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Análisis Cuphead para Nintendo Switch

Análisis – Cuphead (Nintendo Switch). El diablo se ha apoderado del alma de los Joy-Con

¿Queríais juegos difíciles? Pues tomad dos tazas.

Icono de Cuphead en Nintendo Switch
Fecha de lanzamiento
18 abril, 2019
Número de jugadores
1-2
Idiomas
Español, francés, portugués, inglés, etc.
Tamaño de descarga
3,3 GB
Nuestra puntuación
90%

«A Cuphead y a su colega Mugman les encanta tirar los dados. Por casualidad, entraron al juego del Diablo y, ¡cielos!, tuvieron que pagar el precio». No sé qué precio habrán tenido que pagar Microsoft o Nintendo para traer Cuphead a Nintendo Switch; pero, sin duda alguna, sabemos que más de uno habría vendido su alma al diablo para conseguir que esto fuera una realidad. Parecía imposible hace un par de años, cuando Studio MDHR insistía y requeteinsistía en que su Run and Gun nunca saldría de la exclusividad de Xbox One en consolas; pero, ay, son tiempos muy diferentes estos que está viviendo la industria del videojuego. Tanto, que el rojo y el verde ahora se mezclan de forma casi homogénea en ocasiones, haciendo que grandes títulos como este lleguen a una plataforma donde tenía que caer por su propio peso. Todos lo pensamos en su momento, y ahora es una realidad.

 

Cuphead debía llegar a Switch, y aquí está. Tan duro, nostálgico y carismático como siempre.

 

 

Una mala noche la tiene cualquiera

Animación hecha con ilustraciones dibujadas a mano, diseños inspirados en los dibujos animados de los años 30-40, música que alterna el piano y los toques infantiles con el ritmo y la marcha de la música big band, y una dificultad que siempre tiene la última palabra. El que más y el que menos ya sabe de qué va Cuphead y por qué tantos celebramos el anuncio de su lanzamiento en la híbrida de Nintendo como si estuviéramos ante el advenimiento de un mesías plataformero. Un juego de plataformas 2D con scroll lateral, con unas mecánicas tan tradicionales como fáciles de asimilar, con un apartado artístico exquisito y donde las partidas pueden ser totalmente fugaces. ¡Hasta con un personaje que viste de rojo y otro que viste de azul! Tenía que llegar a Switch, aunque fuera por esas equipaciones color Joy-Con.

 

Y así ha sido, servidor ya había catado las agridulces mieles de este plataformero inmisericorde, pero no podía dejar pasar la oportunidad de volver a hincarle el diente, o más bien de pegarle un buen sorbo a esa fórmula que tanto quema y tanto engancha. Cuphead va de dos amigos que se pasan en una noche de juegos en un casino, hasta tal punto que acaban vendiendo su alma a un diablo que no podía perder la ocasión para hacer negocio.

 

 

Una especie de Resacón en las Vegas, pero cambiando los gags y la resaca por carreras y disparos. Mugman y Cuphead quieren recuperar sus almas y, para ello, tienen que hacer de cobradores del frac infernal y dar caza a todos los morosos que han asumido una deuda con el mismísimo Satanás. A base de chasquidos de dedos, como el que marca el ritmo de una canción que se ha adueñado de sus huesos, ambos personajillos se tienen que encargar de recorrer varias islas por tierra y aire para conseguir los contratos de los grandes enemigos y así liquidar la deuda que ellos mismos han adquirido. Aunque no tardan demasiado en venirse arriba y tener unos planes bastante más ambiciosos.

 

Dificultad sin azúcares añadidos

Antes de hablar de lo que entra por los ojos, tenemos que atacar al auténtico núcleo de este juego: su dificultad y su diseño de niveles. Son dos conceptos que van completamente de la mano, y que se rodean de todo un entramado de mecánicas que es de lo más sencillo, y que resulta tremendamente familiar para los que alguna vez han jugado a un Contra o Probotector, incluso al glorioso Midnight Wanderers. Con muy pocos puntos de vida en tu haber, tienes que llegar al final de cada nivel o derrotar a cada jefe al que llegues mientras exploras el mundo por el que se reparten las diferentes fases. Fácil, ¿verdad?

 

La miga del asunto está en el momento en el que entras a superar cada nivel. Cuphead no lo pone nada fácil desde el primer momento, incluso en ese tutorial con el que alguno se atragantó en su momento (tenía que hacerlo). Todo está preparado para seguir una serie de patrones predeterminados, de hecho memorizar el comportamiento de cada enemigo y cada jefe es esencial para seguir avanzando en estas desventuras de los pequeños y peleones «cabezataza». Enemigos que aparecen por todas partes, que se tiran sobre ti sin el menor atisbo de duda o que lanzan unos proyectiles que, a medida que avanzas, llenan más y más la pantalla. Ahí es donde este juego comienza a enseñar la mala leche de la que está hecho.

 

 

Los jefes, por supuesto, son los que llevan la voz cantante. De hecho, son los grandes protagonistas de toda esta aventura. Únicos, con patrones completamente diferentes y con ubicaciones totalmente propias, son la guinda del pastel. Exigentes a más no poder, te obligan a repetir sus combates una y otra vez hasta que comienzas a visualizar sus patrones y a entender cómo adelantan cada movimiento que van a realizar para que reacciones consecuentemente. Suma a esto el no saber cuánta vida les queda, salvo cuando mueres, y que tu única guía sea cómo van cambiando de forma o de patrones a medida que reciben más impactos, volviéndose cada vez más (¿¡más!?) difíciles todavía y ahí tienes esa fórmula que los hace tan especiales.

 

No vamos a mentir diciendo que sea un concepto completamente nuevo, porque no lo es. Todo Cuphead se apoya en la nostalgia, tan solo hay que echar un ojo a su aspecto gráfico o pegar la oreja a su aspecto sonoro para darse cuenta de ello, pero es la ejecución que lleva a cabo lo que le permite sobresalir sobre el resto. No es nada injusto, más bien severo, como ocurre con ese juego que no debe ser nombrado. Aunque, por supuesto, deja un poco más de flexibilidad para los menos experimentados, incluyendo un nivel de dificultad inferior a escoger antes de entrar a cada fase. Qué ocurre cuando la completas en dicha dificultad es algo que mejor debéis descubrir vosotros.

 

No solo de agilidad viven las tazas

Insistimos, Cuphead no es fácil; pero una vez dominas el comportamiento de cada nuevo enemigo, comienzas a moverte con mayor soltura por sus niveles. Niveles que a veces cuentan con unos diseños retorcidos hasta decir basta, con ideas que son siempre frescas y que te dejan en situaciones como correr por el techo mientras derribas unos muros que lanzan besos, combatir contra un payaso en una montaña rusa o pilotar un avión mientras te abres huecos entre columnas con un fondo rotatorio en Cinemascope. Hay de todo, y cada vez más y más disparatado.

 

Porque, a pesar de sus dificultades, no deja de ser un juego totalmente desenfadado (aunque le quites el «des-» cuando lleva una hora aproximada de partida). De hecho, también incorpora ciertos mecanismos para que no todo sean dificultades. Puedes comprar nuevas armas para alternar entre dos de ellas en cada nivel, pudiendo así tener disparos rectos, bumeranes, triples o hasta bombas. No son lo único, ya que se pueden comprar también mejoras como un aumento de salud o inmunidad mientras se realiza el «Dash», así como desbloquear nuevos ataques especiales que se pueden ejecutar cuando se llena un medidor representado, con una ironía descomunal, con cartas de la baraja francesa.

 

 

Estas son las mecánicas que se encargan de sumar alguna que otra facilidad al jugador y que aportan más profundidad a todo el conjunto, aunque la favorita de servidor, tanto por el potencial que tiene como por cómo cambia la perspectiva del juego una vez la dominas, es el parry. Conocidos aquí como Paradas, estos movimientos se activan al pulsar el botón de salto por segunda vez en el aire, haciendo que el protagonista gire y rebote en todos los objetos, enemigos o proyectiles que sean de color rosa (de hecho, es el movimiento a realizar para revivir a tu compañero en el modo cooperativo). Esto no solo te da cierta inmunidad ante determinados ataques, también hace que el indicador de especial se rellene más rápido o que consigas una mayor puntuación al terminar el nivel. Porque sí, también hay una puntuación final que te dicta lo bien o lo mal que lo has hecho en cada fase, por si no tenías ya suficiente «pique».

 

Al final, lejos de quedarse con las bases del Run and Gun, Cuphead coge la fórmula original y le da ciertos toques añadidos, como quien espolvorea un poco de chocolate sobre la leche para darle más sabor, y consigue que algo tan sumamente clásico se sienta nuevo. Y lo que es peor, que enganche de una forma irresistible.

 

¡Ponme dos vasos para llevar!

Dibujado a mano con un mimo como hace años que no se ve, con una banda sonora que parecía que jamás podría encajar tan bien con un género donde la rapidez y los reflejos son algo que debe estar siempre a pleno rendimiento, Cuphead tenía ya razones de sobra para ser un juego que calara en lo más hondo de los jugones. Sin embargo, ahora que llega a Switch para llenarla de cucharadas de dificultad y de diversión, ha conseguido mejorar un poco más todavía.

 

Totalmente localizada al castellano, con una traducción ante la que nos quitamos el sombrero, o la taza, por los juegos de palabras y por lo bien que se adapta a este pequeño universo de objetos, animales y verduras parlantes, esta versión llega a la híbrida de Nintendo introduciendo más idiomas aparte del inglés con el que vio la luz hace años. Además de eso, suma la opción de poder escoger a Mugman (el jugador dos por excelencia) en cualquier momento  y, por supuesto, la portabilidad innata de la consola y su facilidad para jugar en local donde y cuando sea. Un combo irresistible, aunque nos quedamos con el control con Mando Pro o con la dupla de Joy-Con, jugarlo solo con uno de estos manditos se puede hacer algo complicado.

 

 

Su estilazo, además, no pierde nada de sabor tanto en la televisión como en la pantalla de Switch. Es evidente el enorme trabajo hecho para replicar las líneas de diseño y las técnicas de animación de los años 30, cuando Betty Boop y compañía comenzaban a asomar para marcar toda una nueva era de la mano de la Paramount. Ese toque tan especial, cargado de vida y con una expresividad innegable, es una constante en Cuphead, y es gran parte del encanto que lo hace tan atractivo. Enamora.

 

Cuphead – Un clásico atractivo y de sabor intenso

Decía cierto abogado que «la vida es como el café. A veces amarga, a veces dulce». Quizá podríamos decir que Cuphead también es como esta bebida. Puede ser muy amargo al principio, pero poco a poco su sabor te va calando y haciendo que repitas más tazas de las que te gustaría reconocer. Su personalidad es arrolladora, sus mecánicas están diseñadas con el desafío justo como núcleo principal, su aspecto encandila a la par que engaña y su banda sonora es arrebatadora.

 

Cuphead es a Nintendo Switch lo que el café es a la leche. Ambos pueden vivir separados, pero juntos son mucho más sabrosos. Puede que los simpáticos cabezataza perdieran su alma al comenzar su aventura, pero no nos cabe la menor duda de que este juego tiene un alma propia tan fuerte que servidor no puede hacer más que recomendarlo hasta dolerle la boca. Eso sí, absteneos los más impacientes.

 

 

Análisis realizado con un código de descarga de Cuphead para Nintendo Switch proporcionado por Nintendo Ibérica.

Tan adictivo como la cafeína
Puede que Cuphead ya tuviera su ocasión en otras plataformas, pero ahora llega a una consola en la que encaja como un guante. Es un reto de lo más desafiante, es divertido a rabiar tanto solo como en compañía. Gasta mucho cuidado cuando juegues, porque siempre vas a querer "echar otra más".
PROS
Tremendamente simpático, entra por los ojos al momento
Una banda sonora que toca géneros impensables para un Run and Gun, pero que funciona perfectamente
Desafío tan elevado como ajustado, es sumamente adictivo tanto en solitario como en cooperativo
CONTRAS
Alguna ralentización muy puntual en Modo Portátil
Si no te van los retos, puede que te acabe cansando
90
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