Rad Rodgers Radical Edition Switch

Análisis – Rad Rodgers Radical Edition (Nintendo Switch). Regreso a los 90

Rad Rodgers Radical Edition Switch
Fecha de lanzamiento
26 febrero, 2019
Género
Acción, arcade, puzles, 2D
Nuestra puntuación
84
Rad Rodgers Radical Edition

Una época importante para los videojuegos fue a la década de los 90, donde se dio el salto de los 8 a los 16 bits, lo que supuso un cambio importante, y no sólo a nivel gráfico, ya que, aunque aún existían grandes limitaciones tecnológicas, por lo menos surgió la capacidad de comenzar a diferenciarse un poco más, sobre todo en géneros tan competitivos y prolíficos (entonces y ahora) como los plataformas de acción. De esos años también proceden grandes clásicos que sentaron sus bases a posteriores generaciones, como Super Mario World, Super Castlevania IV, Donkey Kong Country, Super Metroid o Contra III dentro de los arcades y la exploración, por nombrar tan sólo unos pocos ejemplos representativos dentro de la larguísima lista de posibles a nombrar. Tan importante fue esa época por tanto, que no es de extrañar que muchas de las actuales compañías indies le rindan tributo a través de juegos que se pueden considerar verdaderos herederos, obviando por supuesto las mejoras en control y la alegría de los gráficos HD; es el caso de Slipgate Studios, quien hace un par de años se le ocurrió crear un plataformas de vieja escuela que fuera todo un homenaje en clave de humor hacia los “ancestros” de 16 bits, aprovechando eso sí, las bondades del conocido motor Unreal Engine 4. Tras un tiempo de espera ha dado el salto a la eShop de la consola híbrida, y lo mejor es que lo hace directamente a través de una versión ampliada de nombre Rad Rodgers Radical Edition. En la misma, aparte de incluir un estupendo modo cooperativo para dos jugadores y un modo batalla, aparece un mapa general entre niveles y, por supuesto, más fases con las que saciar nuestras ansias arcade; pero echemos un vistazo a lo que nos aguarda en este plataformas que vive a caballo de dos distantes generaciones tecnológicas.

 

 

Consola-ría mucho convertirse en el héroe del día

Rad es un joven como otros tantos, quien vive con pasión los videojuegos, aprovechando cada rato libre disponible para sumergirse en ese mundillo de jefes finales, montones de ítems y áreas secretas por descubrir, con una vida de lo más normalita hasta que una noche, al poco de acostarse es despertado por un ruido inesperado, nada menos que un vórtice ha aparecido en la pantalla de la tele de su cuarto y se lo traga, mandándolo a otro mundo de ceros y unos y muchos píxeles en el que tiene la oportunidad de convertirse en uno de sus héroes de acción favoritos. La cosa no pinta fácil puesto que ese otro mundo se haya corrompido tras verse el Gran Árbol privado de su cargo de Guardián de esa tierra, por suerte no estamos solos, ya que nuestra fiel consola Dusty (con cierto aire a una Snes con vida propia) se ha venido con nosotros, dispuesta a que formemos el dúo más carismático y gamberro después de Banjo-Kazooie y así poner orden a tiro limpio. Su ayuda nos vendrá de perlas de hecho, ya que es la única capaz de resolver los bugs presentes en el código del Pixelverso (esa cuarta pared omnipresente) para poder continuar avanzando sin problemas por los diferentes niveles.

 

 

Este título alterna por tanto entre varios generos: las plataformas arcade de toda la vida, saltando y disparando a todo ser amenazante que se atreva a hacernos frente, la exploración de niveles grandes con varias rutas escondidas (no llega al nivel de un Metroidvania por supuesto, es algo más ligero) y la resolución de pequeños puzles, sobre todo cuando toca sumergirse en el Pixelverso con Dusty y encontrar la manera de solucionar el problema que corresponda (encontrar las plataformas que faltan, activar una secuencia determinada de botones,…); una alternancia que viene bastante bien para darle variedad a un género que suele tener el eterno estigma de la repetitividad. Una variedad que también viene reforzada con pequeñas fases de bonus entre cada nivel normal, las cuales podemos repetir todas las veces que queramos; eso sí, lo que no cambia es que, al igual que en otros arcades, lo importante no es la trama ni mucho menos, es casi una excusa para explicar por qué estamos donde estamos portando un arma casi tan grande como el protagonista, cargándonos a todo lo que se mueva, exceptuando desde luego a los variados npcs que nos vamos encontrando, que nos ofrecen objetos y algo de conversación intrascendente pero llena de humor. El objetivo en cada nivel es el mismo, encontrar las cuatro piezas de un medallón que nos abre la puerta a la fase siguiente, estando cada fragmento desperdigado por diferentes lugares de cada enorme escenario, y para ello los tenemos que explorar a fondo, por si además podemos encontrar los diversos coleccionables escondidos en las zonas secretas (te sale un mensaje de aviso de hecho, cada vez que encuentras alguna).

 

 

Bug-cando piezas por todas partes

Respecto a los aspectos técnicos de este juego, decir que en general luce bastante bien, ni que decir tiene que, como otros títulos creados a partir del motor Unreal Engine 4, luce con alto nivel de detalle respecto al apartado visual: mucho juego de luces y sombras, coloridos parajes, efectos gráficos para explosiones y disparos de lo más impactantes, nunca mejor dicho; quizás a veces cuesta un poco distinguir el camino a seguir en medio de tantos colores, pero también ayudar a estar algo más pendientes de las rutas secretas por encontrar, sobre todo cuando una vez tras otra nos encontramos con un camino cortado y toca dar media vuelta y buscar como locos. En cuanto al apartado sonoro, mencionar las melodías de lo más marchosas que nos acompañan, no es que sean lo más pegadizo del mundo, pero van bien asociadas con los momentos de acción y exploración que vivimos a lo largo de la aventura; destaca el apartado de voces de los personajes, bastante curradas tanto en las escenas donde se relata la historia como en las conversaciones que sobre todo el dúo de protagonistas sostienen a lo largo del recorrido por las fases, originales y cargadas de humor ácido, con cierta recurrencia a las palabrotas, aunque se pueden omitir por medio de los consabidos pitidos de censura si así nos lo pidieran nuestros sensibles oídos. Un aspecto también interesante es que el juego se adapta a un público de lo más amplio, tanto por el detalle anterior de permitir obviar los términos malsonantes como también por la opción de omitir cualquier rastro de sangre o visceras voladoras, y la de contar con diferentes niveles de dificultad, que varían en la resistencia de los enemigos y en el número de oportunidades de que disponemos para completar cada fase, no cambia eso sí, la IA de dichos enemigos, que tiende a ser en cambio un poco predecible a veces, en cuanto se le coge el patrón de ataque (¿una referencia más a la época de los 16 bits?).

 

 

Los controles son todo lo sencillos que se puede esperar de un juego de tipo run, jump & gun, pero con algunos añadidos interesantes que facilitan mucho la mecánica para quienes tengan menos experiencia en la materia. Nos desplazamos con el stick izquierdo, saltamos con el botón B, disparamos con el Y o el R, y apuntamos o bien con el mismo stick izquierdo mientras nos movemos o con el derecho para hacerlo de manera independiente, como ayuda extra, podemos más o menos fijar objetivo sobre el enemigo más próximo que tengamos, y así no tenemos que molestarnos apenas en apuntar, siempre que estemos relativamente cerca y más o menos en un radio de 15 a 30º de diferencia. La jugabilidad en general es buena, aunque al principio resulta un poco tosca, como con un leve retraso en el tiempo de respuesta, no es que nos vaya a costar la partida por eso, pero hay que acostumbrarse al principio para no llevarnos muchos golpes innecesarios. La historia en sí no resulta muy larga, en cuestión de seis a siete horas nos la podemos ventilar, la gracia está en que al menos gracias al cooperativo para dos jugadores y al modo batalla este título cuenta con mucha rejugabilidad y da algo más de sí.

 

 

Rad Rodgers Radical Edition – Tu Snes, la mejor amiga de batalla

Rad Rodgers Radical Edition constituye un homenaje a aquellos arcades y plataformas de la época de los 16 bits, con toda su sencillez, colorido y originalidad, pero llevado un poco con el poderío gráfico y sonoro más actual, un guiño nostálgico dirigido sobre todo a aquellos que en su día vivimos la época de la Snes (la inclusión de Duke Nukem como personaje jugable entre otros no tiene precio), y a su vez una aventura de lo más desenfadada que puede gustar a un público de lo más variado, siempre y cuando su género favorito sea la acción sin excesivas complicaciones de tramas ni mecánicas. Hay que reconocer el esfuerzo de su desarrolladora por tratar de darle variedad e innovación, teniendo en cuenta que no es ése el punto fuerte precisamente dentro del género tan nutrido como es el de los arcades, sobre todo desde hace unos años a esta parte. Algunos flecos se quedan por el camino no obstante, como la falta de unos controles un poco más pulidos, y una Cpu un poco menos predecible, pero por lo demás, estamos ante un título que cumple de sobra con su función de entretener, junto con la de sorprender en algunos momentos.

 

Rad Rodgers Radical Edition Switch
Análisis realizado gracias al código cedido por THQ Nordic
Rad Rodgers Radical Edition Switch
PROS
La carisma de los personajes, el humor tan ácido que se gastan
Esos originales guiños retro y esa sutil y continua referencia de la cuarta pared de los videojuegos
El modo cooperativo y batalla le dan mucha vidilla al juego
CONTRAS
Faltan unos controles un pelín más pulidos
La cpu de los enemigos resulta un tanto predecible en ocasiones
84
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