En San Francisco hay cosillas interesantes. Tenéis el Golden Gate, la isla de Alcatraz y, según Google, Pier 39, un centro comercial que probablemente la mayoría de nosotros jamás veamos porque nos habremos dejado todo nuestro dinero en juegos para Nintendo Switch. Y, si esa es definitivamente vuestra decisión, os traigo noticias jugosas. Todo lo que he nombrado de la ciudad californiana está muy bien, pero no podemos olvidar que aquí, en esta gigantesca urbe rodeada por más agua que Pokémon Rubí Omega y Zafiro Alfa, se encuentra una pequeña desarrolladora formada por antiguos trabajadores de Electronic Arts y creadores de Bastion, uno de los RPG indies más importantes de la anterior generación. Hoy os vengo a hablar, ni más ni menos, que de Transistor, el título cyberpunk de Supergiant Games.
Transistores, cosechadoras
Sin presentaciones que valgan, Transistor va directo al grano. Hemos venido a jugar, al fin y al cabo. Arrancando una espada que habla del cuerpo inerte de un hombre, descubrimos que encarnamos a Red, una cantante de éxito que se ha quedado sin voz. Y hasta aquí las presentaciones. A partir de este momento queda en nuestras manos descubrir qué ha ocurrido, cuál es nuestro objetivo y, en definitiva, en qué consiste el juego, desde su historia hasta su propia jugabilidad.
Esta jugabilidad se basa en una mezcla de estrategia en tiempo real y por turnos, a grandes rasgos. Entrando más en materia, disponemos de cuatro habilidades que podemos utilizar en cualquier momento para atacar a los enemigos que nos rodean, pero también tenemos la posibilidad de parar el tiempo para pensar mejor nuestros próximos movimientos. Cuando activamos este modo, podemos movernos y realizar ataques en la dirección que prefiramos, y el límite de uso de esta habilidad nos lo marca una barra en la parte superior de la pantalla que se va llenando con cada acción. Una vez tengamos la coreografía organizada como queramos, podemos iniciarla y ver cómo se traduce en tiempo real. Eso sí, después debemos esperar unos segundos para poder volver a parar el tiempo, y en este rato no podemos realizar ningún ataque a no ser que tengamos esta pasiva en concreto asignada a una habilidad.
¿Pasivas? Hemos comentado en qué consiste el combate, pero no en qué consisten las habilidades. Con cada nueva habilidad que desbloqueamos tenemos tres opciones: utilizarla para combatir, usarla para mejorar otra habilidad o adueñarnos de su pasiva. Aquí entra la estrategia más RPG de Transistor, dejándonos elegir todo nuestro arsenal para adaptarlo a nuestro estilo de combate preferido o al que más nos convenga según qué enemigos vayamos a tener delante.
En la primera imagen vemos todas las habilidades que tenemos desbloqueadas. Los recuadrados en dorado se nos marcan las que están en uso, en cualquier función. En este caso estamos seleccionando la habilidad Crash(), y podemos leer qué efectos tiene dependiendo si está activada como un ataque (en ranura activa), como mejora de otra habilidad o la pasiva que podría otorgarnos si elegimos equipárnosla de este modo.
En la segunda imagen vemos las ranuras de mejora de cada ataque, dos por cada uno. A la izquierda de las habilidades tenemos las pasivas, y más a la izquierda está el limitador de memoria, lo que nos prohíbe equiparnos todo lo que queramos. Cada habilidad consume memoria, y la suma de todas no puede pasar del máximo que hayamos logrado avanzando por el juego. Aquí vemos la habilidad Crash(), la de la primera imagen, y cómo quedaría tras mejorarla con la habilidad Load(). Vemos, pues, que gracias a esta mejora aumentaría el daño máximo y el radio de explosión.
De nosotros depende cómo personalizar todo esto. Hay muchísimas posibilidades entre las que elegir, así que conviene ir probando varias hasta encontrar la que más cómodos nos haga sentir una vez salgamos al campo de batalla. Eso sí, si perdemos toda la vida al combatir, en lugar de perder directamente la pelea, se nos quita una de los ataques que hayamos elegido y tendremos que avanzar con tres, dos o una sola habilidad en lugar de con las cuatro. Y sí, es difícil. Bastante.
Como curiosidad, debo añadir que estas habilidades las conseguimos gracias al contacto con ciertas personas. De hecho, podemos leer una biografía de cada uno de estos sujetos una vez tengamos su habilidad. Un detalle muy, muy curioso que suma un poquito más a este futurístico y misterioso mundo. Red, por supuesto, también tiene su propia ficha para conocer un poco más de su historia.
Con espada y a lo loco
La estética de Transistor es uno de sus puntos más fuertes. La ambientación cyberpunk que hemos visto ya en títulos como JYDGE o Neon Chrome en Nintendo Switch, vuelve. Y esta vez incluso aún más fuerte. Neones, patrones, robots futuristas. Todo se une en el maravilloso plato de la distopía oscura e irónicamente lumínica al mismo tiempo entre paletas de colores muy marcadas y escogidas con gran precisión para mantener una sensación de calma y orden que deja entrever la realidad oculta que se esconde tras ella.
Esta elección se ve acompañada de una banda sonora igualmente cuidada para fomentar las sensaciones que he descrito anteriormente. Nuestra espada, recordemos, nos habla, e incluso la voz que sirve para guiar al jugador de forma muy superficial a modo de narrador es muy acertada. En Supergiant Games sabían exactamente qué querían, y se nota.
Los controles son bastante cómodos y responden satisfactoriamente, algo importante cuando nos enfrentamos a un combate en tiempo real sin parar el tiempo. Aunque, eso sí, toca puntualizar y avisar de un problema que sufre Transistor al jugar en modo portátil: bajones de frames. Jugando en la televisión no noté ningún problema, pero nada más enganchar los Joy-Con a la consola y tirarme en el sofá para disfrutar un poco en mi salón, los FPS decidieron quedarse en el dock, olvidados. Un parche debería arreglar esto, ya que el juego no es un portento gráfico, pero habrá que ver si deciden pulir este pequeño detalle o estamos ante otro indie que, desgraciadamente, se juega mal al intentar aprovechar una de las grandes e importantes características de Nintendo Switch.
Además del propio modo historia, Transistor cuenta con pruebas a las que podemos acceder desde una especia de hub, una sala muy chill en la que, a parte de tumbarnos en una hamaca o jugar con una pelota de playa, también se nos presentan distintos desafíos a modo de puzles que debemos superar con unas normas concretas. Un añadido secundario para los que más disfruten con el combate, aportando un valor extra al pack completo.
Transistor – Mezcla elaborada con sabor agridulce
Puede que esto choque con todo lo que he escrito anteriormente. La ambientación está bien escogida, la personalización es extensa y todo parece cuidado. ¿O no? El propio misterio que crea un aura diferente en Transistor es también el que ahoga la facilidad de hacer entender la historia que trata de explicarnos. Un claro ejemplo de que, a veces, más es menos. La sutileza y la metáfora son una acertada forma de exigir al jugador un esfuerzo extra para plantear una idea algo más madura o elaborada, pero cuando la entierras demasiado, corres el riesgo de perderla bajo la arena. Es por ello que, si no termináis de conectar de primeras con la historia, el resto del juego se os va a hacer completamente repetitivo, a pesar del resto de elementos que lo conforman.
Quizás ahí resida parte de la magia del título para muchos, pero no puedo unirme a este pensamiento. Aunque, eso sí, hay que saber diferenciar entre calidad y gustos. Y no quiero que quede ninguna duda de que Transistor es un muy buen título, con mucho mimo tras cada escenario, con una estética preciosa y un resultado final muy sólido. Ahora depende de vosotros si os atrevéis a descubrir qué ocurre con la voz de Red o no.






















