Life is Strange llegó al mercado de la mano de Dontnod Entertainment hace más de una década, enamorando a la crítica y a los fanáticos del género de las aventuras gráficas (más centrado en la narrativa que en la resolución de puzles o rompecabezas). Desde entonces se han lanzado diferentes entregas que han rotado su desarrollo entre Dontnod Entertainment y Nine Deck y, aunque no se ha vuelto a lograr el impacto de su primera entrega, la saga ha mantenido viva su estela original dando vida a historias completamente nuevas que han sabido cautivar y conmover a sus jugadores. Hoy os vamos a hablar de la última entrega hasta la fecha de dicha franquicia, es decir, de Life is Strange: Double Exposure, desarrollado por el estudio Nine Deck. Título en el que, tras una década de ausencia, Max Caulfield vuelve a hacer aparición como protagonista.
Y es este un buen momento para comentar que si no jugaste al título original sería muy recomendable hacerlo antes de zambullirte en este. Sí, es posible que no sea estrictamente necesario para disfrutar de Double Exposure, pero permite comprender a Max. Su pasado es parte de ella y da sentido a los miedos y remordimientos que le acompañan. Además, sigue siendo la cúspide de la saga y, por tanto, el mejor punto de inicio para esta. Y una vez hecho este aviso a navegantes: empezamos el análisis de Life is Strange: Double Exposure.
El tiempo nunca se detiene… salvo en una fotografía
En Life is Strange: Double Exposure volvemos a los orígenes de la saga y tomamos una vez más el control de Max Caulfield, protagonista del primer título, años después de los sucesos ocurridos en Arcadia Bay. Ya no somos una alumna de un instituto de Oregón, donde el día a día de un adolescente es el desarrollo de su propia identidad mientras sobrevive al clima escolar (y descubre sus misteriosos poderes). Ahora, nuestra pasión por la fotografía y nuestra buena mano con ella nos ha permitido trabajar en Caledon, una universidad de Lakeport (Vermont), como artista residente.
Nuestra protagonista ha visto cambiar su vida en estos últimos años. Tras una adolescencia de lo más extraña, en la que descubrió que tenía unos poderes que le permitían rebobinar el tiempo y con ello corregir o alterar los sucesos que acabasen de ocurrir, ahora vive una vida normal. Max no olvida lo que ocurrió en Arcadia Bay hace casi una década (fuese cual fuese el resultado, pues se te pregunta en cierto punto) y desde que aprendió las consecuencias derivadas de jugar con el tiempo no ha vuelto a usarlos, lo que le ha llevado a perder esta capacidad como si se tratase de un músculo atrofiado por el desuso.
Pero esta racha de tranquilidad, que le ha permitido llevar una «vida cotidiana» y vivir de la fotografía, llega a su fin tras una muerte en el campus, la muerte de quien más nos ha ayudado a adaptarnos en nuestro nuevo hogar. Ha habido un asesinato y este lamentable suceso lleva a nuestra protagonista a redescubrir sus poderes, los cuales estaban latentes y casi perdidos. Seguimos sin poder rebobinar el tiempo, pero en su lugar nuestros poderes han adquirido una faceta totalmente nueva: poder ver y saltar entre dos realidades paralelas.
Doble exposición: dos realidades que divergen desde un crimen
Que se te rompa un jarrón, enfadar a alguien o quedar en ridículo, son cosas que se pueden dejar pasar si estás dispuesta a no volver a usar tus poderes, ¿pero dejar a alguien morir? Es algo más difícil. Y por esto Max se ha visto «obligada» a romper la promesa a sí misma y volver a usarlos. Sin embargo no ha sido como ella esperaba, no ha deshecho lo sucedido, ha alcanzado una realidad en el que nunca ha ocurrido.
Y lejos de solucionar el problema, solo nos hemos dado cuenta de una cosa: todo parece indicar que sigue corriendo peligro y somos la única persona capaz de evitarlo. Acompaña a Max a lo largo de dos realidades, una en la que se ha cometido un crimen y otra en la que no. Habla con el profesorado y alumnado de Caledon (en ambas realidades) y explora cada rincón para obtener nueva información y esclarecer el caso. Un caso intrigante que, en Double Exposure, nos hace dudar de la culpabilidad o responsabilidad del fatídico desenlace. ¿Quién es el responsable? ¿Cuál es el motivo? ¿Puede volver a repetirse? Son algunas de las preguntas que llevan a Max a aventurarse en esta campaña entre mundos.
Dos mundos o realidades que recorremos a a lo largo de las aproximadamente 14 horas de duración del juego, si dedicamos algo de tiempo a revisar por completo cada escenario. En este tiempo recorremos las diferentes localizaciones del juego que, aunque se antoja escasas y se hubiera agradecido más variedad, se exprimen lo máximo posible a lo largo de los cinco capitulos en los que se divide la historia, como es tradicional en la franquicia.
La paradoja de la decisión: ¿Life is strange descafeinado?
Quienes hayáis jugado a cualquiera de los títulos predecesores sabréis el tipo de juego que son los Life is Strange. Aventuras gráficas resultonas en lo artístico que se acompañan con una banda sonora que transmite las emociones que la historía quiere contarnos, pero cuyo núcleo está en la carga argumental. Una carga argumental que utiliza la toma de decisiones como mecánica de juego principal. Además, también es habitual en la saga un protagonista caracterizado por contar con un poder o habilidad especial, ya sea rebobinar el tiempo o leer las emociones de la gente.
En principio, esta premisa no se ve muy diferente en esta entrega, pero sí que la he percibido «descafeinada» en lo que respecta a la toma de decisiones en comparación con el título original. Durante las aventuras de Max en Arcadia Bay, las consecuencias de las decisiones que tomábamos se percibían claramente a lo largo de los capítulos, como un recordatorio continuo de que nuestras acciones tenían consecuencias, haciendo inequívocamente alusión al clásico «efecto mariposa».
En cambio, en Double Exposure, aunque las decisiones siguen presentes, no he tenido la misma sensación. Las consecuencias a mis decisiones se me han antojado superficiales y en varias ocasiones irrelevantes. Esto repercute muy negativamente en mis expectativas del título. No sé si será por la ausencia de Dontnod Entertainment, desarrolladores tanto de la obra original como de Life is Strange 2, pero ciertamente en este apartado me siento algo decepcionado, pese a que la narrativa me haya gustado y me parezca un buen paso adelante.
Fotografía a contraluz
Si nos enfocamos en lo técnico, por desgracia y al igual que ya se comentó previamente en otros análisis de la franquicia, como en el de Life is Strange: True Colors, la versión para Nintendo Switch se queda algo atrás gráficamente del resto de plataformas. Ya sea por las limitaciones de la consola o por la optimización, esta entrega presenta una resolución dinámica que no alcanza los 720p tanto en Dock como en modo portátil. Sumado a lo anterior unas texturas de baja resolución, una iluminación pobre y unos tiempos de carga algo largos, son las facetas que empañan esta versión.
Pese a esto, es importante remarcar que tampoco es un desastre técnico. El juego mantiene un buen rendimiento, manteniendo en casi todo momento las 30 imágenes por segundo. Además, apreciarse el interés por parte del estudio por dar una mayor expresividad y vida a los personajes. Sí, los fondos se ven borrosos, pero también se aprecian esos pequeños desvío de mirada o media sonrisa mientras hablas con ellos.
Durante la realización de este análisis he podido probar el título tanto en la Nintendo Switch original como en su predecesora, Nintendo Switch 2. El poder extra de la nueva consola no lograr milagros, el juego se adaptó con la primera híbrida en mente, pero sí que se percibe ligeras mejoras en algunos apartados si te fijas en los detalles. Entre estas, destacan una mayor nitidez en los puntos donde la resolución dinámica bajaba, aunque sigue sin alcanzar los 720p; mayor distancia de renderizado, permitiendo ver elementos y personajes a una mayor distancia; y la reducción de los tiempos de carga, recortando los aproximadamente 40 segundos de carga de algunas zonas a apenas 20 segundos.
Pensando en todas las vidas
No todos somos iguales. La vida es diferente para capada persona, todos tenemos al menos un pequeño superpoder y a la vez tenemos nuestros propios grandes problemas o dificultades. Por esto, una cosa que agradezco en Life is Strange: Double Exposure es la faceta de inclusión presente desde las propias opciones del juego. Algunos títulos cuentan con modo para daltónicos, alguna opción para ampliar el tamaño de las letras o incluso un filtro de lenguaje soez. Pero con este título han ampliado mucho más lo que se puede hacer para intentar ayudar a quien lo necesite.
El equipo de Nine Deck ha pensado tanto en quienes tienen mayor dificultad de control o visión, con ayuda asistida para la cámara, capacidad de saltarse mecánicas que impliquen pulsar varios botones a la vez o avisos sonoros para los elementos con los que se pueda interactuar, por nombrar algunos ejemplos. Pero también ha pensado en las sensibilidades, con avisos claros cuando se van a mostrar ciertos elementos, como sangre o brillos que puedan afectar a las personas fotosensibles, o tratar temas delicados durante las conversaciones, ya sea hablando de violencia o abusos, entre otras índoles.
Life is Strange: Double Exposure – La vida es estraña, no tiene que ser perfecta para gustarte
Casi una década tras el lanzamiento del Life Is Strange original, hemos podido volver a tomar los mandos de Max Caulfield. Esta entra puede que no haya revolucionado a la crítica como hizo su primera entrega, pero sí que ha mantenido su esencia (sin volverse repetitivo), y sobre todo ha podido dar una alegría a aquellos jugadores que esperaran con ansias saber más de ella. Y no solo eso, sino que asienta las bases para que su historia continúe en el futuro, preparando el terreno para entregas venideras.
Aunque hace relativamente poco que me uní a la hilera de fans de esta saga, jugando a los primeros títulos remasterizados en Nintendo Switch (aún me quedan otros por disfrutar, como Life is Strange 2 o Life is strange: True Colors), como fan del género de las aventuras gráficas he disfrutado de la nueva historia de Max. Los personajes de esta entrega me han parecido carismaticos y memorables (al menos los más importantes), y la narrativa de misterio sobrenatural engancha. Eso sí, y como principal punto negativo, percibiendo una menor relevancia en las decisiones. Matando esto una de las premisas clave que ha acompañado a la saga desde sus inicios, y por tanto, a las espectativas que tenía mientras jugaba.
Hemos analizado Life is Strange: Double Exposure gracias a un código digital cedido por PLAION. Versión analizada: 1.0.3
Este artículo cuenta con enlaces referidos de Amazon España como parte del programa de Afiliados de Amazon. La opinión aquí recogida ha sido escrita de manera completamente imparcial y desinteresada.

















