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Si bien es cierto que el género de los plataformas no ha llegado a desaparecer en ningún momento, hay que reconocer que su representación entre los demás géneros tiene altibajos. Con la aparición de los juegos indies, los plataformas, especialmente aquellos en 2D, están teniendo una nueva juventud. ¿El culpable? Cierto trozo de carne que llegará pronto a Nintendo Switch y sorprendió a todos con un plataforma rápido, directo y bastante exigente. Y de esos lodos nace directamente un ser viscoso. De ahí surgió el análisis que nos atañe hoy, Slime-san.

 

Slime-san: Switch Trailer

 

Slime-san sabe cómo provocar una mala digestión

No soy el único que piensa que Slime-san es “viscoso pero sabroso”. Nada más empezar el juego, un gusano gigante se traga al que desde hoy es mi limo favorito y lo manda al fondo de su sistema digestivo. Ahí empieza la aventura para salir de las entrañas de la bestia a lo largo de cien niveles divididos en cuatro fases cada uno que nos van a hacer sudar gotas de baba verde por todos nuestros poros de la piel si queremos conseguir todas las manzanas coleccionables, ya llegaremos para qué sirven, y superar los tiempos del modo contrarreloj, que el que los haya pensado debe de estar encerrado en un centro mental. Eso o se lo ha comido un gusano gigante en otra vida.

 

En la gran mayoría de estos niveles se respira el espíritu de los plataformas de Nintendo de ir añadiendo una nueva cosa a la jugabilidad, una nueva mecánica, un nuevo tipo de dificultad en cada nueva pantalla. El objetivo es que te vayas familiarizando poco a poco con las cosas para que cuando empiecen a salir todas juntas puedas superarlas sin problemas. Y la verdad, en el diseño de la curva de dificultad y la curva de aprendizaje es excelente y se nota que está pensada hasta el más mínimo detalle. Mecánicamente es bastante simple, que no por ello sencillo. Slime-san puede saltar hacer un dash, pegarse a las paredes y ralentizar el tiempo para atravesar ciertos objetos verdes. Y solo con eso tendremos que superar las cuatrocientas fases y sus jefes finales de cada mundo. Avisados estáis de que el tramo final es digno de rivalizar en cuanto a exigencia con la mente perversa de Edmund McMillen.

 

Slime-san

 

Pero no todo será dar saltos por ahí esquivando ácidos gástricos y enemigos. ¿Os acordáis de las manzanas coleccionables que mencioné antes? Pues son nuestra divisa dentro del gusano devorador de mundos, porque este gusano se lo traga todo. De hecho tiene una ciudad entera en sus entrañas, con sus tiendas, arcades, bancos y otros supervivientes poblándola.  En las tiendas podemos comprar desde ropa, otros personajes que cambiarán la forma de jugar hasta efectos gráficos que hacen que la pantalla parezca un VHS, una Virtual Boy o una Game Boy entre otros. La ciudad se va expandiendo y llenando de nuevos personajes a medida que vamos encontrándolos en las salidas secretas de algunos niveles. Y algunos de los habitantes, por no decir la gran mayoría, son referencias directas a personajes de series, animes o videojuegos.

 

Slime-san

 

Viendo el video y las imágenes, seguro que lo primero que os ha llamado la atención es el simple pero efectivo apartado visual de 5 colores: dos tonos de azul, blanco, rojo y verde. Simple pero cumple a la perfección a nivel jugable. Con tan solo ver que un elemento es de un color determinado ya sabes cómo va a relacionar nuestro moquete protagonista con ese objeto. Si es verde podrá rebotar en él y atravesarlo con el tiempo ralentizado. ¿Eso nuevo es rojo? Mejor no lo toques si no quieres morir. A nivel de audio Slime-san imita a la perfección el sonido de una NES o una Game Boy con canciones chiptune, repetitivas pero que no cansan en absoluto y que terminas tarareando una vez que apagas la consola.

 

Por último, si el desafío de superar las cuatro cientas fases te parece poco, el juego cuenta con una serie de extras que van desde minijuego arcades para dos jugadores, un modo new game+ donde las fases se mezclan entre sí volviéndose aún más difíciles, modo speedruner y modo Boss Rush. Y por si fuera poco su expansión llagará gratuitamente mediante DLC. Vamos que hay limo para rato.

 

 

Slime-san – Delicioso zumo de lima que deja un fantástico sabor de boca

Claramente inspirado por Super Meat Boy, Slime-san triunfa donde muchos otros han fracasado. Va mucho más allá de ser un juego “a lo Meat Boy”, consiguiendo una personalidad y jugabilidad propias que le hacen destacar por sus méritos. Si te gustan los plataformas desafiantes y no tienes miedo a morir un buen puñado de veces, échale el diente a Slime-san, pero no te lo comas o tendrá que volver a escapar.

 

Slime-san

 

Este análisis se ha realizado gracias a un código del mismo proporcionado por Headup Games.

Análisis - Slime-san (Nintendo Switch). Este limo tiene muy mala baba
El moco de Slime-san no tiene nada que envidiar al "cachocarne" de Meat Boy. El hijo verde puede mirar de tú a tú a su padre y éste último sentirse orgulloso. Si eres de los que disfrutan los plataformas de pensar rápido y actuar frenéticamente, tiraos a él de cabeza.
Historia60%
Jugabilidad90%
Gráficos80%
Sonido80%
Duración85%
Pros
  • La integración de su llamativa estética a nivel jugable
  • Guiños y referencias por todos lados
  • Jugablemente es casi perfecto gracias a sus mecánicas y su curva de dificultad
Contras
  • El último tercio y los desafíos contrarreloj van a sacar de quicio a más de uno
  • Los efectos visuales que se pueden comprar son bonitos, pero inútiles. Es casi imposible jugar con ellos
  • Los juegos del arcade vienen bien para desconectar pero no destacan por nada en particular
79%Nota Final
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