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Impresiones finales de DAEMON X MACHINA – Nintendo Switch. El mejor ataque es un buen Arsenal

Septiembre se ha convertido, por nombres propios, en el mes más potente de todo el año en lo que a títulos para Nintendo Switch se refiere. En las próximas semanas llegarán a las tiendas de todo el mundo juegos del calibre de Dragon Quest XI S: Ecos de un pasado perdido, Spyro Reignited Trilogy, Ni no Kuni: La Ira de la Bruja Blanca… pero también títulos con el sello de Nintendo, y en este caso por partida doble. The Legend of Zelda: Link’s Awakening estará disponible el próximo 20 de septiembre, pero antes de volver a la Isla Kohonint tenemos otra parada más que necesaria, y es que DAEMON X MACHINA ya se encuentra a escasas dos semanas de salir a la venta.

 

Anunciado durante el E3 de 2018, desarrollado por Marvelous First Studios y publicado por Nintendo, sufrió de algunos retrasos para asegurarse de que la calidad del título era la adecuada, incluso se utilizó el feedback dado por los jugadores tras probar la demo que estuvo disponible durante un tiempo en la eShop para mejorar aún más el juego. Después de haber jugado las primeras horas del juego y habernos enfrentado a más de un Immortals, IA corruptas y otros peligros, os traemos las impresiones finales de DAEMON X MACHINA. ¿Está valiendo la pena el retraso y todo el feedback recibido por la comunidad? Sube a tu Arsenal y prepárate para descubrirlo.

 

 

Una nueva era dominada por las máquinas

La Luna se ha desgarrado y ha liberado una intensa energía rojiza conocida como Femto, haciendo que una parte de la misma se desprenda y choque contra la Tierra, destruyendo y transformando todo tal y como lo conocíamos y llevando al ser humano al borde de la extinción. La humanidad superviviente, para intentar recomponer el planeta, desarrolló una avanzada inteligencia artificial que, sin embargo, se volvió en su contra debido a la influencia de los Immortals, una malvada raza de máquinas surgida del mismo desastre, que casi destruye el mundo, que busca aniquilar los resquicios de vida humana que aún existen. Para evitarlo, nos unimos a un grupo de mercenarios, conocidos como Reclaimers, que lucha contra los Immortals para proteger el futuro de la humanidad. Pero no estamos solos, y es que contamos con nuestro propio Arsenal (un mecha gigante) para cumplir con nuestra misión, a la que sumamos a otros mercenarios que se unen a la causa, ya sea por convicciones personales o simplemente por dinero y recompensas.

 

 

Iniciamos DAEMON X MACHINA por primera vez. La pantalla principal con una X gigante con escenas de vídeo dentro de ella, un color rojo intenso y una música que ya de entrada nos hace alargar la acción de «Pulsa cualquier botón». La banda sonora es lo primero que encontramos del juego y ya nos hechiza completamente con tonalidades llenas de epicidad y energía. Una vez dentro del título, el resto de canciones mantienen la misma estela, y es que el toque orquestal de Junichi Nakatsuru ya nos facilita la entrada a la importante misión que tenemos por delante: salvar el planeta de los Immortals y el resto de enemigos que buscan exterminar a la humanidad.

 

Nada más comenzar con el juego, tenemos la opción de personalizar a nuestro personaje con todo tipo de detalle, desde el tipo de peinado que queremos hasta las marcas de la cara o altura de las cejas y ojos. También podemos personalizar nuestro traje entre una amplia gama de colores para que nuestro Outers (así es como se conoce a los mercenarios capaces de controlar y luchar con un Arsenal) se vea tal y como queremos. Esta personalización no es exclusiva de nuestro protagonista, y es que nuestro Arsenal también puede ser personalizado a gusto. Primero con colores y calcomanías; más tarde, con el amplio abanico de armas y piezas que vamos obteniendo con las misiones y de los propios enemigos (más adelante entraremos en detalle). ¿Nos aburrimos o nos deja de gustar un estilo? Vamos al Laboratorio y nos cambiamos completamente. Las opciones de personalización son casi infinitas, y hacernos con todas y cada una de las piezas de nuestro Arsenal un verdadero reto. La libertad para poder crear a nuestro personaje y nuestro mecha a nuestro gusto, o permitiéndonos explotar nuestra creatividad, favorece aún más el introducirnos en todo el meollo al que nos enfrentamos.

 

 

Todo está conectado bajo el cielo

Estamos en el Hangar principal de Orbital, la organización a la que pertenecemos y la encargada de mantener el equilibrio entre los consorcios (Sky Union, Horizon y Zen), haciendo frente a las crisis que se producen dentro de Oval, la zona del planeta desde donde protegemos a lo que queda de humanidad. Este es el punto desde el cual haremos todos y cada uno de nuestros movimientos. Desde la ya nombrada personalización hasta seleccionar las misiones que nos permiten seguir avanzando en la historia. Dependiendo de nuestro rango, podremos acceder a misiones más sencillas o peligrosas. Una vez seleccionamos una misión, se nos detalla los objetivos para completarla, los enemigos a los que nos enfrentamos y los mercenarios que lucharán a nuestro lado. Si superamos con éxito la tarea encomendada, recibimos dinero y piezas nuevas para nuestro Arsenal. El sistema de juego y avance nos recuerda mucho al de Monster Hunter, es decir, estamos en un punto de encuentro desde el cual seleccionar una misión concreta, comprar equipamiento, mejorar armas y armaduras o nuestras propias habilidades, incluso partimos a misiones con amigos. La repetición de tareas también es fundamental si queremos conseguir más y mejores equipamientos, puesto que, una vez vencemos a otros mechas enemigos, podemos obtener partes de sus piezas.

 

 

El control resulta lioso y complicado de inicio, pero la dificultad mínima de las primeras misiones nos permiten hacernos poco a poco con él. Como es de esperar, apuntar a la vez que nos desplazamos, volamos, esquivamos, manejamos dos armas al mismo tiempo y nos propulsamos mientras controlamos la energía no es algo sencillo de entrada, pero a pesar de lo engorroso que puede parecer nos acabamos haciendo al poco de enfrentarnos a varias IA corruptas. El sistema de combate ha sido mejorado en comparación a la demo que comentábamos al principio de estas impresiones, y eso se agradece. Ahora, el apuntado es mucho más sencillo y semiautomático, la cámara y el desplazamiento dentro de la zona más de lo mismo, por lo que a pesar de sentirnos perdidos en momentos puntuales al vernos rodeados, es fácil recomponernos.

 

El apartado visual está logrado, a pesar de no ser el juego con los mejores gráficos de la consola. El diseño artístico de los personajes, los mechas y los escenarios es colorido y lleno de personalidad. El poder destruir el entorno sobrevolando grandes superficies, o bien desplazándonos desde el suelo, le dan un mayor añadido a esas batallas épicas que se esperan de enfrentamientos que engloben a mechas medianos y gigantes. El estilo personal de Yusuke Kozaki (No More Heroes) está muy presente en DAEMON X MACHINA que, junto a los diseños de los mechas y enemigos propios de Shoji Kawamori, hacen de las escenas de combate un verdadero espectáculo.

 

¿Qué habrá pasado para que se haya tomado dicha decisión?

 

DAEMON X MACHINA – El mejor ataque es un buen Arsenal

Las primeras horas en Oval han sido de lo más satisfactorias. La historia avanza lentamente, pero según vamos completando más y más misiones, así como subiendo de rango, nuevos giros e información (así como preguntas y dudas) van surgiendo, lo que nos engancha a seguir una misión más. De entrada parece complicado de hacerse al Arsenal y ser capaces de estar atentos a tantos enemigos y controles, pero está conseguido de tal manera que, sin darnos cuenta, acabamos por manejarlo de una manera intuitiva. Aún nos quedan muchas horas para seguir explorando y aprendiendo más sobre todo lo que rodea a Oval, Orbital y los consorcios, así como a los Immortals y el resto de grupos de mercenarios, -incluido el multijugador que dejaremos para más adelante-, pero todo apunta a que el juego solo puede ir a mejor… aunque tendremos que esperar aún al análisis para saber si estamos en lo cierto.

 

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