
En arte, se conoce como pentimento a las huellas que delatan el cambio de opinión de un artista respecto a una obra ya comenzada. Hay un ejemplo célebre de pentimento en el cuadro El bufón calabacillas, de Velázquez, donde puede verse claramente cómo una de las calabazas del lienzo fue antes una jarra. Este término, de origen italiano, surgió y ha sido ampliamente estudiado en relación a las artes plásticas, pero su uso pronto se extrapoló a otros campos como el de la escultura, el grabado e incluso la literatura. Pentiment, la nueva obra de Obsidian Entertainment distribuida por Microsoft Studios, se propone explotar este concepto con toda la carga histórica que conlleva.
Sobre literatura y artes plásticas se articula el diseño creativo del título. La principal inspiración de Pentiment son los manuscritos iluminados y las xilografías de una época en la que Europa estaba inmersa en grandes cambios políticos y religiosos. El siglo XVI cobra vida a través de los ojos de Andreas Maler, un artista que aspira a convertirse en maestro terminando su ópera magna en el monasterio de Tassing. Sin embargo, nuestro trabajo se ve envuelto en una serie de escándalos e intrigas que convierten esta pequeña aldea de los Alpes bávaros en una bomba de relojería y nos obligan a tomar decisiones drásticas. En última instancia, pentimento significa arrepentimiento, un matiz que a la hora de analizar este título no resulta baladí. Acompañadnos en nuestro viaje por las entrañas del monasterio de Kiersau.
Temor de dios
Es difícil delimitar el género en el que se mueve Pentiment. A primera vista parece una aventura gráfica al más puro estilo point and click, pero es cierto que la acción se ve relegada durante casi todo el juego (que nos dará para entre 15 o 20 horas de entretenimiento si vamos despacio a por todo lo que nos ofrece) en pro del texto, lo que por momentos hace que nos recuerde a una novela visual. Como buen representante de estos géneros, se apoya en un estilismo carismático y muy original: los manuscritos medievales y el arte de la xilografía, que cobró especial relevancia con la popularización de la imprenta. La simbiosis entre literatura y pintura está especialmente cuidada en lo que respecta a las grafías: hay varios tipos de fuente distintos que representan la personalidad y el trasfondo de los personajes que la usan cuando hablan.
Los gráficos son sencillos, aunque la animación de los personajes está mucho más cuidada de lo que parece a simple vista. Su forma de reaccionar ante nuestros actos sorprende. Por desgracia, su apuesta por el gameplay en 2 dimensiones nos puede dar más de un quebradero de cabeza, sobre todo en lo que respecta a las perspectivas. Pentiment juega con la profundidad de las imágenes que muestra, y cuando hay que desplazarse en el eje y el mando no siempre responde con fluidez. Esto llevará al personaje a quedarse quieto o retroceder sobre sus pasos. También hemos echado en falta algo más de libertad de movimiento: es frecuente encontrarnos con caminos cortados y con muros invisibles, aunque por suerte la mayoría de las veces los límites a nuestro progreso se implementan de manera orgánica y obedecen a la narrativa. Aún así, es una pena no poder acceder cuando queramos a lugares que resultan verdaderamente hermosos.
Paganos y romanos
A nivel técnico, Pentiment se desenvuelve con solvencia. Obviando los pequeños fallos de diseño que hemos comentado, se mueve con fluidez tanto en sobremesa como en portátil y no hemos encontrado ni un solo bug. El juego tiene tiempos de carga abundantes, y a pesar de ser breves (cuestión de segundos), son muy molestos. El mundo está segmentado en algo más de una decena de localizaciones, y no podemos movernos entre ellas sin que salte una pantalla de carga. Al final acabas acostumbrándote, pero no deja de entorpecer el ritmo.
La jugabilidad se basa la toma de decisiones y, aunque no de forma evidente, en la gestión de recursos, especialmente el tiempo. En los primeros compases de la aventura parece que la adición de relojes y de franjas temporales tan marcadas son una mero añadido ambiental, y seguramente hubiese debido hacerse un trabajo más estricto para dejar claro que organizar bien nuestra agenda es una mecánica fundamental de Pentiment. Nosotros tardamos más de lo debido en darnos cuenta de cómo aprovecharlo, y para cuando lo hicimos ya era demasiado tarde para rehacer algunas elecciones. Esto juega a favor de la rejugabilidad (lo que nos dejamos en el tintero resultó ser muy interesante en la segunda partida), pero es frustrante darse cuenta tan tarde de algo que tiene tanto peso en la trama.
Al principio también nos pareció sorprendente el protagonismo que se le daba a las comidas. El almuerzo y la cena eran momentos de pausa obligada en los que el juego limitaba la exploración y la documentación para obligarnos a sentarnos con alguno de los personajes secundarios. A lo largo del día recibimos como mínimo un par de invitaciones a comer, y tenemos que decidir con quién hacerlo. Después de un par de comidas, es evidente que Pentiment usa la comida como metáfora narrativa, pues el menú y la conversación son radicalmente distintos en función de la mesa a la que nos sentemos. Estos momentos son quizá los más lentos del juego, pues los diálogos están muy desarrollados y la acción se limita a elegir qué alimento tomar, apuntando a algo similar a un minijuego pero sin conseguirlo.
Y, hablando de minijuegos, en Pentiment nos encontramos con ellos por doquier. El título es consciente de su intensísima carga narrativa y busca aligerarla con algunos minutos de asueto que, desgraciadamente, se quedan cortos. La mayoría no exigen ningún esfuerzo por parte del jugador, ni lógico ni motor, y los que lo hacen, como algunos puzles o juegos de cartas, no pueden rejugarse a placer.
Campesinado estresado
La narrativa es el punto fuerte de Pentiment. El trabajo que ha hecho Obsidian en este apartado es, sencillamente, magistral. La cantidad de referencias históricas, artísticas y culturales pueden resultar abrumadores, pero están perfectamente indexadas para darnos pie incluso a investigar sobre ellas por nuestra cuenta. Políticos, filósofos, escritores, inventores, artesanos, artistas… todos hombres, como no podía ser de otra manera. La crítica social es el motor que mueve este título, y el papel de las mujeres en el devenir de la historia es uno de los temas que gritan con más fuerza. No escucharemos hablar de mujeres célebres, pero escucharemos hablar a las mujeres: monjas y campesinas sin miedo a opinar sobre el puesto que ocupan en la vida del pueblo, de la región y, en última instancia, de Europa.
La trama de Pentiment se centra en los conflictos de los campesinos supeditados a sus señores feudales y los abades que administran el territorio. En Tassing, la antigua aldea romana donde se desarrolla la acción, gobierna el abad del monasterio de Kiersau. Los impuestos y las restricciones de explotación que impone sobre el pueblo tiene descontentos a los lugareños, pero los monjes también están ahogados por la financiación del monasterio y buscan ingresos tanto en las donaciones de los nobles como en la venta de manuscritos. Andreas Maler es un artista que llega a Kiersau justo para trabajar en uno, pero se ve envuelto en una serie de intrigas nobiliarias y crímenes que convierten el título en un apasionante thriller histórico.
El leitmotiv del juego es la crítica continua al dogma cristiano y su tendencia al autoritarismo mediante el sometimiento moral. Pentiment pone a la religión occidental frente a sí misma eligiendo como ambientación los tiempos de Lutero y la reforma protestante. Además, reflexiona sobre la construcción de la realidad social a partir de las directrices de la fe sin limitarse al siglo XVI. Habla sin tapujos de cómo el cristianismo adaptó mitos romanos, y cómo los romanos actualizaron antiguos mitos paganos, para ayudar a los imperios a someter las civilizaciones que conquistaban. Toda esta crítica social, a pesar de remontarse milenios, tiene una lectura actual rica y comprometida que se agradece.
Pentiment – La historia interminable de la revolución
Si las narrativas que te mantienen pegado a la silla y los giros de guión que os vuelan la cabeza son lo vuestro, Pentiment es lo que estáis buscando. El título de Obsidian consigue mantener el interés buscando los agujeros de su propia historia para enhebrar a su través la solución menos evidente al conflicto que propone, y logra que nos sacudamos de encima el sopor al que puede inducirnos para volver a engancharnos a su trama. Mucho texto, sin duda, pero aderezado con un apartado artístico que bebe de muchas fuentes sin renunciar al eje en el que se vertebra. Además, se sostiene sobre temáticas maduras y muy complejas, haciendo al jugador partícipe de ellas en primera persona. Pentiment ya está disponible a través de la eShop de Nintendo Switch, y próximamente podrá adquirirse en físico gracias a la edición que prepara Limited Run Games. El periodo de reservas está disponible hasta el 24 de marzo de 2024.
Hemos analizado Pentiment gracias a un código de descarga digital cedido por Microsoft. Versión analizada 1.3.1.



















