parece haber alguna actividad esperando a la vuelta de la esquina. ¿Podría tener más personalidad? Sin duda. Pero como escenario para dar rienda suelta a nuestra pasión por el motor, cumple con holgura.
Una playlist para gobernarlas a todas
Si el escenario es el escaparate, las playlists son el verdadero corazón de The Crew Motorfest. Y aquí es donde Ubisoft Ivory Tower demuestra que entiende perfectamente una de las claves de los juegos de conducción arcade. La variedad es fundamental para evitar el fantasma de la monotonía. Estas listas de actividades organizan buena parte de la progresión y agrupan competiciones alrededor de una temática, un fabricante o una disciplina concreta. No se trata simplemente de encadenar carreras sin ton ni son, sino de ofrecernos pequeñas experiencias con personalidad propia, acompañadas de presentaciones audiovisuales que nos ponen en situación antes de empezar a pisar el acelerador
La cultura automovilística japonesa, los vehículos clásicos, el todoterreno o el mundo de las grandes marcas deportivas son algunos de los territorios que explora el juego. Cada playlist introduce sus propias particularidades, ya sea mediante pruebas de velocidad, derrapes o desafíos específicos. Y aquí encontramos una de sus mayores virtudes: la capacidad de sorprendernos cuando menos lo esperamos. No en vano, esos pequeños cambios ayudan a espantar al fantasma de la monotonía.
Las playlist también sirven como una forma bastante efectiva de dar sentido a su sistema de progresión. Y es que, como cualquier propuesta de conducción «abierta» el desgaste (y no hablamos de neumáticos) siempre suele hacer acto de presencia. Ya sea gestionando recompensas en nuestro garaje, descubriendo vehículos o empapándonos de la cultura de la conducción, aquí siempre hay algo que hacer. Eso sí, ya os adelantamos que todas las áreas no alcanzan, ni muchísimo menos, el mismo grado de dedicación.
Más vale maña que caballos bajo el capó
Llega el momento de hablar de lo verdaderamente importante. Porque podemos tener un vistoso mapa, cientos de vehículos y un montón de competiciones, pero si ponerse al volante no resulta divertido, todo lo demás sirve de poco. Por fortuna, The Crew Motorfest apuesta por una conducción claramente arcade. Aquí no hace falta estudiar cada curva como si estuviéramos preparando una prueba de acceso a una escudería. Los vehículos responden a una filosofía accesible, pensada para que podamos adaptarnos con relativa facilidad y centrarnos en la competición. Esto permite que las carreras sean dinámicas y que cambiar de coche no se convierta en una barrera para seguir progresando.
Ojo, también hay margen para aprender a gestionar las curvas, aprovechar las rectas y controlar mejor los derrapes, especialmente en determinadas pruebas. Ahora bien, quienes busquen una simulación exigente pueden encontrarse con una experiencia demasiado permisiva. Las sensaciones al volante priorizan la espectacularidad frente al realismo, y las diferencias entre disciplinas no siempre alcanzan la profundidad que cabría esperar. La conducción cumple su cometido, pero no siempre consigue que cada vehículo se sienta tan particular como su aspecto podría sugerir.
Por su parte, el juego pone a disposición del jugador diferentes cámaras. Incluida una desde el propio habitáculo. Algo que aporta un punto extra de inmersión para quienes prefieran sentir que están sentados al volante en lugar de contemplar la acción desde fuera. Eso sí, la base funciona, pero es la variedad de actividades la que termina sosteniendo buena parte de la experiencia.
Coches, motos, barcos y aviones ¿Quién dijo miedo?
Una de las señas de identidad de la franquicia siempre ha sido su apuesta por diferentes tipos de vehículos, y The Crew Motorfest mantiene esa filosofía. Aquí no estamos condenados a pasar toda la aventura al volante de un deportivo, por muy tentador que resulte. Las motos aportan una alternativa interesante, mientras que las lanchas nos llevan al agua, los aviones nos permiten contemplar el archipiélago desde otra perspectiva y los todoterreno acceder a zonas de otra forma inaccesibles.
Esta diversidad resulta especialmente útil para refrescar/sostener el ritmo. Cuando empezamos a notar que una sucesión de carreras sobre asfalto se nos hace demasiado familiar, cambiar de disciplina ayuda a recuperar la curiosidad. Eso sí, y sentirnos ser pesados, no todas las propuestas tienen la misma trascendencia. En cualquier caso, es difícil negar que este abanico de opciones forma parte del encanto del juego. Es un título que entiende que la pasión por el motor no tiene una única forma de expresarse y que, de vez en cuando, también apetece cambiar el volante por un manillar, un timón o unos mandos de vuelo.
Un garaje digno de cualquier amante del motor
La colección de vehículos es uno de sus grandes reclamos, con modelos de distintas épocas, fabricantes y categorías. Desde deportivos contemporáneos hasta clásicos con mucha historia, pasando por todoterrenos preparados para abandonar el asfalto. Con más de 700 vehículos de más de 50 fabricantes… nos encontramos con opciones para casi todos los gustos.
La personalización y la progresión contribuyen a que queramos seguir jugando. Conseguir nuevos vehículos, mejorar nuestra colección y encontrar el coche adecuado para cada desafío forma parte de ese círculo que nos invita a disputar una carrera más antes de apagar la consola. No obstante, el tamaño del catálogo también tiene una cara menos amable. Tener muchos vehículos no significa que todos vayan a convertirse en nuestros favoritos, y la experiencia pierde algo de fuerza cuando la progresión se traduce en acumular modelos sin que siempre exista una razón clara para utilizarlos.
También hay que tener presente la presencia de compras y contenidos adicionales dentro del ecosistema del juego. Aunque la propuesta ofrece numerosas actividades, el catálogo de vehículos y las opciones de expansión pueden hacer que el recorrido completo sea más amplio de lo que incluye una primera toma de contacto. En definitiva, el garaje es uno de los grandes atractivos de The Crew Motorfest, especialmente para quienes disfrutan coleccionando coches y probando diferentes configuraciones. Eso sí, conviene no confundir cantidad con profundidad: la verdadera diversión sigue estando en lo que hacemos con cada vehículo una vez salimos del taller.
La fiesta del motor se vuelve portátil
Llegamos a uno de los puntos más importantes de este análisis. Porque una cosa es disfrutar de The Crew Motorfest en una plataforma de sobremesa y otra muy distinta comprobar cómo se adapta a una plataforma eminentemente híbrida. Sobre el papel, la adaptación conserva la esencia del juego original y ofrece una experiencia muy completa. Ubisoft ha fijado sus objetivos técnicos en 1080p y 30 FPS, tanto en modo televisor como en portátil. No hay, por tanto, un selector que permita priorizar la fluidez y el rendimiento o los gráficos.
¿Es suficiente para disfrutar de las carreras? Sí, aunque con matices. Los 30 FPS permiten mantener una experiencia de conducción funcional y el desempeño resulta generalmente estable. Y no, no soy un alocado defensor de los fps. No obstante, se trata de un aspecto que incide especialmente en un juego de carreras. Quienes estén acostumbrados a jugar a 60 FPS pueden notar la diferencia, sobre todo en las carreras más frenéticas. En contraposición, los tiempos de carga son muy reducidos.
Todo un espectáculo visual con matices
En el apartado visual también encontramos concesiones. El conjunto conserva el atractivo de sus paisajes, sus vehículos y sus escenarios, pero aparecen limitaciones en la definición de algunos elementos, el suavizado de bordes y la aparición repentina de objetos a cierta distancia. Este último efecto (pop-in) resulta especialmente llamativo cuando recorremos escenarios a gran velocidad. No hablamos de cuestiones que vuelvan la propuesta injugable. No obstante, disfrutar de Hawái mientras conducimos forma parte de la experiencia. Por lo que bien merecen ser tenidas en consideración.
Por otro lado, el formato portátil encaja de maravilla con la estructura de las playlists. Completar una prueba, conseguir una recompensa o echar una carrera rápida resulta ideal para sesiones cortas, sin necesidad de reservar toda una tarde para progresar. Es uno de esos títulos que pueden convertirse en un compañero habitual de la consola, siempre que tengamos presente una condición fundamental…
Una de cal y otra de arena
Alcanzamos una de las grandes pegas de The Crew Motorfest: La conexión permanente a Internet obligatoria. Sí, incluso para jugar en solitario. Un aspecto que limita su faceta portátil. Nada de poder dejar el juego en suspensión. Además, la edición de Nintendo Switch 2 se comercializa bajo el polémico formato tarjeta llave de juego. Algo a tener en cuenta si eres amante de lo físico.
Para compensar, y no se trata de un asunto baladí, el juego admite guardado y progresión cruzados en las plataformas compatibles. Eso sí, las compras digitales realizadas en otras tiendas no se transfieren a Nintendo Switch 2, y esta edición tampoco permite importar la colección de vehículos de The Crew 2.
Siempre hay una carrera más que disputar
Una vez completadas las primeras playlists, The Crew Motorfest tiene más argumentos para mantenernos ocupados. La experiencia no termina cuando superamos sus actividades principales: podemos seguir explorando el mundo, ampliar nuestra colección, disfrutar de las novedades de cada nueva temporada, participar en desafíos competitivos y descubrir circuitos creados por la comunidad (TrackForge). Y es que nos encontramos ante un videojuego concebido como un servicio en constante evolución.
El multijugador ofrece otra manera de aprovechar el garaje y poner a prueba nuestras habilidades frente a otros jugadores. Sin embargo, hay una limitación que conviene conocer: la versión de Nintendo Switch 2 no dispone de juego cruzado completo con el resto de plataformas, aunque sí comparte determinadas actividades y clasificaciones. Para disfrutar de las funciones multijugador también es necesaria una suscripción a Nintendo Switch Online. La propuesta tiene recorrido, sí, pero parte de ese recorrido depende de nuestra afinidad con los juegos de conducción entendidos como servicio.
Conclusión – The Crew Motorfest. Un festival del motor con alguna curva peligrosa
Hay juegos que nos conquistan por su historia, otros por sus personajes y algunos simplemente nos invitan a disfrutar. The Crew Motorfest pertenece a este último grupo. Su propuesta es directa: elegir un vehículo, salir a la carretera y dejar que el paisaje y la velocidad hagan el resto. Y es que no necesita reinventar el género para resultar divertido. Por si fuera poco, el juego no se limita a proponernos carreras convencionales, sino que explora diferentes épocas y culturas automovilísticas, alterna disciplinas y nos invita a probar vehículos. Esa capacidad para cambiar de registro es lo que mantiene viva la experiencia, incluso cuando algunas actividades pierden fuelle o la fórmula empieza a resultar repetitiva.
Oahu también pone mucho de su parte. Sus carreteras costeras, sus montañas y sus entornos tropicales conforman un escenario que apetece recorrer, aunque el mundo abierto no siempre ofrezca suficientes motivos para abandonar las pruebas principales. Por desgracia, aunque la conducción es accesible y divertida, tampoco alcanza la profundidad necesaria para convertir cada vehículo en una experiencia verdaderamente única.
En Nintendo Switch 2, el resultado tiene un mérito evidente: acercar una propuesta tan amplia al formato híbrido. Sin embargo, la limitación a 30 FPS, los defectos visuales y la conexión obligatoria a Internet son inconvenientes demasiado importantes como para pasarlos por alto. Especialmente este último, que choca de frente con la libertad que debería proporcionar el juego portátil.
¿Merece realmente la pena?
La pregunta no es tanto si The Crew Motorfest tiene gasolina suficiente para llegar a la meta. La tiene. La cuestión es si sus concesiones y su falta de personalidad le impiden subir al podio. Y, en esta ocasión, la respuesta es que se queda un poco a medio camino.
Al final, Ubisoft ha conseguido organizar una fiesta con suficientes atractivos para mantenernos entretenidos durante muchas horas. Solo que, entre tanta música, tanto rugido de motor y tanto espectáculo, hay momentos en los que se echa en falta una identidad más marcada y una adaptación técnica más ambiciosa. Porque sí, Hawái es un destino estupendo para perderse al volante. Pero hasta en el paraíso hay curvas que conviene tomar con precaución.













