
Para muchos de los que comenzamos nuestra andadura videojueguil y nintendera allá por los años 80 y 90, hay una imagen súper reconocible. Un personaje de cabello rubio en un mundo pixelado explorando y abriéndose paso a espadazos aquí y allá. Los títulos en 2D de The Legend of Zelda no sólo sentaron las bases de una saga que, a día de hoy, sigue siendo de las más grandes de la historia (en opinión de un humilde servidor, la más). También sirvió de inspiración para otros muchos desarrolladores que vieron en ese formato la forma idónea de contar una historia o traer una experiencia divertida. La admiración por la saga del héroe es el germen de títulos como el que analizamos hoy: Ocean’s Heart.
Desarrollado principalmente por el desarrollador independiente norteamericano Max Mraz, Ocean’s Heart ha llegado a Nintendo Switch. Y, ni NextN, como fans de Nintendo de toda la vida, ni yo mismo, profundo amante de la saga Zelda, podíamos dejar pasar la oportunidad de comprobar el resultado de primera mano. Y es que nos encontramos ante un título que no pretende en ningún momento negar de dónde viene, pero tampoco se conforma con ser una copia e intenta crear su propio entorno. ¿Cuál es el resultado? Montad en nuestro barco, nosotros nos encargamos de llevar el timón. Porque esto es una aventura marítima.
¿Dónde ha ido papá?
Tilia es una joven que vive en una pacífica aldea de una pequeña isla, echando una mano en el negocio de su padre. Un buen día, mientras atiende a sus deberes, unos piratas asaltan la aldea y se llevan a su mejor amiga. Su padre, miembro de la Guardia Voluntaria, sale en persecución de los piratas. Tilia se queda sola junto a su madre. Pasan los días, las semanas, los meses… Y su padre no regresa. ¿Qué ha pasado con él? La joven Tilia, tan valiente como su progenitor, se embarca en una aventura que le llevará a encontrar a su padre… O a reclamar venganza contra los piratas.
En el transcurso, descubre que el líder pirata, Barbanegra, está tratando de conseguir un artefacto mágico conocido como el Corazón del Océano. Este artefacto otorga a su portador el poder del rey de los mares… Pero se dice que ningún hombre ha resistido a su poder, y que todos han acabado malditos. ¿Qué pasará si Barbanegra logra sus propósitos? Mientras sigue el rastro de su padre, Tilia se ve envuelta en una aventura de mucho mayor calado: la aventura que le lleva a enfrentarse a los piratas y frustrar sus malévolos propósitos.
Ocean’s Heart, una carta (náutica) de amor a la saga Zelda
Sí, estamos mencionando demasiado a la saga del héroe, pero es que no es para menos. Ocean’s Heart no quiere esconder de dónde viene su inspiración, al contrario. El formato de la aventura es más que reconocible: conseguimos nuestra espada y nos lanzamos a la aventura. Por el camino, vamos conociendo personajes secundarios de lo más variopintos, explorando pueblos y lugares inhóspitos, adentrándonos en los confines de bosques, cuevas y templos y derrotando monstruos por el camino, amén de los piratas, que no nos ponen las cosas nada sencillas. Al menos en un principio.
La forma que tiene Ocean’s Heart de desarrollar su historia es de lo más orgánica. No se encorseta en un formato rígido de exploración, mazmorra, jefe y vuelta a empezar, sino que va presentando sus elementos con delicadeza, dejando que la historia fluya, y sobre todo, no atándonos del todo a la linealidad. Porque sí, hay linealidad, como es habitual en este tipo de títulos. Pero, al margen de las misiones principales, hay una serie de secundarias que nos impulsan a salirnos del camino. Además, la linealidad no se basa del todo en cerrarnos la puerta hasta encontrar el objeto adecuado. A veces, podemos saltarnos cierta misión principal y explorar hasta más allá. Si bien la historia igualmente no avanza si no superamos las misiones principales, hay bastante libertad de movimiento. Entre misiones principales y secundarias, lo normal es tener para unas 10 horas de juego aproximadamente.
¿Mapas? Qué es eso? Yo sólo quiero ver el mundo
En ese sentido, sí que hay que decir que la estructura clásica de Zelda se rompe por completo en uno de los puntos esenciales de la misma: el mapeado. El mapa de Ocean’s Heart apenas sirve para algo más que para saber en qué área estamos, sin marcarnos el punto exacto, y para el viaje rápido. Ni siquiera las mazmorras tienen mapa o brújula. En el caso de las mazmorras, en realidad no es un problema no tener mapa, porque el avance por ellas es bastante intuitivo, y la ausencia de mapa estimula su exploración. Pero sí que puede ser un problema si nos perdemos en algún área amplia y no encontramos el camino de salida.
De cualquier modo, aunque esto puede ser un pero, sí tiene una justificación. Y es que el título lo vuelca todo a las manos del jugador en ese sentido. Tú decides por dónde exploras, por dónde te pierdes, por dónde te mueves. Rara vez se te obliga a seguir una dirección concreta, más allá del hecho de cumplir la misión en curso para avanzar en la historia. Es un avance muy natural, que además, está repleto de humor por los cuatro costados. Los diálogos son, con mucha frecuencia, motivo de risa. Un gran trabajo humorístico de Max Mraz, pero también un gran mérito en la traducción, que mantiene un tono muy fresco, siempre apto para todos los públicos.
El corazón y el puño manejan su propio timón
Los dos principales contrastes de Ocean’s Heart con la saga Zelda se producen en el sistema de progresión y en la forma de gestionar la salud. En el primer caso, encontramos objetos varios a lo largo de la aventura, algo típico de este formato. Pero aparece un sistema de mejoras de espada, armadura y arco. Podemos aumentar nuestro nivel de ataque y de defensa pagando a los herreros de cada aldea o cumpliendo ciertas misiones secundarias. ¿Lo malo de esto? Que, si lo explotamos de forma adecuada, el final del juego es un paseo. Al principio de la aventura es normal morir incontables veces, pero si mejoramos bien las armas, esto cambia. A excepción de algún que otro jefe, todos caen a los 6-7 espadazos, por lo que se pierde el componente de desafío por completo.
En cuanto a la salud, no hay corazones en los jarrones ni en los matorrales. Tampoco hay botellas ni grandes hadas (aunque algún que otro hada si nos cruzamos en algún momento). Lo que hay son bayas, manzanas y otro tipo de alimentos que acumulamos en el inventario y que nos recuperan vida si los tomamos. También pociones para resucitar en caso de perder toda la vida, amén de algunas para reforzar nuestra magia y nuestras prestaciones ofensivas y defensivas. Por lo tanto, no nos curamos automáticamente, sino que tenemos que hacer uso activo de objetos para sanarnos. Es otro factor que, una vez acumulado un inventario generoso, convierte los combates contra jefes en un paseo triunfal.
La belleza del océano
Irónicamente, el título se desarrolla casi completamente en tierra firme, y sólo los viajes rápidos suceden por mar. El archipiélago de Ocean’s Heart tiene una estética muy propia de la saga a la que busca homenajear, e incluso algún que otro enemigo es prácticamente idéntico a los de A Link To The Past o The Minish Cap. Una prueba más de que lo que intenta este título, sin renunciar a su identidad propia, es enviar una carta de amor a la saga Zelda. Por su estilo gráfico, es un título que se disfruta de forma especial si utilizamos el modo portátil de Nintendo Switch.
Alguna pega hay en lo técnico, no obstante. En ocasiones, en algunas mazmorras, se experimentan caídas de rendimiento temporales que posteriormente son compensadas con una aceleración temporal de la acción. Como cuando aprietas el bote de ketchup, no sale, y después sale todo de golpe. Del mismo modo, la banda sonora, aunque tiene composiciones bastante agradables y objetivamente buenas, no llega a ser un acompañamiento climático a la acción que sucede, desligándose en ocasiones de ella. No es una mala banda sonora, pero podríamos decir que va por libre y no se vuelca en mejorar la experiencia narrativa y climática.
Ocean’s Heart – Nintendo Switch. El océano envía una carta de amor a su padre
Ocean’s Heart es un soplo de aire fresco que trae de vuelta una jugabilidad y una estética que muchos amamos. Recoge las enseñanzas de la saga Zelda y las adapta a su propia narrativa, consiguiendo con ello una historia y una exploración que avanzan de forma tremendamente orgánica, y en las que el jugador se siente libre incluso dentro de la linealidad. Una aventura estimulante que será un paseo para los más experimentados en el género. Pero no por ser un paseo deja de ser un paseo precioso y agradable.


















